ESTÁS LEYENDO...

INMA SHARA: “Es una maravilla ver como atiende un ...

INMA SHARA: “Es una maravilla ver como atiende un farmacéutico, sobre todo a personas mayores, despierta mucha ternura”

INMA SHARA: “Es una maravilla ver como atiende un farmacéutico, sobre todo a personas mayores, despierta mucha ternura”

La pasión inunda todo lo que hace, pero se desborda cuando se trata de música. Es mucho más que su profesión y es curioso que al hablar con ella sobre salud, economía o educación siempre hay un símil, una alusión a lo sinfónico. Considerada una de las más brillantes representantes de la nueva generación de directores de orquesta españoles, Inma Shara comprende y explica la vida a través de la música.

Ha dirigido las orquestas sinfónicas españolas más importantes y colaborado con algunas de las mejores del mundo, como la London Philharmonic Orchestra, la Filarmónica de Israel o la Orquesta de la Suisse Romande. Inma Shara, de nombre de nacimiento Inmaculada Sarachaga y nacida en Amurrio, Álava, ha
recibido entre otros muchos reconocimientos, el
premio a la Excelencia Europea (por su
proyección internacional y su aportación a la
música clásica), o ser nombrada ‘Embajadora
Honoraria de la Marca España’ (prestigioso
premio concedido por el Foro de Marcas Renombradas). Ha sido la primera mujer en dirigir un concierto en el Vaticano: fue ante Benedicto XVI, en diciembre de 2008.

¿Cómo fueron sus inicios en la música? ¿Cuándo cogió por primera vez una batuta y qué experimentó?
Desde muy pequeña tuve la suerte de tener contacto con todas las artes en general: desde el teatro hasta la pintura, la danza incluso… Y como no, la música clásica. Desde los 4 años fui creciendo junto a la música, al principio como un juego, pero paulatinamente ese algo inconsciente se convirtió en consciente y pasó de ser irracional a racional. A los 12 años uno de mi profesores vio en mi una predisposición hacia la dirección de orquesta y me animó de forma intensa. Yo entonces canalicé en ese sentido todos mis sueños y puse todo mi esfuerzo en convertirlo en una realidad, realidad de la que hoy me siento muy feliz.
Hará 15 años que dirigí por primera vez una orquesta profesional. La primera sensación es muy difícil de traducir: una mezcla de miedo, de ilusión, una responsabilidad que abruma, pero fue apasionante. Y cada día que pasa creo que soy una persona más apasionada con este mundo, con la música en directo y con el calor del público.

No es muy habitual una mujer directora, ¿es más complicado para las mujeres dirigir?
Nunca he reparado en la singularidad del podio; para mi la música es algo que pertenece al interior, a la esencia del ser humano y esta es la riqueza del arte. Cada uno lo expone de una forma personal, con independencia del hecho circunstancial que puede ser el género. Cuando dirijo siento que esa obra es mía y de Brahms o mía y de Chaikovski; el hecho de ser mujer nunca ha sido un argumento esencial, lo importante es la pasión, la emoción es lo que me mueve.
Sí es cierto que cuantitativamente es así, y al igual que la incorporación de la mujer en la plantilla orquestal ha sido un proceso lento y paulatino, confío en que un futuro sea un hecho a “no comentar” la circunstancia de que una mujer esté en podio.

¿Los jóvenes también acuden a los conciertos de música clásica?
Cada día veo más jóvenes, y esto nos ilusiona, porque parece que a la música clásica le persigue una nota de elitismo. Aunque sí es cierto que en nuestro país todavía se echa en falta la presencia de gente joven. Desde aquí les animo, porque cuanto más la escuchas más la necesitas, es una terapia para el alma.


¿Es una cuestión educacional y de hábitos?
Todos tenemos la responsabilidad de poner en valor la música clásica como herramienta educativa, de construcción del ser humano, de alimento para su formación. Quizás sería importante que tuviera más presencia dentro de la educación, porque en definitiva la música clásica despierta las habilidades, la sensibilidad, la capacidad de sacrifico y los valores, potencia el talento, integra en un proyecto común al grupo… La música clásica es como un plato que no necesita condimentar, sólo hay que degustar, y cuando es buena siempre gusta.

Ante una magnífica partitura, dígame ¿qué puede aportar un director de orquesta?
Un visión muy personal e intransferible. El director de orquesta no sólo dirige con la técnica, dirige con el alma en una entrega total por y para el público, es un transmisor de sentimientos cuya finalidad es la emoción del público. Pero aunque la aplicación de la técnica en una orquesta es fundamental, la buena gestión de recursos humanos es crucial. Un director de orquesta deja su impronta, pero tiene una misión muy bonita que es la de aglutinar las individualidades, despertando y alimentando los talentos, fortaleciendo las sinergias… Una de sus grandes misiones es lograr que la orquesta no lea, sino que interprete.

