Los sofocos, las alteraciones del sueño o los cambios de peso suelen protagonizar las conversaciones sobre la menopausia. Sin embargo, hay otro cambio que ocurre de forma mucho más silenciosa: la pérdida de masa ósea.
Más de dos millones de mujeres españolas tienen entre 45 y 50 años, una etapa en la que suele comenzar la perimenopausia o menopausia temprana. Y las nuevas recomendaciones internacionales apuntan a que es precisamente entonces cuando conviene empezar a valorar el riesgo futuro de osteoporosis y fracturas.
Con motivo del Día Mundial de la Menopausia, el 18 de octubre, y del Día Mundial de la Osteoporosis, el día 20, la Fundación Hispana de Osteoporosis y Enfermedades Metabólicas Óseas (FHOEMO) y la Sociedad Española de Investigación Ósea y del Metabolismo Mineral (SEIOMM) insisten en la necesidad de adelantarse al problema.
¿Qué ocurre con los huesos durante la perimenopausia?
El descenso de los estrógenos que acompaña a la transición menopáusica acelera la pérdida de masa ósea, un proceso que puede comenzar años antes de que aparezca una consecuencia visible.
“Sabíamos desde hace años que los estrógenos influyen en el hueso. Lo novedoso es que las guías internacionales ahora nos piden evaluar el riesgo óseo ya en la perimenopausia, no cuando llega la fractura”, destaca el Dr. Santiago Palacios, presidente de FHOEMO.
Por eso, los especialistas consideran que la consulta de menopausia debería mirar más allá de sus síntomas más conocidos e incorporar también una valoración de la salud ósea.
¿Todas las mujeres necesitan una densitometría?
No necesariamente.
Las nuevas recomendaciones aconsejan realizar una evaluación del riesgo de pérdida ósea y fractura y, a partir de ella, decidir si son necesarias pruebas adicionales.
Pueden emplearse herramientas como FRAX, que calcula el riesgo de fractura teniendo en cuenta distintos factores clínicos. Cuando se detecta un riesgo elevado o existen otros motivos que lo justifiquen, puede indicarse una densitometría.
“Es preciso identificar a aquellas en las que tiene sentido actuar —densitometría, medidas de estilo de vida y, cuando proceda, tratamiento, incluida la terapia hormonal en perfiles adecuados—”, señala el Dr. Palacios.
Terapia hormonal y huesos: ¿qué papel tiene?
La terapia hormonal de la menopausia puede prevenir la pérdida de masa ósea y reducir el riesgo de fracturas. Las recomendaciones citadas por FHOEMO y SEIOMM contemplan su posible utilización en determinadas mujeres menores de 60 años, siempre tras una valoración individual de los beneficios y riesgos.
Esto no significa que todas las mujeres deban recibir tratamiento hormonal para prevenir la osteoporosis. La decisión depende de la edad, los factores de riesgo, los síntomas, los antecedentes personales y la situación clínica de cada mujer.
Una enfermedad que no avisa
La osteoporosis es una enfermedad metabólica ósea que puede desarrollarse durante años sin producir síntomas.
“La prevención debe comenzar mucho antes, mediante la identificación de factores de riesgo, hábitos saludables y una evaluación clínica individualizada”, explica el Dr. Guillermo Martínez Díaz-Guerra, endocrinólogo, investigador y expresidente de la SEIOMM.
El problema es que, en algunos casos, la primera señal de osteoporosis puede ser directamente una fractura.
Unas 300.000 fracturas por fragilidad cada año
Según los datos recogidos por FHOEMO y SEIOMM, cerca de tres millones de personas padecen osteoporosis en España y aproximadamente el 80% son mujeres.
Además, se producen alrededor de 300.000 fracturas por fragilidad al año, con un coste sanitario estimado de 4.000 millones de euros.
El estudio OsteoSER señala también que el 18,6% de las mujeres españolas de 50 años o más presenta osteoporosis densitométrica.
Después de una fractura, el riesgo no termina
Sufrir una primera fractura debería ser una señal de alarma para prevenir la siguiente.
Sin embargo, los datos del Registro Nacional de Fracturas de Cadera muestran que en 2024 el 41,5% de los pacientes no recibía tratamiento osteoprotector un mes después de una fractura de cadera.
La situación ha mejorado respecto a 2017, pero todavía aproximadamente cuatro de cada diez pacientes quedan sin tratamiento de prevención secundaria.
Y es especialmente importante actuar porque, después de una fractura por fragilidad, el riesgo de sufrir otra aumenta considerablemente y es especialmente elevado durante los primeros uno o dos años.
Una fractura no debería terminar solo con el alta
Las sociedades científicas españolas defienden que después de una fractura de cadera por fragilidad debe establecerse un plan de prevención de nuevas fracturas.
Esto incluye valorar la existencia de osteoporosis, iniciar tratamiento cuando esté indicado, prevenir las caídas, realizar seguimiento y ofrecer educación sanitaria al paciente.
“Tenemos una oportunidad a los 45-55 años, cuando la mujer entra en perimenopausia. Tenemos otra cuando identificamos riesgo. Tenemos una tercera tras la primera fractura. Y seguimos perdiendo oportunidades”, concluye el Dr. Palacios.
