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Campaña para sensibilizar al inmigrante sobre la hepatitis B

por Redacción Consejos
Busco Amigo. Soy una chica guapa y simpática. Puedo ser silenciosa y discreta. Podrías ni enterarte de que estoy ahí hasta que sea tarde. Tal vez te suena mi nombre: Soy hepatitis B. ¿Me conoces? Este mensaje, impreso en un papel tamaño cuartilla, se colgará a partir de mañana en paredes y escaparates de supermercados, locutorios o peluquerías para que la población inmigrante tome conciencia de los peligros que podría entrañar no detectar a tiempo la hepatitis B.

Para evitarlos, es preciso saber cuáles son las conductas de riesgo y, en su caso, hacerse la prueba que determina si hay o no infección. Este es el objetivo de la campaña informativa Soy Hepatitis B. ¿Me conoces? que mañana arranca en Madrid promovida por Bristol-Myers Squibb con el apoyo de la Asociación Catalana de Hepatitis (ASSCAT).

La idea de dirigir la campaña a este tipo de población se debe a que una gran parte de los diagnósticos de la hepatitis B en España se producen en inmigrantes que proceden de países donde la enfermedad es endémica1. De ahí también que se haya optado por presentar estos mensajes de un modo muy cercano, “a pie de calle”, utilizando el mismo sistema que emplean normalmente para buscar piso o trabajo. En la parte baja del anuncio, en lugar de los habituales teléfonos de contacto que el interesado recorta y lleva consigo, habrá un texto breve que remite a una página web (www.hepatitisbinfo.es) con información básica sobre la enfermedad. El objetivo de la campaña es contribuir a detectar la infección en aquellos pacientes que ignoran su condición de infectados porque esta patología no siempre provoca síntomas2.

Perfil de infectado
Según el doctor José Antonio Pérez Molina, del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, la experiencia del día a día revela que el inmigrante con hepatitis B que vive en España suele ser un varón joven que ignora que se ha infectado. Este perfil coincide con la realidad que se encuentran los profesionales cada día en la consulta. “La hepatitis B es entre 50 y 100 veces más contagiosa que el VIH. Sin embargo, mientras que casi todo el mundo ha oído o conoce algo del SIDA, la hepatitis B sigue siendo una gran desconocida para la mayoría de la población. El desconocimiento es común entre las personas inmigrantes”.

Sólo en Europa unos 14 millones de personas tienen infección crónica y cerca de 40.000 fallecen a causa de la infección, según el Grupo Español de Estudio de la Hepatitis B2. El doctor Pérez Molina afirma que en España se estima que hay unos 500.000 portadores del virus, es decir personas cuya infección se ha hecho crónica. De este medio millón, unos 100.000 presentan una enfermedad activa con signos de lesión del hígado. Asimismo, según  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentoseste experto, una de cada veinte personas infectadas se convierte en portadora del virus y puede infectar a otros sin desarrollar ningún signo de alerta. Por eso, como indica el doctor Pérez Molina, la principal barrera para el diagnóstico precoz es la falta de información que existe en torno a esta enfermedad. “Es esencial ser más proactivo a la hora de ofrecer la prueba a inmigrantes que vienen de países con incidencia alta de hepatitis B, pero también a españoles no vacunados que han tenido alguna conducta de riesgo. Hoy por hoy tenemos opciones de tratamiento que justifican un diagnóstico temprano porque se puede mejorar el pronóstico de la infección”, añade.

Latinoamericanos
“Los inmigrantes que proceden de países latinoamericanos no tienen la barrera del idioma que puedan tener, por ejemplo, los chinos, en los que la hepatitis B es común, pero están tan desinformados como el resto de la población”, destaca el doctor Pérez Molina. Según este experto, “en España, cerca de un 2-3% de los inmigrantes que proceden de Latinoamérica se ha contagiado por el virus B de la hepatitis y suele afectar, sobre todo, a varones de entre 30 y 50 años”.

Para el doctor Pérez Molina, es fundamental informar a este colectivo sobre los riesgos y la potencial gravedad que podría tener su enfermedad para que aprendan a no transmitir el virus, una vez se les ha diagnosticado. “Es una responsabilidad no sólo con ellos mismos sino también con su entorno. Culturalmente los pacientes latinoamericanos son más cercanos y es más fácil hacerles llegar estos mensajes. Es esencial explicarles muy bien qué tienen y cómo va a evolucionar para que actúen en consecuencia. Hay opciones de tratamiento para mantener la enfermedad bajo control”, señala este experto.

Actualmente, la prevalencia de hepatitis B en Suramérica es superior a la de nuestro país3. “Tienen una  prevalencia entre un 2 y un 5%; la mayor concentración de casos se localiza en los países de la cuenca amazónica”, expone el doctor Molina.

