¿Qué es la luna de miel en diabetes?

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luna de miel en diabetes

¿Alguna vez habías oído hablar de la luna de miel en diabetes? Es el período de remisión que se produce una vez hecho el diagnóstico y tras la administración de las primeras dosis de insulina, momento en el que los niveles de glucosa se regulan de manera milagrosa, hasta el punto de parecer que se ha dejado de ser diabético.

La “luna de miel” en pacientes de diabetes tipo 1 es la fase de remisión que se produce al poco de hacer el diagnóstico y tras la administración de las primeras dosis de insulina, momento en que se produce algo así como un milagro: una disminución de las necesidades de insulina y una gran facilidad para mantener los valores de glucosa dentro de los objetivos previstos. Este periodo permite a la familia adaptarse a la situación, aprender bien el manejo de la insulina, mejorar sus conocimientos sobre la dieta y los hidratos de carbono, tan necesarios para el tratamiento de la diabetes, de una forma segura, sin los riesgos de las hipo e hiperglucemias tan frecuentes en estos enfermos.

La insulina, en falta

Una persona que acaba de ser diagnosticada de diabetes tipo 1, también llamada insulinodependiente, presenta unos síntomas muy característicos: una constante necesidad de beber agua, de ir al baño muchas veces al día (incluso por la noche), pierde peso, se siente cansada y con sueño, etc. Todos estos síntomas se deben a la presencia de unos niveles elevados de glucosa en la sangre, que se producen por la falta de insulina en el organismo (una hormona que toma glucosa de la sangre y la transporta al interior de las células del cuerpo donde se usa como energía), que las células beta del páncreas no pueden producir. Es decir, para entrar dentro de las células y ser utilizada como energía, la glucosa necesita la mediación de la insulina, siendo necesaria su administración varias veces al día.

El período de remisión o “luna de miel” se produce porque tras comenzar con las dosis de insulina, las células del páncreas productoras de insulina que aún sobreviven y, que hasta antes del diagnóstico estaban estresadas, son capaces ahora de ayudar al cuerpo a mantener estable los niveles de glucosa sanguínea con una pequeña secreción residual de insulina.

El diagnóstico: un momento crucial

1.      Así es el proceso: inmediatamente después del diagnóstico de la diabetes, en general se requieren dosis altas de insulina, dado que el cuerpo ha estado sometido a niveles altos de glucosa por un periodo prolongado de tiempo, lo que provoca un aumento de la resistencia a la insulina.

2.      En una a dos semanas los valores de glucosa empiezan a descender, presentando valores de glucemia bajos con la misma dosis de insulina. Esto es así porque conforme el nivel de glucosa en sangre se va manteniendo normal, las células beta del páncreas comienzan nuevamente a producir más insulina, lo que permite disminuir las dosis de insulina subcutánea, entrando en lo que se conoce como fase de “luna de miel” o periodo de remisión. En este momento, da la impresión de que la diabetes va a desaparecer, por ello se le llama fase de remisión o “luna de miel”. Según los expertos, durante esta fase se deben administrar dosis mínimas de insulina, a menos que persistan episodios de hipoglucemia, que facilitarán el manejo y control de la diabetes y permitirá una luna de miel más larga. También llevar un estilo de vida lo más sano posible ayudará a prolongar al máximo este período que permite mantener un buen control glucémico sin necesidad de tanto esfuerzo y protege al niño frente a la cetoacidosis, una complicación grave de la diabetes que ocurre cuando el organismo produce niveles elevados de “cuerpos cetónicos”, unos ácidos presentes en la sangre.

Luna de miel en diabetes, flor de un día

La fase de luna de miel o remisión suele durar de tres a seis meses, e incluso en algunas personas no llega a darse nunca, y finaliza cuando se observa que los niveles de glucosa empiezan a subir de forma progresiva. Por lo tanto, al terminar la luna de miel es fundamental ir aumentando las dosis de insulina que se requieran a lo largo del día de acuerdo a los niveles de glucosa, ya que el periodo de luna de miel o remisión parcial está condenado a terminar y las necesidades de insulina se mantendrán de por vida.

Por lo general, el periodo de remisión es muy corto en los niños pequeños. En adolescentes se prolonga un poco más, siendo raro que sobrepase el año. Los niños menores de 5 años que han tenido un debut en forma de cetoacidosis casi nunca llegan a presentarlo.

 

 

 

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