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VIGOREXIA Y ANABOLIZANTES El hígado, diana sensibl...

VIGOREXIA Y ANABOLIZANTES El hígado, diana sensible

VIGOREXIA Y ANABOLIZANTES El hígado, diana sensible

Según datos del primer Registro Nacional de Hepatoxicidad, en la última década se han contabilizado cerca de 900 casos de hepatotoxicidad debido a fármacos. De entre ellos, el consumo de anabolizantes, hormonas derivadas de la testosterona utilizados sobre todo en el entorno del fisioculturismo para el incremento de la masa muscular, ha adquirido gran protagonismo. Los expertos alertan de las consecuencias de tomarlos sin el debido control médico.

Una media del 5% de los casos de hepatitis que se diagnostican en la practica clínica se deben al consumo de fármacos. Según el primer Registro Nacional de Toxicidad Hepática, realizado por el Grupo Español para el Estudio de las Hepatopatías asociadas de los Medicamentos y presentado en el marco del congreso de la AEEH (Asociación Española para el Estudio del Hígado), desde 1994 hasta 2013 se han contabilizado cerca de 900 casos de hapatotoxicidad debido a fármacos, mientras que en los últimos tres años se han multiplicado por tres los casos de hepatotoxicidad producida por el consumo de anabolizantes, hormonas derivadas de la testosterona utilizados sobre todo en el entorno del fisioculturismo para el incremento de la masa muscular, y que aumentan entre un 20% y un 30% el riesgo de sufrir hepatitis. Se trata de un problema infrecuente pero potencialmente grave, que puede derivar del consumo de casi cualquier medicamento o producto de herboristería y medicina alternativa. La hepatitis tóxica es más grave y mortal que la hepatitis por causa viral, ya que al menos un 10% de los sujetos con hepatitis aguda tóxica necesitarán un trasplante o directamente fallecerán. La hepatotoxicidad es la responsable de un 5% de todos los ingresos hospitalarios y un 50% de todas las insuficiencias hepáticas agudas.

andradeEl doctor Raúl Andrade, miembro de la AEEH y director del Grupo Española para el Estudio de las Hepatopatías asociadas de los Medicamentos, define hepatotoxicidad como, cualquier daño hepático producido por fármacos o drogas. “Nuestro hígado está especialmente expuesto al daño tóxico justamente porque es el órgano encargado de eliminar los agentes extraños a nuestro organismo, proceso que se conoce como biotransformación”, explica. Actualmente existen más de 900 drogas relacionadas con el daño hepático y es la razón más frecuente para retirar un medicamento del mercado.

Aunque es cierto que hay algunos fármacos que al tomarse en dosis elevadas o por un largo periodo de tiempo pueden causar daños hepáticos debido a una sobredosis, en la mayor parte de casos la hepatotoxicidad es debida a una predisposición genética única del individuo, que hace que se generen metabolitos tóxicos en el hígado con independencia de la dosis ingerida. Es lo que se conoce como “toxicidad hepática idiosincrática”. Estos casos de daño hepático se producen incluso con una dosis terapéutica normal (la recomendada) y se dan en un promedio de una de cada diez mil personas que ingieren el fármaco.

Los medicamentos más hepatotóxicos
Los fármacos que producen hepatotoxicidad son medicamentos que se administran por vía oral, ya que los fármacos administrados por vía parenteral son, mayoritariamente eliminados directamente por vía renal y, por tanto, no es necesario que se procesen por el hígado con lo que en general (exceptuando los fármacos quimioterápicos) tienen menor riesgo de lesionar el hígado. Así lo explica el doctor Raúl Andrade, “la práctica totalidad de los medicamentos que se administran por vía oral, que son la mayoría de los fármacos, tienen que ser necesariamente absorbidos en el intestino y, para que esto suceda, requieren ser sustancias solubles en aceite (lipofilicas). Los medicamentos absorbidos llegan hasta el hígado dónde se transforman en sustancias solubles en agua (hidrofílicas) lo que permite que se pueden transportar a la sangre y finalmente ser eliminados por el riñón a través de la orina”. Cuando hay algún fallo en este proceso de biotransformación química de los fármacos dentro del hígado, es cuando se producen los casos de hepatotoxicidad. “Aun así, el mecanismo de producción de toxicidad hepática de cada fármaco es muy complejo y se desconoce el mecanismo exacto; lo que si sabemos es que se trata de una suma compleja de factores genéticos y ambientales que alteran el proceso, ya que también puede influir la respuesta inmunológica del sujeto, la misma composición del fármaco, la propia alimentación del paciente, etc.”, señala el experto; y añade, “es un problema infrecuente pero potencialmente grave que puede ocurrir con casi cualquier medicamento que encontramos en la farmacia. Una media del 5% de los casos de hepatitis que se diagnostican en la práctica clínica serían debido a los fármacos”.

