Los concursantes duermen acompañados de un pulsómetro digital que controla su ritmo cardíaco y cuyos datos obtenidos son valorados por la doctora Lila Chuecas, encargada de controlar en qué momento empieza el sueño y durante cuánto tiempo se prolonga. Chuecas asegura que este breve pero plácido sueño permite, a corto plazo, recargar energía y relajarse «lo que aumenta nuestra capacidad de aprendizaje», además de mejorar nuestro ritmo cardiovascular, a medio y largo plazo, «para una mejor calidad de vida».
En el concurso también los ronquidos de los que duermen tiene calificación. Un aparato encargado de medir los decibelios emitidos por el participante decide si los ruidos tiene premio. Los organizadores del evento no se han olvidado de los más sensibles, y para evitar que sus sueños sean truncados, aquellos que lo necesiten pueden contar con tapones para los oídos e incluso antifaces, aunque utilizarlos, como no, resta puntos.
Una copiosa comida tras un viaje de placer incitó a un grupo de amigos a echarse una buena siesta, que, lejos de los veinte minutos que recomiendan los expertos, duró casi dos días en uno de los casos. Esa fue la idea original que ha dado lugar a este «I Campeonato Nacional de
Siesta». Así lo ha explicado el presidente de la Asociación de Amigos de la Siesta, David Blanco, que advierte que la sociedad moderna «está perdiendo este hábito saludable que no sólo es una costumbre española, sino muy latina». Blanco asegura que la siesta es «el deporte nacional español» y que se siente como un «caballero» que defenderá «a capa y espada» este hábito, junto a los demás miembros de la asociación nacional.
El ganador del certamen no solo será el primer campeón nacional de siesta, sino que obtendrá un trofeo y un premio en metálico de 1.000 euros. También tendrán premio el segundo y tercer clasificado, así como los ganadores de cada ronda clasificatoria.
