Subastas de medicamentos, pasado en Andalucía. Por Antonio Mingorance, presidente del CACOF

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Antonio Mingorance es Presidente del Consejo Andaluz de Colegios de Farmacéuticos (CACOF)

Afortunadamente, ya podemos decir que las subastas de medicamentos son pasado en Andalucía. De una forma literal. Con la supresión del artículo 60 de la Ley de Farmacia de Andalucía, el Gobierno de la Comunidad impide la convocatoria de nuevas subastas de medicamentos y manda por tanto al cajón de la historia este modelo de compra de medicamentos, volviendo al sistema que existía anteriormente.

Repasando la hemeroteca para ver los comunicados y mensajes que el Consejo Andaluz de Colegios de Farmacéuticos había lanzado sobre la subasta, me topé con una primera nota de prensa, emitida justo cuando se lanzaba la primera convocatoria, en la que además de mostrar nuestro rechazo con este sistema al que no le augurábamos futuro, pese a que ha pervivido ocho largos años. Lo cierto es que el modelo tenía tantos problemas que ni otra sola comunidad autónoma lo adoptó y no nos equivocamos en identificar los síntomas que nos hacían pensar que no tendría futuro fuera de la Comunidad.

El primero de todos, el propio hecho de ser un modelo sin consenso ninguno, impuesto en contra de la opinión de todos los actores relevantes: desde la industria hasta los pacientes, pasando por supuesto por los propios profesionales.

El segundo, la inequidad y la desigualdad territorial que el sistema implicaba, y que suponía en la práctica crear pacientes agraviados y con menos derechos allí donde se implantaba.

En tercer lugar, los problemas de abastecimiento que podía ocasionar y que en efecto ocasionó, como bien pudo detectarse en nuestra Comunidad.

Y quizás por encima de todo ello estaba un problema de concepto y un diagnóstico equivocado. El problema de concepto era someter un bien sanitario como el medicamento a unas reglas del juego basadas exclusivamente en el precio. Y el problema de diagnóstico era creer que el problema de sostenibilidad se podía abordar con una política de ahorro de este tipo, con el porcentaje del gasto farmacéutico en oficina de farmacia obre el gasto sanitario ya en su suelo.

Las subastas, dijimos, no tenían futuro, y no nos equivocamos porque el futuro de la calidad y la sostenibilidad del sistema sanitario van por otra dirección y por otras claves que esperamos que ahora se aborden de verdad.

La realidad es que tenemos un sistema insuficientemente financiado, en el que las tensiones proceden del envejecimiento de la población y de la prevalencia de las enfermedades crónicas, y que necesita mejorar la coordinación entre los niveles asistenciales, la adherencia y la continuidad de los tratamientos y el control de los pacientes crónicos, además de poner el foco en la prevención  y las políticas de salud pública. La pandemia ha vuelto a poner en evidencia todo eso, subrayando por ejemplo la necesidad de mejorar los sistemas de cribado, prevención y detección precoz, y de un aprovechamiento más eficaz e integrado de los distintos recursos que permita especialmente robustecer la Atención Primaria, para mejorar así la capacidad de prevención y control y las posibilidades de respuesta ante agudizaciones, enfermos críticos y emergencias sanitarias.

La supresión de las subastas es una medida acertada y necesaria que hace justicia a la Farmacia andaluza y a sus pacientes, igualándolos en derechos a los del resto de España, y que traerá beneficios notables relacionados con una mejor adherencia a los tratamientos y mayor garantía de abastecimiento. Pero esperamos además que esta decisión ayude a poner el foco del debate allí donde debe estar, que no es en el ahorro a corto plazo, a costa de recortar derechos, crear desigualdad, desmotivar a los profesionales y castigar a la industria, sino en las medidas estructurales que se necesitan para mejorar no solo la sostenibilidad sino también la calidad de la atención sanitaria y encarar los muchos retos que tenemos por delante.

Los farmacéuticos estamos dispuestos a contribuir a ello y desde estas líneas quiero mostrar nuevamente nuestra voluntad de colaborar más intensamente en estos retos. Dejadas atrás las subastas, preparemos el futuro a través de un más eficiente aprovechamiento de la capilaridad de la red farmacéutica y la cualificación de sus profesionales. Podemos hacer más cosas y estamos dispuestos a ello. En retos como la mejora de la adherencia y el control de los pacientes crónicos, los farmacéuticos estamos en condiciones de hacer grandes contribuciones, colaborando de forma más integrada con el resto de niveles asistenciales del sistema sanitario. Esperamos que la misma determinación que el Gobierno andaluz ha mostrado para poner punto y final a las subastas, la tenga para encargar reformas estructurales dialogadas que permitan una mejora de las prestaciones sanitarias.

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