divorcio lo que no debes hacer

Una separación constituye un proceso doloroso que puede condicionar la salud mental de los niños: el riesgo de patología psicológica se duplica en los hijos de padres separados. Para ayudar a las parejas con hijos que están pasando por este trance, los pediatras han elaborado una guía que favorezca la separación amistosa y prevenga secuelas emocionales en los hijos.

Una separación o un divorcio puede desatar una tormenta emocional en los niños, que suele variar según la edad y sexo del hijo: desde sentimientos de frustración e impotencia derivados de los cambios en su rutina diaria (por ejemplo, tener que pasar el fin de semana en otro barrio lejos de sus amigos); sentimientos de culpabilidad si no se les ha explicado claramente la causa de la separación; hasta sentimientos de rechazo hacia los padres porque les dedican menos tiempo. Por su parte, en los progenitores, la separación crea sentimientos como ansiedad, estrés, labilidad emocional, pérdida de autoestima, etc., repercutiendo también sobre el estado de ánimo de los hijos. Explicar a los niños las cosas con transparencia, acompañarlos, escucharlos y no hablar mal del otro progenitor en su presencia, son recomendaciones básicas para acompañar a los niños en el proceso. 

Algunos niños pueden verse incapaces de tener una relación sólida en un futuro, por lo que se puede aprovechar este miedo para poder hablar con sinceridad de los posibles errores, aprender de ellos y hacerles ver que todas las crisis vitales son una oportunidad de crecimiento personal

Algo no va bien…

  1. Es muy frecuente que el malestar del niño se manifieste en forma de irritabilidad y llanto o incluso cuadros de ansiedad y depresión.
  2. También pueden darse somatizaciones, que pueden ser de tipo gastrointestinal (vómitos, diarrea, estreñimiento, gastralgia), neurológico (tics nerviosos, balanceo, regresión en el neurodesarrollo), dermatológico (eccema, aftas, empeoramiento del acné). En cualquier caso, debe ser el profesional médico quien valore si la afección es física o se trata de una somatización.
  3. Problemas de comportamiento: desobediencia, agresividad, consumo de tóxicos.
  4. Trastornos de eliminación: enuresis, encopresis, sobre todo en los niños más pequeños. 
  5. Trastornos del sueño: tanto de iniciación como de mantenimiento.
  6. Mayor propensión a sufrir accidentes, bien por falta de atención, bien por conductas impulsivas que suele haber cuando hay problemas de comportamiento.

¡Así es el impacto!

Menor de 6 años6-11 años12-16 años
Trastorno del sueño.Llanto y agresividad.Labilidad del humor. Cambios en la alimentación. Temor al abandono.  Negativa a aceptar la realidad de la separación.Temor a perder al padre que se fue. Suspicacia y vigilancia del padre que se ha quedado en casa y temor a perderlo también.
Angustia y ansiedad. Descenso del rendimiento escolar. Ánimo deprimido y sentimiento de soledad. Extrema vulnerabilidad a las escenas de violencia. 
Episodios depresivos con ideas e intentos de suicidio.Trastornos de ansiedad.Trastornos de conducta. Inseguridad ante el futuro.Conmoción del sistema de valores adquirido.Descenso del rendimiento escolar. Desconfianza ante las relaciones personales. Temor a fracasar en su propio matrimonio. Abuso de sustancias.Abandono escolar. 

*Mardomingo MJ. Tratado de Psiquiatría del niño y del adolescente. 

LO QUE NUNCA DEBES HACER 

*Según el manual de ayuda del Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría (CPS-AEP):

  • Ser ambigüo y no dar explicaciones claras y concisas sobre la nueva situación familiar. Los padres deben explicar de forma clara cuál va a ser la situación ya que las incertidumbres siempre crean estrés. En los menores de 5 años no conviene alargarse en las explicaciones, han de ser claras y sencillas. En etapas escolares hay que darles tiempo para que lleguen a aceptar la situación, por lo que los padres han de ser pacientes y procurar no enfrentarse con sus hijos si adoptan posturas desafiantes. Si se percibe mucha tristeza en ellos, porque se sientan culpables de la situación, hay que liberarles de esta culpa, dejándoles claro que ellos no son la causa de la ruptura, y evitar que la focalicen en uno de los miembros de la pareja o incluso en otro familiar. Con los adolescentes hay que respetar sus tiempos y su ritmo de adaptación, mostrando siempre disponibilidad para hablar con ellos cuando lo necesiten.
  • Los padres no se separan, se separa la pareja. Ambos padres son responsables de cuidar a los hijos y procurar su bienestar físico, psicológico y social toda la vida. También es bueno hacerles ver que los padres se amaban cuando fueron gestados y que ellos son producto de ese amor; y aunque ya no haya amor entre sus padres, a ellos siempre los querrán. 
  • Hacer que tus hijos hagan de mensajeros. Los padres, aunque se lleven mal, tienen la obligación de comunicarse entre ellos por el bien de sus hijos.
  • Descartar la ayuda profesional recomendada para tus hijos. Ambos padres tienen la obligación de hablar con los profesores, médicos y/o psicólogos que atiendan a sus hijos. Es importante que el hijo vea que ambos padres se preocupan por su bienestar. 
  • Utilizar a los hijos para hacer daño a tu expareja. Los hijos no deben ser utilizados como instrumento para hacer daño a otras personas. 
  • Estar ausente, centrarte en ti y no escuchar a tus hijos. Los hijos necesitan comprobar que sus sentimientos importan. 
  • Hablar mal del otro y desacreditarlo. Salvo en caso de malos tratos, es importante que el niño mantenga la relación con los dos, y que no se desprestigie nunca al “excónyuge” delante de los hijos, por la importancia de estos lazos familiares en el desarrollo de su afectividad y personalidad.
  • Reaccionar de forma impulsiva. Al contrario, debes evitar tomar decisiones inmaduras, absurdas y/o ridículas por razones de orgullo. 
  • Dejarte llevar por la negatividad. Controla las emociones negativas y no hagas que tu hijo participe de tu rencor. 
  • Descartar ayuda profesional. No hay que dudar a la hora de buscar ayuda de un profesional. Si es necesario, se puede recurrir a la figura de un mediador familiar que vele por los intereses de los niños.
  • Enfadarte cuando hablan bien del otro y de su nueva pareja. 
  • No cumplir con el régimen de visitas ni facilitar las visitas con el progenitor que no tiene la custodia.

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Paula Rivero

Soy de la primera promoción de Periodismo que salía del "horno" de Sevilla (en todos los sentidos), allá por el año 94, estudios que completé con los de Historia Contemporánea, licenciándome en...