Las mujeres que sufren migraña o la han padecido en el pasado tienen un mayor riesgo de desarrollar depresión en comparación con aquéllas que nunca han tenido un episodio de esta afección neurológica.
Hasta la fecha, esta afirmación era sólo una sospecha clínica, pero ahora investigadores del Hospital de Mujeres de Brigham, en Boston, y del Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica de Francia, la confirman por primera vez gracias a los resultados, publicados la semana pasada, de un estudio realizado en base poblacional, que será presentado en la Reunión Anual de la Academia Americana de Neurología, el próximo mes de abril.
Los autores analizaron la relación entre migraña y depresión en 36.154 mujeres sin depresión enroladas en el Estudio de la Salud de la Mujer americano y fueron divididas en cuatro grupos: migraña activa con aura, sin aura, con antecedentes de migraña o sin ellos. El análisis reveló que 6.456 mujeres sufrían migraña en la actualidad o lo habían hecho en el pasado. De éstas, y tras catorce años de seguimiento, 3.971 desarrollaron depresión.
Según el estudio, las féminas con historia de migraña eran hasta un 40 por ciento más propensas a sufrir la patología psiquiátrica y los resultados eran independientes de si la mujer la tenía con aura o no. «Es novedoso que por fin se relacione, sobre todo porque la prevalencia en mujeres es más elevada», indica Samuel Díaz, coordinador del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología (SEN). A partir de ahora, indica, «debemos estar alerta a los síntomas depresivos en pacientes con migraña y tratar esta comorbilidad para que mejoren».
La sospecha que teníamos, continúa Javier Carod, del Hospital Virgen de la Luz, en Cuenca, era para migraña crónica (más de 15 días de episodios por mes en los últimos 90 días), pero el estudio habla de migraña episódica (casos aislados, uno al mes, por ejemplo), lo que supone un nuevo reto».
Pero, ¿en qué radica tal asociación? La fisiopatogenia exacta no se conoce, explica Carod, pero una de las hipótesis es que la alteración de los neurotransmisores (ver cuadro) afecta a los niveles de serotonina, que están directamente relacionados con la depresión.
Síntomas premonitorios
La mayoría de casos de migraña se debe a una predisposición genética. En la infancia es difícil que ésta se diagnostique y la prevalencia es muy baja, pero «existen una serie de síndromes periódicos, como dolores abdominales, mareos o vómitos en los niños que, sin quejarse de cefalea, pueden ser síntomas premonitorios de una crisis de migraña incompleta», explica Díaz.
A éstos se suma ahora la primera evidencia de estas crisis en bebés. Científicos de la Universidad de California, en San Francisco, sugieren que cuando se tiene una madre migrañosa el bebé presenta dos veces más probabilidades de sufrir cólicos, lo que puede ser una manifestación de que ha heredado la enfermedad. El trabajo, realizado en 154 madres, «es una llamada de atención para futuros estudios con una casuística mayor», concluye Carod.
