En la educación infantil (3-6 años) no hay ninguna normativa que regule la siesta. Cada colegio hace lo que puede en función de sus horarios, personal e instalaciones. El resultado: en muchos centros las condiciones no son las idóneas (los pequeños duermen apoyando la cabeza sobre el pupitre) y en algunos, la siesta desaparece demasiado pronto.
Dada la importancia que tiene mantener la siesta hasta los cinco años, el criterio del colegio respecto a la siesta debería ser un aspecto a tener en cuenta antes de elegir un centro para nuestros hijos. Según explica el Dr Gonzalo Pin, pediatra jefe de la Unidad del Sueño del Hospital Quirón de Valencia y asesor de sueño de la revista Ser Padres: “La siesta es necesaria hasta los cinco años. Si niño no descansa después de comer, se mostrará intranquilo
y nervioso por la tarde y tampoco descansará bien de noche, llegará excitado e inquieto. Con la siesta, el niño elimina la tensión, el cansancio que ha acumulado durante la mañana, descansa y recupera fuerzas para enfrentarse a los juegos y actividades de la tarde”.
El doctor Gonzalo Pin, añade que «sería necesario que tanto las instituciones públicas como privadas, los responsables sanitarios y educativos, los medios de comunicación y, especialmente, los responsables de los menores valorarán, en su justa medida, las necesidades de sueño de los niños e intentasen, por todos los medios, transmitirles el valor del sueño y sus necesidades así como, ofertarles la oportunidad de dormir la horas que necesitan adecuando sus horarios y actividades” .
Consecuencias en el niño si le quitamos la siesta cuando la necesita
• Problemas en el desarrollo del lenguaje. La doctora Reyes
Hernández, pediatra del grupo del sueño de la Sociedad Española de
Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria explica que «la
maduración cerebral del niño requiere de un número determinado de
siestas que va disminuyendo con la edad. Si las eliminamos
obligatoriamente, la fijación de las cosas aprendidas se resiente,
disminuyendo claramente la capacidad de aprendizaje».
• Irritabilidad, falta de interés, terrores nocturnos…
• Puede afectar al desarrollo físico, ya que durante el sueño
aumentan las defensas y se segrega la hormona del crecimiento, incluso
se reduce el colesterol y el exceso de adrenalina.
