Los expertos recomiendan una valoración psicológica del paciente antes de una cirugía estética

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La cirugía suele ser positiva en personas con expectativas realistas y si se ha realizado por un profesional acreditado

En España, se realizan al año unas 65.000 operaciones de cirugía estética, según los últimos datos del informe La realidad de la cirugía estética en España 2014 y el número de mujeres que se realizan operaciones de este tipo sigue siendo muy superior al de los hombres. Un 87,8 por ciento frente a un 12,2 por ciento y de entre las operaciones más demandadas destaca el aumento de pecho, que ocupa el 25 por ciento del total de las intervenciones. En cuanto a la época del año, es el verano la estación más escogida por aquellos que quieren operarse.

La repercusión de la cirugía suele ser positiva en la mayoría de los casos que se ha realizado bajo las directrices de un profesional específicamente preparado para ello y en personas con expectativas realistas. Otras veces, no tan agradables, ocurre que el resultado final dista mucho de lo esperado y en estos casos hay verdaderas frustraciones a raíz de las operaciones. Es por esto que hay que tener en cuenta el estado psicológico de los pacientes antes de someterles a dichas operaciones.

Tener complejos, querer verse guapo o tener un ideal de belleza son los principales motivos que llevan a las personas a los quirófanos. “El problema radica cuando el complejo se trasforma en pensamiento obsesivo y se pierde la objetividad, o cuando los complejos son la punta de iceberg y realmente puede haber un rechazo inconsciente a la propia persona provocado por sentimientos de culpa o traumas no superados que vienen años atrás o cuando querer verse más guapo no tiene límite, siempre hay detalles que les molestan e impiden ser felices o cuando queremos parecernos a nuestro ideal renunciando a nosotros mismos. En todos los casos la operación de cirugía no arregla, a largo plazo, la problemática del paciente, sino que es la solución de superficie”, explica Amaya Terrón, psicóloga y fundadora de Psicología Amaya Terrón.

Valorar el estado psicológico
“Una operación de cirugía está indicada en aquellos casos de personas sanas desde el punto de vista psicológico y físico en los que los beneficios de la intervención sean mayores que los riesgos que conlleva y que estos sean debidamente madurados y tenidos en cuenta por el paciente que va a practícasela, quien también haya trabajado previamente expectativas sobre los resultados de la intervención”, asegura Amaya Terrón.

“Es importante que antes de someterse a una operación de este tipo el paciente se pregunte: ¿Lo hago por mi o por otras personas? ¿Me siento presionado o soy libre en la elección? Antes de que las personas se sometan a estas operaciones deben hacer el ejercicio de revisar los motivos reales que les lleva a someter su cuerpo a un cambio, en muchas ocasiones radical. Ya que puede existir alguna faceta que haga vulnerable a posteriori, por ejemplo, la falta de madurez psicológica, la estabilidad emocional de la persona, situaciones con mucha carga emocional que nublan la voluntad momentáneamente”, continúa.

Por este motivo es recomendable que “todas las personas que se vayan a someter a una intervención estética se sometiesen a una valoración psicológica por parte de un profesional cualificado, conjuntamente junto con el cirujano plástico, sobre todo en casos de personas con antecedentes psicológicos”, reclama la psicóloga Amaya Terrón.

Personas no aptas para la cirugía
Por el contrario, las personas que quieran cambios radicales en su imagen por una incapacidad de relacionarse debido a su aspecto físico no serían los pacientes ideales para estas operaciones, “ya que las expectativas sobre la cirugía deben ser a nivel estético, no psicológico”, recuerda la psicóloga. Muchas de estas personas tienen la expectativa de que tras la intervención su vida social va a dar un giro y nada más lejos de la realidad.

“No son buenos pacientes tampoco para cirugía estética aquellas personas con una imagen pobre de sí mismas basada en un único aspecto de su físico; las personas que por juventud aún tienen aspectos físicos que desarrollar; las personas impulsivas o con tendencia a la temeridad y a tomar decisiones poco razonadas o tomadas bajo la influencia de terceros; las personas sensibles al rechazo que toman la decisión basándose en opiniones externas; o las personas socialmente mal adaptadas y con la creencia de que ganaran habilidades sociales tras la intervención”, remarca Amaya Terrón.

Trastornos relacionados con las operaciones de cirugía estética
Un ejemplo de ello es la dismorfofobia que es una creencia obsesiva o una preocupación personal exagerada por poseer un defecto en el aspecto físico y que es prácticamente imperceptible para otra gente. “Las personas que padecen este tipo de trastorno, son temerosas de la opinión que otras personas puedan hacer sobre ellas y su aspecto físico. La imagen corporal está distorsionada y pueden llegar a describirse a sí mismas como “deformes” o “monstruosas”, cuando en realidad su aspecto es normalizado. Les provoca una gran ansiedad el hecho de exponer el motivo de su miedo o fobia y no responden a racionalización”, explica Terrón.

