Un estudio encuentra una asociación entre el uso de metamizol previo al diagnóstico de la covid-19 y una mayor probabilidad de requerimientos ventilatorios e ingreso en UCI

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Un estudio multicéntrico nacional promovido por el Hospital Universitario Bellvitge en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) señala que el metamizol, un fármaco analgésico y antipirético, puede haber influido en la variabilidad del pronóstico de los pacientes con la infección de SARS-CoV-2, concretamente en aspectos como el incremento de la necesidad de Ventilación Mecánica No Invasiva (VMNI) e invasiva (VMI) así como una mayor necesidad de ingreso en UCI en los pacientes que fueron ingresados con COVID-19 durante la primera ola de la pandemia.

El estudio investigó los diferentes fármacos analgésicos prescritos y vigentes en receta electrónica de pacientes en el momento del diagnóstico de COVID-19 antes del ingreso hospitalario. También se analizaron las comorbilidades de los pacientes, incluido el dolor crónico y resto de fármacos prescritos antes y durante el ingreso. Las variables pronósticas investigadas, en un análisis multivariante, fueron las necesidades de FiO2>45%, necesidad de ventilación mecánica no invasiva o invasiva, ingreso en UCI, y mortalidad.

El estudio, que ha sido presentado en una mesa redonda conjunta celebrada en el 2º Congreso Nacional Multidisciplinar COVID-19 con la Sociedad Española del Dolor (SED) y la Sociedad Española de Farmacología Clínica (SEFC), ha incluido una cohorte de casi 1.500 pacientes diagnosticados con COVID-19 ingresados en 15 hospitales españoles durante el periodo de febrero y junio de 2020. El estudio tiene previsto desarrollarse en una segunda fase en la que se comprobaran estos resultados en las circunstancias actuales de mayor conocimiento de la enfermedad, recursos e incluyendo pacientes que no requirieron ingreso.

La iniciativa ha sido expuesta por el Dr. Víctor Mayoral, del Hospital Universitario Bellvitge de Barcelona, quien señaló que la presencia de metamizol pautado en receta previa al ingreso (4,85% de los pacientes) multiplicó por 2,6 la probabilidad de necesitar VMNI o VMI y en 2,78 la de ingreso en UCI, aunque no se asociación una mayor mortalidad. Otro hallazgo del estudio ha sido que la presencia de antiepilépticos (8,9%) en receta antes del ingreso – como grupo genérico de fármacos prescritos en diferentes indicaciones – fue un factor protector para las mismas variables pronósticas. Así, los antiepilépticos redujeron el riesgo de VMNI-VMI un 76% o el ingreso en UCI un 73%. Sin embrago, un subanálisis de los fármacos antiepilépticos indicados solo para dolor neuropático (7,3% de los pacientes) no se acompañó de una diferencia en el pronóstico.

Según indicó Víctor Mayoral, la edad media de los pacientes ingresados fue de 67 años siendo la prevalencia de dolor crónico del 25,8% (la media en España es del 17%), y presentaban una alta prevalencia de comorbilodades -las más frecuentes fueron hipertensión arterial, diabetes, obesidad, dislipemia, fibrilación auricular, EPOC y cáncer, entre otras-, “cuya influencia en el resultado final de las variables pronósticas tuvieron más peso”.

Durante la mesa redonda también intervino la Dra. Ana María Peiró, del Hospital General Universitario de Alicante, quien habló sobre las alertas sanitarias de analgésicos en relación a la COVID-19, y la importancia de basarse en los datos y en la evidencia científica para emitir este tipo de avisos, que en caso de ser incorrectos o no fundamentados pueden ocasionar un grave perjuicio. En este sentido, advirtió de los problemas de bulos y desinformación que pueden surgir en las redes sociales o Internet, convirtiéndose en grandes bolas de nieve que pueden afectar incluso a la toma de decisiones de las autoridades sanitarias o agencias de medicamentos. “Siempre es muy importante ofrecer información fiable y segura, y en eso es en lo que debemos basarnos cuando hablamos de salud, en la evidencia científica, en los datos de calidad y en la sociedad del conocimiento”, afirmó.

La mesa estuvo moderada por la Dra. Dolores Ochoa, del Hospital Universitario La Princesa de Madrid.

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