Según los datos del primer Registro Nacional sobre la Toxicidad de los Fármacos, los medicamentos que con más frecuencia se han relacionado con un daño hepático encontramos, en primer lugar, la combinación de amoxicilina y ácido clavulánico, en segundo lugar los fármacos para el tratamiento de la tuberculosis, y, en tercer lugar, el ibuprofeno.

En cuanto a los posibles mecanismos de prevención para el desarrollo de toxicidad hepática, el doctor Raúl Andrade explica que “hay que ser muy cautos con la prescripción de los medicamentos nuevos ya que normalmente los casos reportados de toxicidad hepática se dan al cabo de meses y años después de la comercialización del fármaco. Otra recomendación sería estar muy atentos a los síntomas que experimenta el paciente cuando ya sabemos que el fármaco esta asociado a un cierto riesgo hepático, ya que el diagnóstico precoz y la inmediata suspensión del tratamiento es la mejor herramienta terapéutica debido a que no disponemos aun de antídotos ni tratamientos que reviertan la toxicidad hepática”, afirma.

De la toxicidad al fallo hepático agudo
La problemática de esta enfermedad recae en la dificultad del diagnóstico, ya que no existe un análisis concreto para su detección y los especialistas la detectan por descarte de otras enfermedades hepáticas, razón por la cual existe un infradiagnóstico de los casos. En este sentido el Dr. Raúl Andrade destaca que, “la toxicidad hepática se manifiesta con una hepatitis que puede evolucionar en algunos casos hacia un fallo hepático agudo, con lo que el sujeto necesitaría un trasplante hepático o hasta podría llegar a fallecer, y, en otros casos, la enfermedad puede evolucionar hacia una lesión hepática crónica e incluso irreversible. Así pues, se trata un problema que puede ser potencialmente mortal pero que a su vez es muy difícil de detectar ya que no existen indicadores específicos que, en una analítica, nos puedan señalar cuando un fármaco esta produciendo daño en un hígado, y sus manifestaciones clínicas, los síntomas, son los mismos que cualquier hepatitis viral. Lo que si sabemos es que la hepatitis tóxica es más grave que la hepatitis vírica ya que tiene una mortalidad mayor. De los sujetos que sufren una hepatitis aguda toxica al menos el 10% necesitarán un trasplante o morirán a causa de la hepatitis, cuando, por ejemplo, en el caso de las hepatitis B aguda este porcentaje es de menos del 1%”, señala el doctor Andrade; y añade que, “por suerte, en la mayor parte de las ocasiones cuando se suprime el tratamiento la evolución es satisfactoria y se produce una recuperación del daños hepático”.

Factores que pueden acentuar el daño hepático
1. La edad: otros datos que se extraen del mismo registro y que tienen un alto interés para el avance médico-científico son, por ejemplo, que la edad influye en la forma en como se manifiesta la toxicidad hepática. “Así, se ha visto que cuanto más avanzada es la edad del sujeto, más posibilidades hay de que la toxicidad se manifieste mediante un patrón del colestasis (vías biliares) y no mediante inflamación hepática, que es más típica.

2. Ser mujer: también se ha visto que la toxicidad hepática es más grave en la mujer, ya que se ha visto que la mujer joven con la bilirrubina muy elevada y una cifra elevada de trasaminasas (pruebas de inflamación hepática), es el perfil de máximo riesgo para desarrollar una evolución fulminante”, subraya el doctor Raul Andrade, quien añade que, “además también se esta trabajando en la investigación y el desarrollo de algoritmos que nos permitan detectar los casos de evolución fulminante de hepatitis”.

Vigorexia: obsesión por el músculo
Según el primer Registro Nacional de Toxicidad Hepática, realizado por el Grupo Español para el Estudio de las Hepatopatías asociadas de los Medicamentos y presentado en el marco del congreso de la AEEH, en los últimos tres años se han multiplicado por tres los casos de hepatotoxicidad producida por el consumo de anabolizantes, hormonas derivadas de la testosterona utilizados sobre todo en el entorno del fisioculturismo para el incremento de la masa muscular, y que aumentan entre un 20% y un 30% el riesgo de sufrir hepatitis. “Se trata de un fenómeno en crecimiento y potencialmente importante, ya que hemos visto como los casos de toxicidad hepática por el consumo de estas hormonas se han multiplicado por tres durante los tres últimos años. En concreto, durante el periodo de 1994 hasta 2009 se reportaron al registro un total de 685 casos, de los cuales 5 fueron debidos a la toma de esteroides anabolizantes en estas indicaciones. En estos tres últimos años, de 2010 a 2013, hemos contabilizado 161 casos y 15 de éstos fueron debidos al consumo de estas sustancias”, destaca el doctor Andrade.

