Pedro Alonso: “En mi familia no me han dado una sola aspirina en toda mi vida”

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Curtido en las series de televisión con más audiencia de los últimos veinte años, desde Hospital Central hasta El Comisario, pasando por Gran Hotel, Pedro Alonso alcanzó algunos momentos de oro en la serie El Ministerio del Tiempo, aunque ha sido finalmente La Casa de Papel la que ha hecho internacionalmente popular su cara.
Un éxito global que le ha permitido realizar uno de sus sueños: escribir una novela. Además, descubrimos hace ya algún tiempo que al actor vigués le gustaba pintar, y que se había retirado a la selva para escribir. Hace unos meses estrenaba El Silencio del Pantano (debut en el cine del director Marc Vigil, accesible ahora en la plataforma Netflix), un thriller con pinceladas noir que mezcla política, narcotráfico y literatura, ambientado en el parque natural de La Albufera valenciana, lejos de los otros parajes tópicos del narco cinematográfico, las Rías Baixas, de donde es oriundo nuestro protagonista. La novela, ambientada en la Roma Imperial, estará pronto en los escaparates de las librerías.

Esta película tiene como argumento la novela de Juanjo Braulio, El Silencio del Pantano pero ¿es totalmente fiel al texto original?
La película ha sido reeditada y reescrita muy intensamente en la sala de montaje. Es una adaptación de una novela, fue una versión muy libre ya cuando se escribió el guion. En el rodaje se ajustaron cosas y en el montaje se ha convertido en otra versión diferente. Hice esta película por una razón fundamental, incluso sin leerme el guión la hubiese hecho, por Marc Vigil, el director, que tiene una experiencia superlarga en televisión. Coincidí con él haciendo dos capítulos de El Ministerio del Tiempo y ha sido una de las pocas veces en mi vida profesional en la que se produjo una historia de amor desatada con un director. A las cuatro semanas se rodó un capítulo sobre Los Últimos de Filipinas y me cayó en gracia un personaje, el teniente Saturnino Martín Cerezo. Me dio mucha rabia que no tuviese más desarrollo porque era una bomba, un loco perdido. Nos entendimos muy bien y recuerdo que en la última semana los dos acordamos que teníamos que trabajar lo más posible hasta que uno de los dos la palmase. Así que, simplemente cuando él me lo planteó, me fui de cabeza.

¿Dentro de qué género podría encuadrarse El Silencio del Pantano?
Es un “trhiller” psicológico que habla de la miseria moral pero, paradójicamente, con un gusto estético que tiene muchísima clase aunque todo huela a podrido. Una cosa que ha crecido durante el montaje es la línea argumental de la película, que se mezcla con lo que está escribiendo el autor, y en esta intersección, uno no sabe lo que es ficción y lo que es realidad, un recurso cinematográficamente muy interesante.

Parece haber sufrido una evidente transformación física a la hora de interpretar a este personaje tan oscuro…
El proceso fue arduo, muy áspero para mí, porque me paso el noventa por cien de la película solo, sin hablar con nadie. Es un personaje muy introspectivo. Esto te hace dudar, pues estás trabajando solo durante dos meses, si se va a entender algo. Es un personaje muy disociado, cuando le pasa una cosa está expresando otra, y además tiene siempre una especie de coraza. Tenía mucha confianza en el poderío visual de Marc, en su gusto para rodar, pero la he visto y sentí que el viaje ha merecido la pena.

La Casa de Papel es una serie éxito internacional que ha significado un salto de gigante para usted en cuanto a la fama…
Si, durante el tiempo que se ha ido articulando la magnitud del pelotazo, costaba creéselo, hemos ido creciendo y creciendo, se ha convertido en un éxito mundial que nos ha dado visibilidad en todo el mundo, es algo de locos. He viajado mucho en los tres últimos años y he comprobado que estoy en todas partes, da igual a donde me vaya, a las Bermudas o al desierto de San Luís de Potosí en México, se ve en todo el mundo. Hay que tomarlo con perspectiva, me ha pillado en un momento en el que estoy tranquilo y centrado en mis inquietudes, con la ventaja de volver con trabajo, con todo el cuidado y con todo el respeto, a este pedazo de ola que supone mucho ruido, pero también oportunidades.

