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Identifican una región en un cromosoma que aumenta la toxicidad en pacientes con cáncer de próstata tratados con radioterapia

Identifican una región en un cromosoma que aumenta la toxicidad en pacientes con cáncer de próstata tratados con radioterapia

La revista Nature Genetics, una de las de mayor impacto científico a nivel mundial, ha publicado en su último número los resultados de un estudio internacional dirigido por los doctores españoles Ana Vega Gliemmo, de la Fundación Medicina Xenómica e investigadora del IDIS de Santiago de Compostela, y Antonio Gómez Caamaño, jefe del Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela.

Este estudio ha identificado una región en el cromosoma 2 que está asociada con la toxicidad experimentada por los pacientes con cáncer de próstata que son tratados con radioterapia. Esta región incluye el gen TANC1, que no se había vinculado previamente al desarrollo efectos perjudiciales. Así, según los autores del estudio, “un paciente portador de la variante de ADN identificada tiene aproximadamente seis veces más riesgo de desarrollar toxicidad que uno que no lo es”.

Este gen está implicado en la reparación de las células musculares dañadas, lo que sugiere que el mecanismo biológico por el que se asocia con la toxicidad a la radiación se deba a su potencial papel en la regeneración del daño radioinducido en el tejido muscular.

Según los autores, “este descubrimiento constituye uno de los primeros pasos en la creación de modelos de predicción basados en el perfil genético del paciente, que podrán ser utilizados para personalizar su tratamiento radioterápico, optimizando el control tumoral y minimizando el desarrollo de toxicidad”. Estos modelos de predicción, explican, permitirán estratificar a los pacientes de acuerdo a su potencial de riesgo y así establecer quienes podrán ser tratados con un protocolo específico adaptado a su perfil de riesgo.

“Así, las personas con alto riesgo de desarrollar toxicidad podrían experimentar mejor respuesta con una radioterapia más localizada, o con tratamientos que no incluyan radiación, como la cirugía o la quimioterapia, mientras que para la mayoría de los pacientes, que presentan bajo riesgo de toxicidad, podrían establecerse protocolos con mayores dosis de radiación, con la intención de mejorar las tasas de curación sin aumentar la toxicidad”, aseguran los autores. Además, el conocimiento derivado de esta publicación permitirá desarrollar nuevas estrategias de intervención farmacológica frente a los efectos perjudiciales de la radiación.

El estudio, financiado por el Instituto de Salud Carlos III y fondos FEDER, incluye una primera etapa de asociación del genoma completo (GWAS, por sus siglas en inglés) exploratoria de 741 pacientes españoles con cáncer de próstata tratados con radioterapia externa en el Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela (RADIOGEN), y otras dos cohortes independientes de validación compuestas por 633 pacientes de Reino Unido (RAPPER) y 368 de Estados Unidos (Gene-Pare).

La radiogenómica: personalizar los tratamientos
La radioterapia es uno de los tratamientos oncológicos más importantes en la erradicación del cáncer o el control del crecimiento tumoral, minimizando, al mismo tiempo, los efectos adversos que pueden derivarse del tratamiento. Aunque en los últimos años se han producido mejoras tecnológicas sustanciales que han permitido la irradiación del tumor de modo más preciso, la exposición a la radiación del tejido sano a menudo provoca toxicidades que comprometen la función de los órganos y afectan a la calidad de vida de los supervivientes al cáncer.

Desde hace muchos años se sabe que existen factores genéticos que condicionan la respuesta de los pacientes sometidos a dosis similares de radiación. Esto llevó al desarrollo de una nueva línea de investigación, la radiogenómica, cuyo fin es la identificación de los genes y las rutas implicadas en la toxicidad producida por la radioterapia, así como marcadores genéticos que puedan utilizarse clínicamente en modelos de predicción de riesgo. El fin último de este tipo de estudios es poder ofrecer, en un futuro cercano, una radioterapia personalizada en la que se optimice el tratamiento para cada paciente basándose en la predisposición genética a los efectos secundarios.



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