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Rosácea y couperosis, dos caras de la misma moneda...

Rosácea y couperosis, dos caras de la misma moneda

Rosácea y couperosis, dos caras de la misma moneda

El estrés, los cambios de temperatura y de estación, o la exposición solar pueden originar la aparición de rosácea y couperosis, dos afecciones que suelen aparecer en la treintena y se manifiestan en la piel mediante el temido “flushing” (enrojecimiento de la piel). La doctora Ana Sánchez de Clínica Londres recomienda seguir una dieta vasoprotectora, antioxidante y detoxificante, que además de calmar y mejorar el estado de nuestra piel, combata la inflamación intestinal tan propia de estas afecciones. Pero además, nos da las claves para identificar su origen, paliarlas con una correcta rutina de belleza y combatir sus efectos con tratamientos como la luz pulsada, la nutricosmética o incluso la acupuntura.

¿En qué se diferencian?
“Es muy común que se confundan rosácea y couperosis, no en vano, suelen ir asociadas, de forma que la mayoría de las rosáceas tienen implícito un aumento del tamaño de los capilares existentes en la dermis, formando un entramado de telangiectasias faciales” explica la doctora Sánchez de Clínica Londres.  En la couperosis se observa un aumento en el tamaño de los capilares de la piel formando telangiectasias o arañas vasculares bien definidas, que predominan en pómulos, región nasal y mentón. En muchas ocasiones se asocia a un aumento de la rojez difusa, sensación de calor y ardor con los cambios de temperatura.

En la rosácea, además de las telangiectasias, existe una marcada eritrosis (aumento de la rojez difusa), con inflamación general de la piel, por lo que pueden existir otras alteraciones asociadas como granos, ulceraciones, conjuntivitis o nariz roja, entre otras.

Tanto la rosácea como la couperosis aparecen normalmente en la edad adulta (30 a 50 años), con predominio en la mujer y en fototipos bajos (piel clara que se broncea muy poco o nada). “Es muy común contar con antecedentes o factores genéticos asociados, e incluso que la respuesta al tratamiento sea similar en los miembros de la misma familia” añade la Doctora. La rosácea suele ir asociada a otras manifestaciones cutáneas. Algunas de ellas están ligadas a la misma rosácea (irritación, deshidratación, sensación de picor, piel irregular, acné…). Otras, pueden aparecer como consecuencia de otras alteraciones cutáneas como dermatitis seborreica, léntigos, melasma…Además, cada uno de esos síntomas tendrá su propio tratamiento.

Cómo tratarla

  • BEAUTY FOOD. La alimentación es muy importante a la hora de mejorar el estado de la rosácea. En nuestra dieta son necesarios los alimentos de “carácter antiinflamatorio, antioxidante, detoxificante, drenante y vasoprotector” aclara la Doctora. “Sin embargo hay que evitar en la medida de lo posible, el picante, el alcohol, los azúcares refinados, las harinas industriales y las bebidas carbo-gaseosas.” No pueden faltar en tu frigorífico: • Vegetales y hortalizas: espárragos verdes, brécol, alcachofas, rábano, zanahoria, patata, berenjena, calabacín, calabaza, achicoria, cebolla, ajo, puerro, canónigos, hinojo, algas y garbanzos sin piel. • Frutas: pomelo, naranja, kiwi, piña, papaya, pera, granada, fresas, moras, frambuesas y aguacate. • Semillas y frutos secos: nueces, pipas de calabaza, trigo sarraceno, almendras. • Hierbas aromáticas y especies: cúrcuma, mejorana, melisa, hierba luisa, tomillo, romero, espliego y perejil. • Pescados salvajes, carnes ecológicas y huevos ricos en Omega 3. • Agua natural: al menos 2 litros al día.
  • NUTRICOSMÉTICA ANTIINFLAMATORIA. Para mejorar la rosácea es conveniente asociar nutricosméticos que mejoren el estado general del paciente, regulando la posible existencia de inflamación intestinal, detoxificando el organismo (principalmente el hígado), drenando e hidratando en profundidad.
  • RITUAL DE LIMPIEZA. Toda piel sensible, y en especial las que sufren de rosácea o cuperosis, deben limpiar su rostro con productos no jabonosos, dermo-protectores y calmantes. La piel debe estar en todo momento hidratada, calmada, no inflamada y protegida del sol, tanto en verano como en invierno. “Los cambios de estación, temperatura y humedad empeoran la rosácea, siendo más evidente en invierno, ya que el frío deshidrata e irrita la piel, como lo hace el ambiente seco en edificios con calefacción alta” explica la Dra. Ana Sánchez. “Es recomendable -continúa- utilizar cosméticos que hidraten la piel en profundidad. En verano, por otro lado, la exposición solar produce una agresión a la dermis y una vasodilatación superficial que pronuncia estos procesos.”
  • TRATAMIENTO EN CLÍNICA. “Tanto la rosácea como la couperosis precisan tratamientos similares, combinando diferentes técnicas junto a un apoyo en hábitos de vida saludables. Yo suelo recomendar tratamientos como el peeling, la luz pulsada intensa Ellipse, e incluso acupuntura” explica la Dra. Ana Sánchez. Ya que la rosácea es una alteración crónica de la piel, será necesario mantener los resultados mediante alguno de los tratamientos pautados de manera periódica. Son necesarias de 3 a 5 sesiones con Ellipse (5 a 20 minutos según la extensión) para ver resultados significativos, aunque la mayoría de los pacientes refieren esa mejoría desde la primera sesión. Con este tratamiento pueden eliminarse fácilmente los capilares y las rojeces mediante flashes de luz doblemente filtrada, de forma segura, efectiva y duradera. La luz se absorbe por la hemoglobina y se convierte en calor, el cual destruye la pared del vaso. Como resultado, las rojeces desaparecen gradualmente tras el tratamiento. Además, la penetración de la luz estimula la producción de colágeno, mejora la textura de la piel, reduce el tamaño del poro e incrementa la luminosidad, igualando el tono.




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