La condición de inmigrante no es una barrera para acceder al sistema sanitario español. El verdadero inconveniente es, según el doctor Pérez Molina, la escasa sensibilización ante este problema de salud. “Hay un desconocimiento general ligado en buena medida al hecho de que estamos ante una enfermedad que no siempre cursa con síntomas específicos. Muchos casos los detectamos por casualidad, porque se hacen un análisis por otro motivo o bien porque la infección ha evolucionado y ya están enfermos. Inmigrantes y no inmigrantes, todos deberíamos conocer las vías de contagio y en caso de haber incurrido en alguna práctica de riesgo hacerse la prueba, único modo de confirmar el diagnóstico”, explica este especialista.

En España se ha conseguido frenar la transmisión de la hepatitis B gracias a la vacunación, disponible desde los años noventa2. “Aunque la cobertura fue amplia desde el principio, no se implantó en todas las comunidades a la vez. Por otra parte, la disponibilidad de la vacuna no debe hacernos olvidar que hay un grupo de españoles que pueden infectarse, personas mayores de 30 años que no están vacunados y que tienen conductas de riesgo. En este grupo, al igual que en los inmigrantes que vienen de determinados países de Asia, África, Europa del Este y Suramérica, lo ideal es ofrecer la prueba y no esperar a la aparición de los síntomas. Cuando la hepatitis B se manifiesta ya puede ser tarde”, explica el doctor Pérez Molina.

El valor de la prueba
La prueba de la hepatitis B es un test serológico sencillo y barato. Con esta herramienta, los médicos persiguen un doble objetivo: controlar al portador del virus para reducir el riesgo de que la enfermedad progrese y vacunar a las personas de su entorno para evitar el contagio. El doctor Pérez Molina aclara que cuando se hace un screening para detectar precozmente una enfermedad debe antes valorarse cuál es el beneficio real para el paciente. “No tendría sentido hacerle la prueba a un paciente que no va a tener problemas en quince o veinte años si a cambio no le podemos ofrecer nada que no sea más estrés y mayor riesgo de estigma. Afortunadamente la situación ha ido cambiando en los últimos años y vamos contando con tratamientos eficaces, que son además menos tóxicos, por ejemplo, que los del VIH. La medicación desempeña un papel esencial para reducir el riesgo de cáncer de hígado y de cirrosis. Por eso la prueba tiene sentido y aparte podemos evitar que se  transmita el virus”.

En este contexto, las campañas de divulgación son especialmente eficaces para llegar a aquellos pacientes que, al permanecer asintomáticos, nunca contactarían con el sistema de salud. “La población debe contar con la información precisa para después actuar en consecuencia. Es importante que conozcan cuáles son los factores de riesgo, las vías de contagio, etc.”, insiste el doctor Pérez Molina. En el caso de las embarazadas esta prueba está incluída en las que se realizan de rutina en las consultas de obstetricia.

Modo de transmisión
Muchas personas infectadas por el virus B de la hepatitis no presentan ningún síntoma aunque pueden transmitir el virus2. Las vías de transmisión principales son:
    ? Transmisión sexual
    ? Transfusiones de sangre o de productos sanguíneos donde no se cuente con     el control adecuado.
    ? Si no se aplica

n las técnicas de esterilización adecuadas durante     procedimientos médicos u odontológicos    
    ? De la madre infectada al hijo durante el parto.
    ? Compartiendo jeringuillas, al inyectarse drogas intravenosas.
  ? Compartiendo tubos, billetes, etcétera, para esnifar cocaína (la cocaína es     particularmente alcalina y corrosiva).
? Tatuándose o realizándose piercings sin la adecuada esterilización del     equipo.
    ? Compartiendo cuchillas de afeitar, cepillos de dientes u otros utensilios con personas con hepatitis B.
El virus se encuentra en los fluidos corporales de la persona infectada, lo que incluye sangre, semen, saliva y orina. La hepatitis B no se contagia a través de alimentos, agua o al compartir utensilios para comer.
    
Hepatitis B en España
En España, el programa de vacunación de la hepatitis B se implementó en todo el país a partir de 20023,. No obstante, los expertos advierten de que en los ya infectados la vacunación no evita que la enfermedad se haga crónica, situación que se produce en el 1-5% de los casos en adultos con el sistema inmune debilitado4. Teniendo en cuenta que en todo el mundo unos 2.000 millones de personas han sido infectadas, se calcula que, de ellos, más de 350 millones ya han cronificado la enfermedad4.

Incidencia creciente
En nuestro país, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (agosto, 2010) reflejan un aumento progresivo de nuevas infecciones por el virus B de la hepatitis entre los años 2005, con 659 casos registrados, y 2008, con 1007, que es la cifra más elevada desde el año 1998 (1.134)5. Se calcula que cada año se producen 4,5 millones infecciones en todo el mundo6.

Si el paciente con hepatitis B crónica no recibe tratamiento, su riesgo de sufrir una cirrosis o cáncer de hígado aumenta entre un 15 y un 40 %, lo que puede conllevar a la necesidad de realizar un trasplante hepático. Aproximadamente el 50-80% de los casos de cáncer de hígado se relacionan con el virus de la hepatitis B 4.

Se estima que el 36% de los pacientes con hepatitis B crónica activa sin tratar, podrían  morir dentro de 20 años debido a complicaciones hepáticas7.

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