Tomás Muret: “Medicina, Enfermería y Farmacia deben ir de la mano. No estamos para enfrentarnos, sino para crear sinergias”

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¿Cómo gestionan las oficinas de farmacia el incremento de la demanda de productos de Dermofarmacia y, también, de información y consejo en este ámbito por parte de los usuarios?
Efectivamente, ha aumentado mucho el uso de la Dermofarmacia por parte de los usuarios de la botica, y eso nos lleva a enfocarnos en dos frentes: la belleza por un lado y, por otro, el tratamiento. En este sentido, hay que destacar el espectacular trabajo que se ha llevado a cabo por parte del Consejo y de todos los Colegios de Farmacéuticos, haciendo un enorme esfuerzo para que los profesionales se formen y se informen, conozcan bien estos productos y soluciones y sepan recomendarlos. No se trata de expender un producto sin más, sino de acompañar siempre este acto de un consejo o recomendación personalizada. Y el interés hacia este enfoque por parte de los farmacéuticos es enorme, como quedó patente durante las últimas Jornadas Nacionales de Dermofarmacia a las que asistieron alrededor de 500 farmacéuticos movidos por el objetivo de ampliar sus conocimientos sobre temas como los mitos de los cosméticos, la alopecia, las dermatosis o el pH de la piel y los productos cosméticos, entre otros.

Y desde la Vocalía de Dermofarmacia, ¿de qué manera se afronta ese creciente interés por parte de los usuarios?
A nivel nacional nos estamos encontrando con que se ha producido como una especie de separación entre dos tipos de farmacia: la especializada en Dermofarmacia y la que no. Y esto ha dado lugar a una situación en la que, por un lado, tenemos farmacias muy, muy, muy especializadas en este ámbito, que disponen de zonas de atención farmacéutica en Dermofarmacia, han incorporado aparatología, etc. y que están haciendo un trabajo estupendo; mientras que, por otro, hay farmacias que en las que “no se hace nada” en ese sentido. La principal acción que desde el Consejo se está realizando al respecto es la elaboración de una serie de protocolos, básicos y sencillos, sobre determinadas patologías, prevención y productos. Ya hemos hecho los de “Dermatitis atópica”, “Acné” y “Fotoprotección”, y en breve se publicará el protocolo de “Hiperpigmentación”. La idea es proporcionar a todos los farmacéuticos una herramienta que les permita conocer los puntos clave de estas patologías, tener un algoritmo de decisión, saber cuándo hay que derivar al médico y disponer de un ejemplo con un caso práctico a partir del que guiarse. Nuestra intención es completar una colección de protocolos que incluyan las principales patologías que son motivo de consulta en al farmacia. Es importante dotar de esta base a los profesionales farmacéuticos; a partir de ella, podrán especializarse con cursos, másters y otro tipo de formación para aumentar ese conocimiento, pero el objetivo es que la atención en Dermofarmacia de las 22.000 farmacias españolas parta de esa misma base, que es la que marcan estos protocolos.

¿Cree que sigue existiendo entre la población la percepción de que la cosmética de venta en farmacia es más cara?
Efectivamente, hay un tipo de productos de venta en farmacia cuyo precio, comparado con productos similares de otras marcas de venta en mass market es más elevado, pero es importante dar a conocer a la población que, por un lado, los de farmacia incluyen otro tipo de principios activos y, por otro, que detrás de todos los productos cosméticos de venta en farmacia está el aval de muchos estudios y bibliografía sobre ese producto en concreto que evidencian su efectividad, y eso tiene un precio. En los casos en los que el mismo producto cosmético se puede adquirir en la farmacia o en otro punto de venta, es algo que viene marcado por un tema de posicionamiento, una decisión que atañe al laboratorio que lo ha desarrollado. Pero en este sentido siempre hay que tener en cuenta que el hecho de adquirir un cosmético en una oficina de farmacia lleva el valor añadido del consejo del farmacéutico. A mí me gusta mucho un logo del Colegio Oficial de Farmacéuticos de A Coruña: “Productos de farmacia, calidad + consejo”. Yo siempre lo utilizo para cerrar mis presentaciones, sustituyendo el “de” por “en farmacia”.

Algunas farmacias están apostando por incluir cada vez más zonas dedicadas a la cosmética y la estética, derivando algunas incluso a espacios integrales de bienestar en los que se dan masajes, etc. ¿Cree que este tipo de tendencia puede hacer que se pierda, en cierta medida, la esencia de la botica?
Yo siempre insisto mucho en que hay que tener mucho cuidado con un tema: el legal. Ya no es lo que queramos hacer dentro de la farmacia, sino lo que podamos hacer. Una farmacia no es un establecimiento sin más, sino que se trata de una concesión sanitaria, regulada y cuyo funcionamiento se ajusta a unas leyes y también tiene un IAE (impuesto de actividades económicas) destinado a la venta de medicamentos y productos farmacéuticos. Al existir 17 legislaciones en este país, hay CCAA en las que se podrán hacer unas cosas y otras en las que no, pero así como está regulado que una farmacia sea ortopedia, que pueda tener óptica o que ofrezca una consulta de nutrición, si el farmacéutico titular es ortopeda, óptico o tiene el grado de Nutrición, cuando ya entramos en otros temas de estética y similares, hay que ir con mucho cuidado tanto con los límites legales como con el tema de las competencias: a veces, nosotros no queremos que los otros vendan nuestros productos pero sí queremos vender los de los demás… Es importante que cada CCAA explique a su colegio de farmacéuticos las posibilidades que tienen de introducir o no prestaciones y servicios según la normativa y, también, evitar utilizar los vacíos legales. Ahora bien, en aquellos casos en los que la legislación permite más flexibilidad en cuanto a este tipo de prestaciones, más que por la estética en sí misma, yo abogaría por crear espacios saludables que integren la cartera de servicios, donde el usuario pueda recibir una atención en Dermofarmacia, con su aparatología, con sus consultas personalizadas, con un servicio de hipertensión, de cesación tabáquica… en definitiva, la farmacia del futuro, que es la de servicios más que la de la venta de productos, y en la que el farmacéutico esté capacitado para ofrecer todos estos servicios.

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