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Apnea del sueño: el “sindormir”, un “sinvivir”

Apnea del sueño: el “sindormir”, un “sinvivir”

La falta de concentración, quedarse dormido durante el día y/o roncar por las noches son síntomas de que algo no va bien durante la noche. Se llama síndrome de apnea-hipopnea y puede desembocar en una privación crónica de sueño y todas sus consecuencias. Ante estos síntomas, mantente alerta y pide a tu pareja que vigile tu sueño.

Señales como la somnolencia excesiva durante el día, la roncopatía y la falta de concentración para desarrollar las tareas habituales son muy esclarecedoras a la hora de identificar si se padece el llamado síndrome de apnea-hipopnea del sueño (SAHS). Se trata de una patología respiratoria en la que el paciente deja de respirar por un tiempo determinado mientras duerme, un fenómeno que se repite a lo largo de la noche y que provoca una desestructuración del sueño con múltiples despertares a lo largo de la noche. Estos síntomas se originan porque al obstruirse la cavidad respiratoria aumenta el esfuerzo respiratorio en cada bocanada, lo que se manifiesta como un ronquido fuerte seguido de un silencio en el que se deja de respirar, y se traduce en un sueño superficial y poco reparador. Cuando la obstrucción respiratoria no es total, sino parcial, se conoce como hipopnea.

El Síndrome de apnea-hipopnea del sueño (SAHS), que padecen entre el 6 y 8% de los españoles y afecta a un 25% de la población adulta, tiende a ser infradiagnosticado y tratado de forma insuficiente, según explican desde la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica (Neumomadrid). A juicio de esta sociedad, los trastornos del sueño deberían estar incluidos dentro del Sistema de Enfermedades de Declaración Obligatoria (EDO), por la repercusión que tiene sobre la integridad del paciente y sus familiares.

Más riesgo de accidentes

Según el Documento nacional de consenso, el síndrome de apnea-hipopnea del sueño (SAHS) se describe como “un cuadro de somnolencia excesiva, trastornos neurocognitivo-conductuales, respiratorios, cardiacos, metabólicos o inflamatorios secundarios a episodios repetidos de obstrucción de la vía aérea superior durante el sueño”. El problema se asocia a un grave deterioro de la calidad de vida de los pacientes, el aumento del riesgo para enfermedades cardiovasculares y un notable

aumento del riesgo de accidentes. Además, otros factores, tales como la morfología de la vía aérea superior, posturales y diversas enfermedades endocrino-metabólicas, también pueden verse implicados en el desarrollo de un SAHS. Muchas veces se debe a alteraciones del esqueleto óseo donde la mandíbula esté más retrasada de lo normal, lo que contribuye al colapso de la vía aérea superior durante el sueño y a un mayor número de ronquidos nocturnos.

La apnea-hipopnea es más frecuente en varones y aumenta con la edad.

Obesidad e hipertensión ¡cuidado!

Tanto la obesidad como la hipertensión arterial son factores que se relacionan directamente con la apnea del sueño, síndrome que también genera desequilibrios hormonales que pueden conllevar a una disminución de la libido, aumento de la micción durante la noche o alteración del crecimiento infantil. Muchos de los pacientes que acuden al médico lo hacen porque durante el día les invade un dolor de cabeza inexplicable junto a una tendencia al sueño cuando se exige una elevada concentración mental.

Cirugía ortognática facial

El tratamiento con aparatos de presión positiva continua en la vía aérea (CPAP) resulta muy eficaz para estos pacientes, según señala la doctora María Cruz Lorenzo Luengo, especialista en ortodoncia y profesora de odontología en la Universidad de Salamanca y colaboradora de Compromiso y Seguridad Dental. El problema es que estos dispositivos adaptados con mascarillas faciales son muy incómodos y no son bien tolerados en muchos casos. “En los últimos años han aparecido nuevos recursos terapéuticos como los DAM, dispositivos de avance mandibular, que colocados a modo de férula bucal evitan la caída de los tejidos blandos situados en la zona de la lengua y la faringe evitando la obstrucción de la vía aérea y mejorando la calidad de vida del paciente”.

Los procedimientos quirúrgicos que hasta ahora se han practicado con mayor frecuencia son traqueostomía; avance maxilomandibular; UPFP para aumentar el espacio retropalatino; UPFP con láser; ablación con radiofrecuencia (estrechamiento del paladar blando y la lengua); implantes en el paladar blando bajo anestesia local; cirugía multinivel, etc. Sin embargo, lo que acabaría con el problema en un 95% de los casos, es la llamada cirugía ortognática, que en España comenzó a introducirse a finales de la década de los 80 desde el Hospital de la Princesa en Madrid. Al corregir la malposición de los huesos de la cara que están en el origen del SAHS, se corrige el problema hasta en un 95% de los casos, sin que el paciente tenga que llevar durante la noche ningún dispositivo. Según la doctora Luengo, esa corrección quirúrgica, debe ir siempre precedida de un estudio de las partes óseas y blandas faciales y de un tratamiento dental ortodóntico que asegure el éxito de la cirugía. “Los pacientes sometidos a este tipo de cirugía consiguen aumentar en un 70% sus vías aéreas y dejar por ello de utilizar la CPAP en muchos casos”, señala la experta.

 





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