En estos últimos años parece que ya no existe diferencia entre rodar para televisión o para cine ¿o no es así exactamente?
Por mi experiencia, no. En el caso del Silencio del Pantano, no, porque es una producción potente, con muchos exteriores, muy cuidada, hasta hace poco había hecho más televisión que cine. Creo que se ha igualado, no en todas las series, pero en España hay producciones de televisión muy competitivas, y no solamente para el mercado nacional. Esta frontera ha saltado por los aires, se rueda con la intención de salir a competir en todo el mundo, y creo que esto irá a más. España se ha convertido en un país de referencia para el mercado latino en cuanto a la calidad. Ya han desembarcado Netflix, y vienen los de Amazon o la HBO, es un lugar estratégico para todo lo que engloba España, Europa y Latinoamérica. Estamos en un momento difícil, y aunque creo que no hay que ser triunfalistas, también se vive una explosión creativa.
En todo caso, gracias a la serie, habrás recibido ofertas que antes no habrían sido posibles…
La experiencia me ha enseñado a ser muy cauto y no sabremos hasta dentro de unos años en qué se ha convertido la carrera de cada uno de los que hemos estado en la serie. He recibido ofertas de todo el mundo. No necesariamente todas buenas, solamente he hecho una película el año pasado. Acabo de terminar la novela que estaba escribiendo, y he dicho no a unos cuantos trabajos en diferentes países. Para mí era importante encontrar un equilibrio. He pasado ya bastantes años pintando mucho y unos cuantos años escribiendo mucho también, y en este momento propicio y de gran visibilidad, he podido decir que no, algo que un actor a veces no puede decir, para invertir el tiempo en cosas que he venido haciendo desde hace años.

Ha invertido su tiempo, por ejemplo, en hacer una novela ¿Qué nos puede decir sobre ella?
Está editada por Penguin Random House. Se titula El Libro de Filipo, es el segundo libro que escribo. Es la historia de un soldado romano en tiempos del Imperio, peleado con el mundo. Su mentor le envía a Oriente a hacer trabajo de campo, trata de averiguar quién puede suponer un problema en la expansión del Imperio. Cuando conoce al líder de un grupo rebelde, le cambia la vida. Es un relato iniciático de transformación, pero hay otras sorpresas.

Sabemos que su presentación ha sido postpuesta por causa del Covid19, dado que todas las ferias de libro han sido canceladas ¿Se sabe ya cuándo se va a presentar al público?
“El Libro de Filipo”, como todo, tuvo que retrasarse por la pandemia. Pero ya puedo confirmar que su fecha de publicación en España será el día 4 de junio. No solo como libro físico en las librerías, sino también como audio libro (que grabaré yo mismo, exceptuando el prólogo que escribió y leerá Tatiana Djordjevic). También se publicará en Miami, Argentina, Colombia, Uruguay, Perú y México próximamente (durante el verano iré anunciando fechas). Y estamos en conversaciones con más países de Latinoamérica, pero también ya con Italia. Todo apunta a que habrá más traducciones. Iremos paso a paso, vivimos tiempos inciertos. Confío en que el libro me salga viajero. Filipo, el protagonista de la historia, también lo es.

¿Cómo ha sido que la inspiración ha nacido del mundo de la Roma imperial?
El libro anterior que escribí era de no ficción, sobre mi vida y otras cosas, pero no tuve el valor de publicarlo, no tengo la distancia suficiente para hacerlo. En un momento determinado conocí a la que es hoy mi pareja, y resulta que hace regresiones hipnóticas a otras vidas. Me propuso hacer una regresión, fue una experiencia muy intensa en la que yo era Filipo en otra vida. Aquella regresión daba para un cuento, pero se ha convertido en una novela tras dos años de trabajo. Lo publicaré en la sección de no ficción de Penguin Random House. Habrá gente que piense que estoy flipado, pero lo cierto es que yo era Filipo, no me he inventado el eje central del relato. Soy Filipo en otra vida, hay un prefacio y un epílogo en el que hablo desde el tiempo presente, mezclando la narración en tiempo de Filipo con el tiempo actual.

Parece que esta época es de gran creatividad para usted, con un gran despliegue de energía…
Estoy utilizando este momento propicio para dar cada paso con toda la propiedad y con todo el compromiso, en vez de volverme loco haciendo ochenta mil cosas. Me ha pillado en un momento de la vida más tranquilo y he decidido no atosigarme, ni cegarme, sino reforzar la calidad de cada uno de mis pasos, con la posibilidad de que me vuela a equivocar o lo haga mal, por supuesto, pero yendo a una velocidad que me permita crecer, sobre todo por dentro.
La exposición es un arma de doble filo y la vida me ha enseñado que, si vas cuidando tu jardín despacito, te sentirás bien y esto revertirá en la calidad de tu trabajo.

¿Nos puede hablar de su faceta como pintor, todavía inédita?
Comencé a pintar hace 14 años y ahora, como quien no quiere la cosa, es seguramente el pilar sobre el que bascula todo. Me ayudó a cambiar mi proceso de trabajo, a hacerlo más instintivo. En el libro habrá pinturas publicadas entre los capítulos, pinturas que hemos hecho entre Tatiana y yo, creadas a propósito del material del libro. Yo pinto los guiones de cine, cuando estoy rodando, pinto, cuando estudio, pinto, o cuando voy a ver a mi madre, lo que más hago es pintar, pero no he expuesto todavía. Me han sondeado, pero no he dado el paso.

