En tu organismo hay bacterias que están conviviendo contigo, sin producirte ningún mal. Algunas de ellas podrían originarte una enfermedad si estuvieran en cantidad suficiente. Pero tu cuerpo se encarga de mantenerlas a raya. Cuando tomas algún antibiótico por tu cuenta, las bacterias se defienden como pueden. Eso lo pueden hacer modificando su forma de vivir para
prevenir el ataque del antibiótico. De esa manera, como el antibiótico no puede modificar su acción, las bacterias seguirá viviendo porque han aprendido a resistir la acción del antibiótico. Es decir, han adquirido resistencia al antibiótico. Esto sí es grave.
Una bacteria resistente puede crecer sin problemas, en tu organismo o trasladándose a otros. Así, pueden generar enfermedades infecciosas que son inmunes a los antibióticos. Comprenderás que eso es terrible. Necesitaremos cada vez más dosis de antibiótico para combatir a las bacterias. O lo que es peor, necesitaremos unos antibióticos nuevos para poder luchar contra ellas ¡los actuales no valdrán!
Recuerda:
– Para que te receten un antibiótico, tu médico debe comprobar que tienes una infección por bacterias
– Todos los antibióticos necesitan une receta médica
– Si te han sobrado de otra vez anterior, no los guardes. Devuélvelos en la farmacia
– Sigue al pie de la letra las instrucciones de cómo tomarlos, en qué dosis y durante cuántos días
– Si te lo han recetado durante unos días, no dejes de tomarlo antes de tiempo, aunque te encuentres bien
– Un resfriado, una gripe o un dolor de garganta no necesitarán un antibiótico
