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Glioblastoma, una puerta a la esperanza

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Glioblastoma, una puerta a la esperanza

El glioblastoma es un tipo muy agresivo de cáncer cerebral

Un ensayo clínico en el que ha participado el hospital Vall d’Hebron de Barcelona, demuestra el efecto positivo de las vacunas personalizadas en pacientes con glioblastoma, un tipo muy agresivo de cáncer cerebral. Un paso de gigante en lo que a tratamiento se refiere y que podría cambiar el pronóstico para este cáncer de baja supervivencia.

Los gliomas son tumores que nacen de las células de soporte del tejido cerebral. Pueden ser tumores primarios, que se originan de las propias células que componen las distintas estructuras cerebrales, o metastásicos, que han diseminado al cerebro procedentes de otra localización extracerebral, siendo estos últimos 10 veces más frecuentes que los tumores cerebrales primarios.

El glioblastoma es una forma agresiva de tumor cerebral primario, con mal pronóstico y del que en España se diagnostican unos 1.300 casos al año, la mayoría en personas de mediana edad. Se trata de un tumor muy agresivo, ya que, una vez realizado el diagnóstico al paciente, la mayoría no suele superar el año de supervivencia. Ello es así porque a día de hoy el arsenal terapéutico con el que se cuenta es poco efectivo para la supervivencia general y no existe una terapia efectiva contra este tipo de tumor cerebral.

Vacunas de inmunoterapia: una revolución que promete

El tratamiento convencional para el glioblastoma combina cirugía en los casos en los que la lesión sea accesible sin riesgo de producir daño neurológico grave, radioterapia y quimioterapia, aunque los índices de supervivencia de estos tratamientos convencionales no son muy halagüeños a día de hoy, debido a las características propias del tumor: por ejemplo, la baja carga mutacional, que implica que el sistema inmunitario sólo pueda atacar a pocos neoantígenos, ha contribuido a que los pacientes no hayan podido beneficiarse bastante de los últimos avances en inhibidores tumorales específicos. Sin embargo, ahora, por primera vez en humanos, un estudio clínico ha testado un nuevo concepto terapéutico consistente en vacunas de inmunoterapia adaptadas a las características específicas de los tumores individuales y sistemas inmunitarios de los pacientes con este tipo de tumor cerebral tan agresivo. Vall d’Hebron ha participado en este estudio GAPVAC-101 en fase 1, internacional y multicéntrico, y que ha sido publicado por la revista Nature. En España ha contado con la participación de los doctores Juan Sahuquillo, jefe del grupo de Investigación en Neurotraumatología y Neurocirugía (UNINN) del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR), Francisco Martínez Ricarte, investigador del mismo grupo y el doctor Jordi Rodón, investigador asociado al Grupo de Desarrollo Clínico Precoz de Fármacos del Vall d’Hebron Institut d’Oncologia (VHIO) y actualmente también investigador en el MD Anderson Cancer Center de Texas, en EEUU.

Con la participación de 15 pacientes

En el estudio participaron 15 pacientes de seis hospitales europeos, entre ellos del Vall d’Hebron. Todos habían sido recientemente diagnosticados de glioblastoma y recibieron dos vacunas terapéuticas de forma sucesiva. La primera de las vacunas, APVAC1, era activamente personalizada y estaba dirigida a antígenos no mutados. La segunda vacuna, APVAC2, se dirigía preferentemente contra neoantígenos. Las composiciones de las vacunas eran totalmente personalizadas para cada paciene y, en el caso del APVAC1, también se basaron en la capacidad de cada paciente para desarrollar una respuesta inmunitaria. Las dos vacunas mostraron una seguridad y una inmunogenicidad favorables.  En este sentido, el Dr. Wolfgang Wick afirma que “la capacidad de aprovechar el repertorio completo de antígenos tumorales, incluidos los antígenos no mutados y los antioxidantes, puede ofrecer inmunoterapias más efectivas, sobre todo para tumores con baja carga mutacional”.

Crecimiento silencioso

El glioblastoma puede crecer de forma notable antes de afectar la función cerebral, lo cual dificulta su diagnóstico precoz, ya que resulta bas­tante común que los sínto­mas no aparezcan antes de los tres o seis meses de ser diagnosticado. La cefalea es el síntoma inespecífico más frecuente. Los síntomas derivados del incremento de la presión intracraneal, como la somnolencia, pueden ser más indicativos de la presencia de un glioma. Existen otros signos y síntomas más específicos que aparecen dependiendo de la localización de la enfermedad, como son los signos focales (pérdida de fuerza, dificultad para hablar o déficit del campo visual), convulsiones y hemorragia.



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