Precisamente, el consumo de hormonas y anabolizantes y la práctica de ejercicio físico de forma compulsiva son los hábitos que adquieren los que padecen vigorexia, un trastorno psicológico que hace que las personas que lo padecen tengan una visión distorsionada de su físico. Es más habitual entre hombres de 18 a 35 años, de clase media-baja y con baja autoestima. Según explica el profesor Luis Rojo, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Valencia y jefe de la Sección de Psiquiatría Infanto-Juvenil y de Trastornos de Conducta Alimentaria del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia, el origen de los trastornos de la conducta alimentaria, entre los que se encuentra la vigorexia, se explica a partir de una alteración mental cuya expresión psicológica es un elevado nivel de insatisfacción personal, miedo a madurar, elevados índices de autoexigencia o ideas distorsionadas sobre el peso y la comida. Otros trastornos alimentarios más conocidos que se enmarcan dentro de este conjunto son la anorexia, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón, aunque últimamente han aparecido otros desórdenes como la ortorexia, potomanía, pregorexia, etcétera. “La potomanía, por ejemplo, que se corresponde con un consumo excesivo de líquidos es frecuente en la diabetes”. Respecto a la vigorexia, explica el profesor Luis Rojo, para considerarla enfermedad debe asociarse a otras limitaciones funcionales, interferencias sociales, laborales, personales, automedicación con anabolizantes y otras sustancias, baja autoestima, etcétera.

Una dieta correcta, siempre por delante
Según este experto, “en sujetos vulnerables a desarrollar patologías mentales una dieta restrictiva produce una serie de cambios biológicos y psicológicos que interfieren en su buen funcionamiento mental y corporal. Antes del verano, después de la Navidad y en época de exámenes este tipo de comportamiento es muy frecuente: aumenta significativamente el número de personas que decide ponerse a dieta sin consultar con un especialista”, apunta el psiquiatra.

basurtePor su parte, el doctor Ignacio Basurte, psiquiatra del Hospital Universitario Gregorio Marañón y secretario de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD), opina que “en la mayoría de los TCA suele haber una tendencia a la autoevaluación negativa y a la sobrevaloración física y general de las personas que rodean al afectado. Otra característica muy frecuente es la codependencia emocional: una obsesión continua por agradar y complacer a cualquier precio, similar a una adicción comportamental”.

“Generalmente, las personas que llegan a padecer estos problemas suelen ser inmaduras, introvertidas y, sobre todo, inconformes con su apariencia”, afirma Carlos Bernardos, director técnico de GO fit. El consumo de hormonas y anabolizantes y la práctica de ejercicio físico de forma compulsiva son los hábitos que adquieren los que padecen este trastorno. Además, tienden a seguir dietas totalmente desequilibradas y poco saludables, especialmente por el exceso de proteínas, hidratos de carbono y la poca cantidad de grasa. Los efectos secundarios más comunes son acné, problemas sexuales y cardíacos, lesiones hepáticas, retención de líquidos, cambios en la voz, en el carácter y trastornos metabólicos.

Esteroides anabolizantes retirados
Como consecuencia de la comunicación del elevado número de casos de hepatotoxicidad declarados en los últimos tres años, la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) decidió, el pasado mes de septiembre, retirar dos productos comercializados hasta el momento como complementos alimenticios, no como medicamentos, por suponer un importante riesgo para la salud pública. Estos dos productos, al no haber sido notificados a la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, tal y como viene estipulado en la legislación aplicable, no se estaban comercializando como tales. Según el doctor Raúl Andrade, “estos dos productos, comercializados como alternativa a los esteroides anabólicos para aumentar la masa y la fuerza muscular, se retiraron por contener metilepitiostanol, una prohormona que en el cuerpo se metaboliza dando lugar a la sustancia hormonal desoximetiltestosterona, que puede producir efectos adversos que, en función del individuo y de la duración del tratamiento, pueden ser importantes y, en ocasiones, irreversibles. Como todos los anabolizantes tienen múltiples síntomas adversos, no solo hepáticos, sino que además también pueden incrementar el riesgo de insuficiencia renal, la aparición de tumores, embolismos pulmonares, etc.”. “Aunque es imposible medir el riesgo hepático que producen los anabolizantes debido a que estos pacientes acuden al hospital cuando ya sufren un daño hepático avanzado y padecen un claro cuadro de ictericia, si sabemos que entre un 20% o 30% de las personas que consumen estas hormonas pueden desarrollar una hepatitis tóxica”, ha destacado el especialista.



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