Otro problema que se esconde detrás de la intención de someterse a una intervención es la aceptación social; existen personas que creen que al tener un estándar de cuerpo o aspecto físico van a ser aceptados y/o queridos socialmente. Una búsqueda desesperada externa de aprobación que condiciona sus decisiones y hace poner constantemente su vida en peligro es un problema psicológico que difícilmente se corrige con bisturí.

También existen ciertos complejos que atormentan a la persona la cual les da un valor sobredimensionado y de ahí el malestar que producen. Como pensamientos distorsionados pocas veces tienen que ver con la realidad del individuo y realmente es la propia persona la que ha exagerado ese complejo y le ha dado importancia superior a la debida. “Es en estos casos cuando debemos plantarnos hasta qué punto es una percepción propia o producto de la propia persona y su nivel de exigencia consigo misma. Si se trata de algo creado habría que plantearse analizar su origen primero ante de someternos a tan intrusivas operaciones. Si es algo objetivamente mejorable la persona se sentirá más segura, ya que el origen de su complejo se habría eliminado”, remarca la psicóloga.

La baja autoestima es otra de las razones que se ocultan detrás de una intervención estética. “Una autoestima que se base o dependa de factores externos de forma exclusiva no es una autoestima sana desde el punto de vista psicológico y debe ser revisada antes de someterse a cualquier cambio estético por la poca estabilidad de este aspecto de la psique”.

¿Una terapia psicológica podría ser una alternativa?
La terapia psicológica sirve de mucho porque investiga en los verdaderos motivos que llevan a una persona a someterse a una intervención en su cuerpo. Cuando se trata de un complejo puntual en una persona con la autoestima alta o una mejora en su aspecto, la cirugía bien planeada con los profesionales y los medios adecuados no tiene por qué tener consecuencias negativas ni se desaconseja, de hecho suelen tener un impacto positivo en la vida de las personas. Pero no siempre esto es así y detrás de una operación pueden haber motivos no tan claros que pueden acabar desestabilizando a la persona.

Es por este motivo que se recomienda pasar una consulta antes para indagar, descubrir y prepararse para una operación para un cambio estético. “En muchos casos podemos ayudar a la persona a que descubra y se acepte mejor a sí misma y después trabajar expectativas sobre el procedimiento que hacen que la operación sea aceptada y el paciente de su permiso psicológico al cirujano, vaya más relajada a la operación y aumente las probabilidades de éxito. Cuando hacemos esto vamos a la operación de forma segura con los objetivos y expectativas claras y a mejorar nuestro aspecto no a cambiar nuestras circunstancias cambiando nuestro cuerpo. Y en casos más clínicos yo siempre recomiendo tratar el problema psicológico antes de someterse a cualquier cambio por mínimo que sea”.

“Un objetivo en la terapia es que tomen sus propias decisiones desde la libertad y liberación de ideas tóxicas y que lo hagan con sus propias ideas no con las ideas del terapeuta. Se trata de dotarle de los recursos para que tome las riendas de su propia vida, conociéndose a sí mismo, valorándose y tomando decisiones que le llevan a ser feliz”, explica la psicóloga.

El caso de los adolescentes
Cuando un adolescente quiere someterse a un cambio estético hay que tener especial cuidado porque hay aspectos de su cuerpo que quizá no se hayan desarrollado lo suficiente y porque son más vulnerables a dejarse influenciar por modas y grupos de referencia y estos pueden cambiar en el tiempo, sin embargo, la operación perdurará a la moda.

En estos casos, hay que preguntar y valorar objetivamente la parte del cuerpo a operar. Para Amaya Terrón, “hay casos en los que puede ser la solución a un problema puntual, pero hay que tener mucho cuidado en este perfil de paciente, dadas sus particulares características, influenciabilidad, impulsividad, inmadurez psicológica, tendencia a adaptación al grupo e inestabilidad en decisiones”.

“Lo que podemos hacer si nuestro hijo nos plantea esto es escucharle, atender a su demanda y actuar como su aliado sin juzgarle ni quitándole importancia, ofreciéndole nuestra confianza, pero tomándonos muy en serio sus motivos. Quizá detrás de esta petición haya algo más que merezca ser atendido y que tras una operación quede encubierto”, continúa.

Consejos para los pacientes que se someterán a una cirugía
· Hacer el ejercicio personal de la verdadera motivación que le lleva a someterse al cambio.
· Valorar otras alternativas menos intrusivas antes de someterse a técnicas más agresivas para el cuerpo.
· Hablar con personas allegadas y de confianza que le pueden apoyar sin dejarse influir en sentido contrario pero si una ayuda pre y post operatoria siempre es aconsejable.
· Asegurarse de conocer la titulación y los trabajos previos realizados del cirujano.
· Hablar con franqueza y total honestidad de lo que esperan con el cirujano antes de tomar la decisión y dejarse ayuda por opiniones de expertos.
· Objetivamente valorar el riesgo/beneficio y las posibles complicaciones que se puedan derivar.
· Informarse todo lo posible sobre lo que van a hacer y no ir “a ciegas”.
· Tanto en el preoperatorio como en el postoperatorio seguir las indicaciones del cirujano.
· Psicológicamente preguntarse no solo el porqué, sino el para qué, y prepararse para la decisión tomada.

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