En El Silencio del Pantano se le ve muy delgado ¿ha sido por exigencia del guión o es que forma parte de uno más de sus hábitos saludables?
Pensé que el personaje era un tipo pegado al hueso, metido en sí mismo de forma seca, y ahora estoy más delgado. Lo que hago sobre todo es meditación desde hace bastantes años y aunque no se puede llamar correr a lo mío, de vez en cuando corro…

No ha sido necesario someterse a una dieta ni a un régimen draconiano, según me cuenta ¿le parecen interesantes las dietas o es de los que comen sin restricciones?
Venía de estar dos meses en Perú, he estado terminando el libro en la selva. Ha sido una experiencia extraordinaria porque he vivido dentro de la selva. Allí no se comía casi nunca pan, ni alimentos procesados, ni tomaba azúcar más que algún momento puntual, y el cuerpo lo nota. Cada vez soy menos guarreras con la alimentación. No soy un ortodoxo de nada, pero compruebo que somos lo que comemos. Procuro comer mejor, menos carne y menos alimentos procesados, aunque no siempre es fácil.

¿Qué ha encontrado en México, otro de los países que ha visitado, que le ha hecho cambiar su relación con la naturaleza?
Ha sido un país que me ha abierto una puerta extraordinaria. He hecho muy buenos amigos, hay algo muy cálido que invita mucho a la comunicación y a la celebración, me pareció una especie de reencuentro. En Perú lo he confirmado, y también en Argentina y Brasil. Es un continente que me está emocionando. Hay algo en México asociado al chamanismo y las culturas prehispánicas que me gustan mucho, pero no solamente la de México, me gusta mucho también la escultura africana o la pintura japonesa. Mi proceso de crecimiento personal tiene que ver con las culturas primitivas, y la cultura ancestral y primitiva mejicana, me entusiasma.

Y en cuanto a la farmacia ¿es asiduo o le gustan más otros métodos curativos?
No puedo negar que la medicina occidental ha conseguido cosas increíbles, pero mi familia no me ha dado una aspirina en toda mi vida. Creo más en la medicina natural, y lo que tiene que ver con la vida natural. Desde que me fui a México, hace unos cuatro años, mi relación con las plantas y la naturaleza ha crecido mucho. En Latinoamérica las plantas son espíritus y las tratan como espíritus, algo que para un occidental es difícil de procesar.

¿Es de los que piensa que el Covid19 va a cambiar radicalmente las cosas o de los que creen que no será un cambio tan acentuado y solamente nos afectará mientras duren los efectos de la actividad del virus?
Que este aviso sirva para algo depende de las ganas que uno tenga de no dejarse llevar por un sistema insaciable que piensa básicamente en términos de rentabilidad, a pesar de la Tierra y del propio ser humano. No será fácil cambiar las leyes, pero cada uno tiene un margen de maniobra y el ejercicio de su propia responsabilidad para poner en cuestión todo aquello que nos cuentan. Y eso sí es complicado. Hay demasiado ruido. Tengo la impresión de que hacen falta comités de sabios, personas de talento en todas las áreas, para pensar de un modo más cabal, moderno y necesariamente global y solidario. Porque la gran noticia de esta pandemia es que no distingue. Esta y quizá, las que vengan. Nos incluye a todos. Hacemos falta todos.

¿Qué opina de la respuesta que ha tenido el personal sanitario (médicos, enfermeros, farmacéuticos) a la hora de enfrentarse a este desastre epidemiológico?
Cada día, al portal de enfrente de mi casa, llega una enfermera. La he visto cansada, preocupada, un día casi vencida. Pero cada vez que he hablado con ella, sus últimas palabras ponían el foco en seguir trabajando. “Ducharse, comer algo, descansar y a seguir”. Otro día hablaba con Clara Alvarado (una compañera actriz en La casa de papel que como enfermera que es, se alistó para apoyar) y me contaba de su experiencia. Muy dura. El valor y la medida de lo que somos, aflora especialmente en las situaciones más difíciles. Y por lo que estamos viendo, a pesar de las carencias, el personal sanitario se ha jugado literalmente el pellejo por sus iguales. Sin excepción, por todos nosotros. E imagino que hay ahí gente con diferentes ideologías que no han parado de remar ni un minuto. Ahora podemos honrar a esta gente y pensar cuáles son nuestras prioridades como sociedad. O seguir revolcándonos en el barro de los reproches, para que (solo en beneficio de unos cuantos) nada cambie.

Por Xoan Luaces

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