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Dieta blanda, ¿cuándo y cómo?

Dieta blanda, ¿cuándo y cómo?

Dieta blanda, ¿cuándo y cómo?

Qué es la dieta blanda

La llamada dieta blanda de protección gástrica, o también conocida como dieta astringente, es un tipo de dieta terapéutica indicada en momentos en los que no queremos que nuestro aparato digestivo trabaje mucho. En el artículo de este mes, nuestro dietista-nutricionista, Eric Iges, aborda cómo realizar correctamente este tipo de dieta.

Hay que diferenciar la dieta blanda o de protección gástrica, de la dieta de fácil masticación. Mientras que la primera suele estar indicada más comúnmente en procesos diarreicos, (aunque también es un tipo de dieta que se aplica como reintroducción hacia una alimentación normal tras periodos de ayuno derivados de algún tipo de enfermedad más grave u operación), la dieta de fácil masticación emplea alimentos con una textura blanda con el objetivo de que no supongan ningún problema a la hora de ingerirlos, ni, como su propio nombre indica, masticarlos.

Dos objetivos y una sola dieta

Los objetivos principales que se pretenden conseguir con la realización de una dieta blanda son los siguientes:

1-      El primer abordaje debe contemplar el reponer la pérdida de líquidos y electrolitos, evitando así la posible deshidratación causada por la gastroenteritis.

2-      En segundo lugar, el objetivo de esta dieta debe ser el de reducir la estimulación de secreciones gastrointestinales y enlentecer el tránsito gastrointestinal, para conseguir con ello, reducir el número y volumen de deposiciones.

Reponer: solo con sueros orales

A la hora de reponer la pérdida de líquidos y electrolitos, juegan un papel muy importante las fórmulas de suero oral de venta en farmacias. Sin duda alguna, estas deben ser las bebidas de elección para esta fase, y no así las famosas bebidas isotónicas que muchas veces se han podido recomendar o que habitualmente se toman. Tampoco es conveniente seguir fórmulas de aplicación casera, que no son del todo acertadas. La diferencia es muy clara y está fundamentada en lo siguiente:

·         Durante un proceso diarreico se produce una pérdida fundamentalmente de agua y potasio. De esta manera, las bebidas isotónicas son ricas en agua, sodio (no en potasio) y en glucosa. Están destinadas a reponer las pérdidas que se producen por el sudor, derivado de la actividad física realizada, y no tanto las pérdidas producidas en una gastroenteritis. De hecho, al ser tan ricas en glucosa, podrían empeorar el proceso diarreico ya que pueden dar lugar a la llamada diarrea “osmótica”. Esto significa que, al contener mucho azúcar en su composición, nuestro cuerpo tiende a liberar más agua para compensarlo, pudiendo ocasionar justo el efecto contrario al deseado, una mayor deshidratación y pérdida de líquidos.

·         Las fórmulas destinadas para la rehidratación tras un proceso diarreico, contienen también potasio en su composición y no tanta glucosa. Ni zumos, ni bebidas isotónicas, ni agua solamente. Sólo los sueros orales contienen las cantidades correctas de sales minerales para ayudar en estos procesos.

La dieta ¡Así debe ser!

1.      Baja en fibra, especialmente del tipo insoluble. Este tipo de fibra no es soluble en agua, y es poco fermentable por la flora intestinal. Por lo tanto, la fibra insoluble tiende a acelerar el tránsito intestinal, cosa que no conviene si se padece un proceso diarreico. Por ello, sí se podrían tomar cereales refinados frente a su versión integral. Es decir, serían buenas opciones el arroz y la pasta blanca o el pan blanco. También se pueden tomar tubérculos como la patata, preferentemente cocida. En cuanto a la fruta, conviene evitar toda fruta cruda, a excepción de los plátanos. Podría valorarse también la inclusión de manzanas / peras que estén muy maduras, evitando siempre las frutas cítricas. Generalmente, es preferible incorporar la fruta cocida o asada, o bien compotas (sin azúcar).

2.      Baja en grasa. Alimentos muy grasos pueden provocar mayor malestar gastrointestinal, y estimular las secreciones gástricas para su descomposición. Por lo tanto, no es conveniente incluir carne roja, pescado azul ni lácteos enteros, así como salsas procesadas de mala calidad. En cuanto a los huevos, conviene empezar tomando solo la clara, e ir reintroduciendo la yema también con el paso de los días, siendo preferible tomarlos en forma de tortilla francesa o cocidos. Sí se pueden incorporar lácteos desnatados, siendo especialmente interesantes el yogur (sin azúcar ni edulcorante añadido) por su contenido en fermentos lácticos, el queso fresco o el requesón, y no tanto la leche. No habría problema en añadir pequeñas cantidades de aceite de oliva virgen ni de aguacate, valorando la tolerancia individual. De igual manera, la carne magra y el pescado blanco son fantásticas opciones para incluir en estas dietas, por su bajo contenido en grasa.

3.      Sin alimentos irritantes que puedan producir peores digestiones y molestias gastrointestinales. De esta manera, conviene evitar el café y el té, el chocolate, especias picantes, vinagre, encurtidos o bebidas gaseosas.

4.      Sin alimentos flatulentos. Generalmente las legumbres, y el grupo de verduras de las crucíferas (col, coliflor, brécol) suelen provocar estos problemas, por lo que conviene evitarlos. Con respecto al resto de verduras, no hay ningún problema siempre que estén bien cocidas o en puré. Los caldos de verduras también pueden ser buena opción. Si se decide ir incorporando legumbres, que sean en puré y en pequeña cantidad. También convendría que estuvieran desprovistas de la piel. La variedad de lenteja roja no la tiene, por lo que podría ser una buena alternativa.

5.      Conviene evitar todo tipo de productos ultraprocesados ricos en azúcar o grasas de mala calidad. Es decir, galletas, bollería, salsas, embutidos, carnes procesadas y refrescos azucarados o light. Y sí, el jamón cocido es el embutido típico que se suele dar en este tipo de dietas, sin embargo, al tratarse de una carne procesada, generalmente con un bajo porcentaje de cerdo y con un montón de ingredientes extra (entre los que suele figurar azúcar), consideramos que existen mejores alternativas de consumo, como para tener que recomendarse casi por norma.

¿Y después?

Por último, el objetivo de este tipo de dietas también contempla el ir haciendo una progresión dietética hacia la alimentación normal. Para ello, en un comienzo se recomienda distribuir tu día realizando un número elevado de comidas, con poca cantidad en cada una, hasta que se pueda realizar la rutina habitual a la que esté acostumbrada cada persona.  El masticar despacio y reposar bien tras realizar la comida serán aspectos también relevantes a tener en cuenta. Y, como no, el hecho de utilizar técnicas culinarias que no requieran emplear mucho aceite, por lo que se recomienda evitar fritos y rebozados. Todo ello son recomendaciones generales con el objetivo de ayudar a que se recobre un buen estado de salud.





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