Home Enfermedades Ni toda hernia acaba en quirófano ni la edad impide operarse: 7 mitos sobre la columna que conviene desterrar

Ni toda hernia acaba en quirófano ni la edad impide operarse: 7 mitos sobre la columna que conviene desterrar

por Redacción Consejos
cirugía

¿Una resonancia normal significa que no tienes nada? ¿Toda hernia discal termina en una operación? ¿Es mejor siempre una cirugía mínimamente invasiva? ¿Existe una edad a partir de la cual ya no merece la pena operarse?

Con motivo del Día Mundial de la Columna Vertebral, que se celebra el 16 de octubre, la Sociedad Española de Columna Vertebral (GEER) repasa algunas de las creencias más extendidas sobre el diagnóstico y tratamiento de las patologías de columna y recuerda una idea fundamental: cada paciente y cada problema requieren una valoración individualizada.

1. “Soy demasiado mayor para operarme”

No necesariamente. La edad es un factor a tener en cuenta, pero por sí sola no determina si una persona puede someterse o no a una cirugía de columna.

Dos personas de la misma edad pueden presentar situaciones completamente diferentes. Los especialistas valoran también las enfermedades asociadas, la autonomía, el estado físico, la calidad del hueso y el grado de fragilidad.

La decisión debe basarse en el equilibrio entre los riesgos de operar, los de no hacerlo y el beneficio que puede obtener el paciente.

2. “Si la resonancia es normal, no tengo nada”

Una resonancia sin alteraciones relevantes no significa que el dolor no exista.

En muchos casos de lumbalgia no se identifica una lesión anatómica concreta que explique los síntomas. Y también puede ocurrir lo contrario: encontrar cambios en una resonancia de una persona que no siente ningún dolor.

Por eso, las imágenes deben interpretarse junto con los síntomas, la historia clínica y la exploración física. De hecho, no se recomienda realizar pruebas de imagen de manera rutinaria ante una lumbalgia aguda si no existen señales de alarma.

3. “Toda hernia discal termina en una operación”

Falso. Muchas hernias discales evolucionan favorablemente sin cirugía.

Cuando no existe un déficit neurológico importante, el tratamiento conservador suele ser la primera opción. La cirugía puede plantearse si los síntomas persisten pese al tratamiento, existe una pérdida importante de fuerza, un empeoramiento neurológico progresivo o aparece un síndrome de cola de caballo.

Este último constituye una urgencia médica y puede provocar pérdida de sensibilidad en la zona genital y perianal, debilidad en las piernas o alteraciones para controlar la orina o las heces.

4. “Operarse siempre debe ser el último recurso”

No siempre.

En muchas patologías resulta adecuado comenzar por medidas no quirúrgicas, pero retrasar una intervención cuando realmente está indicada puede perjudicar la recuperación.

En determinadas situaciones, como un deterioro neurológico progresivo o un síndrome de cola de caballo, el tratamiento quirúrgico no debe demorarse.

La cuestión, por tanto, no es aguantar todo lo posible antes de operar, sino elegir el momento adecuado para cada paciente.

5. “Si me operan de una estenosis, puedo acabar en silla de ruedas”

La estenosis de canal lumbar consiste en un estrechamiento del espacio por el que discurren los nervios y puede provocar dolor, hormigueo, debilidad o dificultad para caminar.

Como en cualquier cirugía de columna existe un riesgo de complicaciones neurológicas, pero una lesión grave que termine provocando la pérdida permanente de movilidad no es el desenlace habitual de este tipo de intervención.

La cirugía busca precisamente ampliar el espacio disponible para los nervios comprimidos.

6. “La cirugía mínimamente invasiva siempre es mejor”

Una incisión más pequeña no significa automáticamente una cirugía mejor.

Las técnicas mínimamente invasivas pueden ofrecer ventajas en determinados procedimientos al reducir la agresión sobre músculos y tejidos. Sin embargo, hay intervenciones complejas en las que una cirugía abierta puede ser la opción más adecuada.

La técnica debe elegirse en función de la enfermedad, su complejidad, los objetivos de la cirugía y las características del paciente.

7. “Después de una operación cervical siempre hay que llevar collarín”

Tampoco.

El collarín puede ser necesario después de determinadas cirugías cervicales, pero no está indicado en todos los pacientes ni existe un tiempo universal de utilización.

Su uso depende del tipo de intervención, de las características de cada persona y de su evolución posterior.

No hay dos columnas iguales

Una misma enfermedad puede necesitar tratamientos distintos en personas diferentes. Por eso, el diagnóstico no debe basarse únicamente en una resonancia ni la decisión de operar puede depender exclusivamente de la edad.

Los especialistas del GEER recuerdan que hay que valorar conjuntamente los síntomas, la exploración, las pruebas diagnósticas, la evolución de la enfermedad y las características individuales del paciente.

Y esa valoración especializada es importante tanto para decidir cuándo operar como para determinar cuándo una intervención no es necesaria.

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