El experto participará en la conferencia inaugural, abierta al público y gratuita, que lleva por título ¿Influye la meteorología en la Salud Mental? y que será pronunciada al alimón, junto a Mónica López Moyano, licenciada en Física de la Tierra y el Cosmos, [y presentadora del tiempo en TV3 de Catalunya y en TVE, quien va a introducir las variables que constituyen la meteorología, con especial atención a España. La ponencia se desarrollará mañana miércoles 7 de marzo de 2012 a partir de las 19:30 horas en el Palacio Europa de Vitoria-Gazteiz y versará sobre la influencia que tiene la climatología en la salud mental.
Subraya el experto que “el análisis del clima ofrece un resumen de todo lo que ocurre en un año en un lugar e incluye aspectos lumínicos y meteorológicos. Dentro de este parámetro, los meteoritos, la lluvia y la humedad tienen más relación con la ansiedad, mientras que los cambios estacionales están más relacionados con trastornos afectivos”.
En este aparatado de los trastornos afectivos se incluyen “la euforia, la depresión y los trastornos bipolares. El más típico quizás sea la depresión, aunque, relacionado con las estaciones, incluso existe un trastorno llamado afectivo estacional que se caracteriza por una caída del estado de ánimo durante el invierno, coincidiendo con una disminución de la luz, y una mayor dificultad para realizar distintas funciones, más lentitud, un bajo estado de ánimo y menos vida social. Pero, cuando cambia la luminosidad, a finales de la primavera y principios del verano, ocurre el efecto contrario. La persona que lo padece es capaz de moverse más y siente más euforia. No es infrecuente que en el invierno tenga más apetito y aumente de peso y que, cuando llegue el verano, baje de peso”.
“A veces”, prosigue el experto, “este trastorno no es muy intenso y, a menudo, se ve gente que no lo percibe como tal. Pero es algo identificable. En algunos casos, puede haber depresiones más graves, endógenas, que precisan ingreso. En realidad, cuando se hace referencia al trastorno afectivo estacional hablamos de un trastorno menos grave, que afecta a en torno el 15% de la población de una manera u otra. Es más frecuente en mujeres, como la mayor parte de trastornos afectivos; al igual que la depresión y la ansiedad.”
El calor y el frío tienen un efecto distinto. En ello incide el especialista. “En el caso del calor, las personas con trastornos de ansiedad lo toleran peor, suelen tener una disfunción vegetativa más complicada; no es infrecuente que estas personas se encuentren agotadas. El frío es un aspecto menos estudiado. En cambio, se sabe que la luz tiene efectos sorprendentes e, incluso, se utiliza como tratamiento para la depresión o en personas más letárgicas en invierno y, en verano, en aquellas más eufóricas”.
Aquí aparecen soluciones sorprendentes. “A este tipo de personas se les proporciona una lámpara que da una dosis de luz determinada. Informa al cerebro, a través de la glándula pineal, como si fuera un despertador. Actúa sobre la parte emocional de la persona y mejoran. Esta lámpara se usa, incluso, utiliza en los viajes trasatlánticos; al cambiar de lugar, cambia el ritmo del día y esta lámpara permite sincronizar el reloj biológico”.
“La lámpara permite recuperar los ritmos biológicos”, asegura el experto. “Cada persona somos parte de un entorno ecológico, pero la luz artificial hace que el cuerpo ande un poco despistado. Ir al ritmo de la luz del día y de la noche es fundamental, pero el cuerpo está casi perdido. Esta lámpara nos recuerda que debemos responder a los estímulos naturales. Su uso está condicionado al tipo de trastorno que se trate. Si es para tratar la depresión estacional, se debe utilizar todo el invierno; si es para el jet lag, una semana”.
¿Quiénes son las personas meteorosensibles o sensibles a los cambios estacionales? ¿Qué hacer con aquellas que están más afectas respecto a esos fenómenos que, a veces, perciben de forma exagerada? “Para conocer si una persona es meteorosensible o no tiene que ser el propio individuo quien lo observe con los cambios meteorológicos, por ejemplo, si antes de llover se encuentra muy mal y, después, mejora mucho o cuando está nublado cambia su ánimo y cuando aparece el sol, se siente mejor”.
El calor eleva la irritabilidad e incita a una conducta más agresiva, según un artículo publicado en Psychiatric Services por el equipo de Bulbena. Asimismo, es conocido que en la época del año de mayor luminosidad empeoran los cuadros eufóricos y maníacos. Mientras que los trastornos depresivos y de ansiedad, empeoran más en otoño, informa Bulbena.
La Organización Mundial de la Salud y la OMM vienen prestando especial atención desde 1975 a la electricidad atmosférica y a los procesos de ionización en la baja atmósfera por sus claras repercusiones en la salud de las personas. Publicaciones más clásicas, hablan del Foehn (viento sur) así como los vientos terrales, cálidos y resecos, que pueden agravar o aumentar localmente diversos trastornos psicológicos. Entre ellos, destacan por su incidencia los trastornos depresivos, estados de ansiedad e inquietud, síndrome de agitación psicomotriz, irritabilidad, jaquecas, disminución de la atención, excitación nerviosa y muy especialmente el aumento de la agresividad”.