¿En qué proyectos trabaja ahora y donde dirigirá próximamente?
Acabo de dirigir en el Teatro Real, estoy en plena vorágine de conciertos. Aquí en España estaré próximamente en Barcelona y en el Auditorio Nacional de Madrid, y también fuera tengo muchos compromisos.
Además colaboro con empresas para dar charlas con la música como protagonista. Les estoy muy agradecida y las acepto como muchas ilusión porque se trata de poner en valor la música como organización empresarial, hablo sobre la importancia del trabajo en equipo y sobre el modelo de liderazgo que se da en una orquesta. Todo ello lo he plasmado en el libro La batuta invisible, el liderazgo que genera armonía, de la editorial Penguin Random House, que ya va por la segunda edición.

El mundo de la farmacia lo vive muy de cerca porque su marido es farmacéutico, ¿qué destacaría de esta profesión y del papel que cumple en la sociedad?
Soy una grandísima admiradora de los farmacéuticos, porque me parece fundamental la estabilidad que nos da la salud. Es verdad que el arte es maravilloso, pero cuando uno no goza de salud, cuando nos sentimos frágiles, todo lo demás queda en un segundo plano. Por ello nuestra esperanza son los médicos, los farmacéuticos, que nos dan esa fuerza y estabilidad para ejercer nuestras profesiones. Siempre se ha dicho, la salud es lo primero… Y lo segundo es la sinfonía (se ríe).
En cuanto al mundo de la farmacia, al tenerlo en casa, lo cojo todo, lo miro todo… Me encanta conocer los productos, estudio los componentes que tienen, los principios activos… (risas).
En cuanto al papel y a la figura del farmacéutico, me parece esencial, porque es la persona que siente la sinfonía sanitaria del paciente, que le aconseja en un escenario de confianza, de amistad en muchas ocasiones. Es una maravilla ver como atiende un farmacéutico, va mucho mas allá de dispensar; hay una afectividad, lo ves sobre todo cuando se trata de personas mayores, despierta mucha ternura. Es por eso que respeto mucho al farmacéutico.

Supongo que el tener un profesional de la salud en casa lleva a cuidarse mucho, ¿o no es así? ¿Hace ejercicio, come sano?
Soy una persona un poco obsesionada con la salud, la verdad, pero no quiero contarlo aquí (risas). Como muy poquito, pero todo lo que como es muy, muy sano, excesivamente sano (más risas). Al igual que en la vida y en el trabajo, tengo mucha disciplina con la alimentación y nunca me salgo del escenario, tampoco gastronómicamente hablando. Como poco, pero me alimento adecuadamente porque realizo mucho esfuerzo físico y, además, tengo el estomago un poco delicado. Recurro a los “superalimentos” (acai, camu-camu, baobab, te verde…), a los frutos secos…
También hago deporte, me gusta, aunque realmente en el podio se realiza un verdadero ejercicio atlético, porque no dirijo sólo con la batuta, dirijo con el alma y con el cuerpo.

¿A qué recurre para hacer frente a los nervios de un concierto o al estrés por el exceso de compromisos?
A nada, soy un apersona con mucho equilibrio interior, la confianza en el escenario y el trabajo bien hecho me dan la serenidad. Aunque sí es verdad que hacemos música en directo, y antes que artista eres persona, y aunque llevas muchos años en esto sigue estando ese respeto al público y al trabajo bien hecho. Hasta que no vas sintiendo que hay comunicación con la orquesta y con el público, uno no se transforma de persona a artista y logra serenarse. Pero siempre hay miedo escénico, siempre.

¿De cuáles de sus trabajos se siente más satisfecha?
Es verdad que cuando dirigí en el Vaticano delante de Su Santidad fue algo insuperable a nivel personal y profesional. Pero respeto tanto al público que intento que cada actuación sea la actuación, porque se merecen siempre mi máxima entrega. Es cierto que ha habido conciertos, escenarios que son más singulares, pero rehúyo destacar porque quiero que la gente salga siempre emocionada. Cuando acaba el concierto y ha habido una explosión de aplausos sinceros, el público se ha ido y queda la soledad del escenario con esos ecos de emoción, siempre es apasionante.

 





ARTÍCULOS RELACIONADOS

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.