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Nuestro microbioma regula la eficacia de los fármacos

Nuestro microbioma regula la eficacia de los fármacos

El microbioma es una de las áreas de investigación más prometedoras del momento. De entrada, en nuestro cuerpo viven unas 100 billones de bacterias que son esenciales para nuestra salud. Estos microorganismos juegan un papel fundamental en muchos procesos de nuestro cuerpo, por ejemplo la digestión o la educación de nuestro sistema inmunitario. En cambio, una disfunción en nuestra microbiota puede contribuir a la aparición de enfermedades como la obesidad, la diabetes, las alergias, ciertos tipos de cáncer y hasta problemas de salud mental.

Por tercer año consecutivo, investigadores internacionales de alto nivel, y de disciplinas muy diversas, se reúnen los 29 y 30 de junio en CosmoCaixa convocados por B·Debate, una iniciativa de Biocat y la Obra Social “la Caixa”. Este debate se ha organizado con el Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa que cuenta con la colaboración de los mejores científicos de Vall d’Hebron Instituto de Investigación, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, la Universidad de Vic y el Hospital Germans Trias i Pujol.

El objetivo es descifrar el gran potencial científico y terapéutico del microbioma en prácticamente todas las disciplinas de la medicina actual. La investigación en este campo es muy amplia y una de las más transversales. Hay líneas de investigación que estudian el impacto de bacterias en el envejecimiento, las enfermedades neurodegenerativas, el cáncer, las enfermedades infecciosas o del aparato digestivo. Uno de los ámbitos que más ha centrado la investigación en microbioma es la del virus del VIH.

La convivencia entre bacterias y fármacos

En el B·Debate sobre microbioma del año pasado, los científicos discutieron sobre cómo los virus del VIH dañan la pared intestinal, haciendo los intestinos más permeables. Este perjuicio hace que las bacterias del intestino traspasen la pared intestinal y accedan a la sangre, provocando una inflamación crónica que conlleva un envejecimiento acelerado entre las personas que tienen el virus. La infección disminuye la riqueza bacteriana del microbioma intestinal.

Más de 36 millones de personas estaban infectadas por el virus del VIH en el año 2015, de estas la mayoría –más de 25 millones– viven en África, donde más de la mitad de la población que tiene el virus no tiene acceso a tratamientos antiretrovirales y mueren a causa del sida. Según los últimos datos de las Naciones Unidas, en el mundo el perfil mayoritario de persona con el virus es el de una mujer, joven, de ascendencia africana y fiel a su marido. Delante de esta realidad las mujeres no tienen suficiente fuerza para exigir el uso del preservativo. Hace falta pues, el apoderamiento de la mujer y la investigación de otros métodos que actúen como barrera del virus, cuestiones que se vuelven claves para cambiar la situación.

Una estrategia terapéutica eficaz es, por ejemplo, el uso de un gel con microbicidas que se aplica en la zona vaginal antes del acto sexual para prevenir la infección del virus del VIH. Hasta ahora, los microbicidas que se habían probado intentaban eliminar el virus mediante procesos químicos poco efectivos y demasiado tóxicos, que entre otros efectos secundarios provocaban la irritación de la mucosa vaginal. En cambio, ahora se han desarrollado gels con fármacos antiretrovirales que están mostrando mejores resultados.

Nichole Klatt, investigadora de la Universidad de Washington, ha publicado este mes en la revista Science un análisis de eficacia de un nuevo microbicida basado en el fármaco tenofovir, que en breve será de uso genérico, para prevenir la infección por el virus del VIH. Los resultados muestran como el tipo de bacteria vaginal influyen en la respuesta del fármaco. Entre las mujeres con un tipo de bacteria vaginal (Lactobacillus) el microbicida ha mostrado una eficacia del 61%. En cambio, en las chicas con otro tipo de bacterias vaginales la medicación solo ha funcionado en un 18% de los casos. Una de estas es la Gardnerella, que absorbe el tenofovir y reduce la eficacia del microbicida.

 



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