El trabajador sanitario, uno de los más “quemados”

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Las largas jornadas a las que está sometido el profesional sanitario generan mucho estrés, esto es lo que se conoce como el síndrome del burnout, que se traduciría por “estar quemado”. El estrés continuado ante una situación, en estilos de vida poco adecuados, se pueden transformar en el estado constante del cuerpo, acarreando problemas para la salud. Es más, ese estado de exceso de estrés provoca una sobrecarga de tensión que repercute en el organismo humano y provoca la aparición de enfermedades y anomalías patológicas que impiden el normal desarrollo y funcionamiento del cuerpo humano.

Algunos de los síntomas que marcan una sobrecarga son los olvidos, alteraciones en el ánimo, nerviosismo, falta de concentración, fatiga crónica, ineficacia en el trabajo o incluso negación de los errores cometidos. En las mujeres, además, también puede venir acompañado de cambios hormonales o dolores abdominales, entre otros. Muchos psicólogos recomiendan para combatir el burnout, trabajar la mente, centrándose sólo en un momento dado, sin juicio alguno. Con esto se consigue que le individuo se concentre y acepte las situaciones tal y cómo son, sin considerarlas amenazantes ni estresantes.

Este agobio o insatisfacción que sufre el profesional, que puede acarrear menor nivel de atención, más errores en el trato al paciente y en el diagnóstico, e incluso menos empatía y peores relaciones con las personas a las que atienden.

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