En entornos de nieve y montaña, no descuides la fotoprotección

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Si protegernos de los efectos nocivos del sol resulta imprescindible con el buen tiempo, en invierno tampoco debemos descuidar este hábito saludable, porque en entornos montañosos y paisajes nevados existen varias causas que provocan que el sol sea más dañino.

Según enumera la doctora Aurora Garre, experta médica de Cinfa, “la nieve refleja un 80% de las radiaciones solares que llegan a la tierra; y la intensidad de los rayos ultravioleta (UV) aumenta un 10-12% con cada mil metros de altura, por lo que en las pistas de esquí, el peligro de quemaduras y daños provocados por el sol es muy alto. Además, hay que recordar que la nubosidad no frena el paso de las radiaciones, por lo que aunque esquiemos en un día sin sol, la fotoprotección sigue siendo imprescindible”.

Así, a la hora de disfrutar de los deportes de nieve o de la montaña, junto a la habitual equipación para evitar lesiones o ahuyentar el frío, no podemos olvidar tomar una serie de precauciones. “Hay que tener en cuenta la hora del día a la que vamos a estar expuestos al sol, la altitud en la que nos vamos a mover, y la climatología prevista, ya que en condiciones de cielo despejado, la reflexión por nieve puede elevar los valores de radiación hasta niveles de verano”, explica la experta de Cinfa, el laboratorio más presente en los hogares españoles.

“Además de las quemaduras, que son el efecto perjudicial más patente del sol, hay que recordar que los rayos ultravioleta y la radiación infrarroja A (IR-A) provocan a largo plazo daños como las alergias al sol, el fotoenvejecimiento prematuro de la piel y la destrucción del ADN celular”, insiste la Dra. Garre. “Tampoco podemos olvidar que la piel tiene memoria y va acumulando a largo de los años los efectos negativos del sol, por lo que debemos cuidarla cada día del año”, concluye.

Cómo protegerse del sol en la nieve

  • No olvides tu fotoprotección. En invierno no podemos relajarnos en cuanto al uso de fotoprotectores: los rayos del sol parecen más suaves que en verano, pero siguen siendo muy agresivos. De ahí la necesidad del uso de filtros de índice elevado (SPF 30 o 50+), cuando disfrutemos de actividades en las pistas de esquí o en la montaña.
  • Protégete con vista. Una excesiva exposición a la radiación ultravioleta aumenta el riesgo de contraer cataratas y otros daños en el tejido ocular, por lo que es imprescindible utilizar gafas de sol, y más aún en la nieve, donde la luz se refleja de manera intensa. Cuando escojas tus gafas, asegúrate de que cuenten con protección del 100% frente a los rayos UV, y de que hayan obtenido el certificado de la Unión Europea.
  • Los labios, una zona delicada. Es una de las pocas partes del cuerpo que quedan expuestas al sol cuando se esquía. Usa protectores labiales con un filtro alto, como SPF 50, y que contengan una base hidratante que mantenga la protección en esta zona.
  • Échales una mano a tus manos. Junto al contorno de los ojos, las manos constituyen una de las zonas más sensibles del cuerpo. A diferencia de la piel del rostro, no tienen apenas glándulas sudoríparas, lo que puede provocar un exceso de sequedad. Para prevenirla, es conveniente llevar guantes. Así, evitaremos la deshidratación y, en último extremo, los molestos sabañones.
  • Hidrátate más. La clave frente al sol en un día de esquí es la hidratación, porque la estación fría vuelve la piel mucho más sensible. Por eso, el uso de cremas y mascarillas resulta muy recomendable en invierno, así como los tratamientos de gran poder hidratante que eviten la sequedad que pueden producir tanto el sol como el frío y el viento. Son aconsejables las bases algo más untuosas cuya composición sea oleosa. Aun así, hay que tener cuidado, porque no todos los aceites son recomendables para el cuerpo; los de borraja, onagra y almendras constituyen excelentes opciones.
  • Bebe mucha agua. Hidratarse por dentro es tan importante como hacerlo por fuera. Cuando se bebe agua en abundancia, el aspecto de la piel es mucho más saludable, además de que el organismo funciona mejor. También en invierno, en cuanto te quites la tabla de snow, bébete un buen vaso de agua.
  • Evita baños calientes. Tras una jornada de esquí, la tentación llega en forma de baño caliente, pero esa maravillosa sensación de relajación conlleva también la pérdida de la barrera lipídica, lo que nos hace perder la protección natural de la piel. Si bien a veces podemos darnos un capricho, lo ideal a la hora de bañarse es usar agua templada, un gel con PH neutro y una emulsión enriquecida con NMF (Natural Moisturizing Factor) que restablezca la barrera lipídica.
  • El ritual de limpieza, sagrado. Por muy cansados que estemos por la práctica de deporte, también en invierno resulta crucial mantener los rituales de limpieza de la piel. Cada mañana, limpia tu rostro antes de aplicar los tratamientos cosméticos que te protegerán frente al sol, y al final del día, lo mejor es usar espumas o leches suaves que limpien en profundidad la piel y, al tiempo, mantengan intactas sus propiedades naturales. Tras pasar una jornada en la nieve, no olvides este pequeño truco: aplica el tratamiento en exceso, a modo mascarilla, y deja actuar durante media hora, ya que después de un día de esquí, tu piel necesitará toda la hidratación posible.

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