¿Por qué me duele tanto la cabeza?

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Un viejo proverbio neurológico dice que “hay pacientes con migraña que pasan de tomar pastillas para no tener dolor de cabeza a tener dolor de cabeza por no tomar las pastillas”. Con ello se pretende explicar  “el grave riesgo que conlleva la automedicación” en pacientes con migrañas, “un mal hábito que se adquiere bien porque el paciente no encuentra un tratamiento adecuado o un médico que le diagnostique de manera adecuada, o bien porque los medicamentos son caros, o bien porque hay medicamentos de más fácil acceso que otros.

En cualquier caso”, puntualiza Juan José Zarranz, jefe de servicio de Neurología del Hospital Universitario de Cruces, “un abuso de estas sustancias puede derivar en un círculo vicioso de dolor-alivio-rebote del dolor, una espiral de la que resulta complicado salir”. Bajo el título La migraña, mucho más que un dolor de cabeza, Juan José Zarranz, jefe de servicio de Neurología del Hospital Universitario de Cruces, ha realizado un repaso en profundidad a una patología “que se distingue de una cefalea común por tensión nerviosa. Se trata de un malestar general que provoca fuertes dolores en un lado de la cabeza, así como molestias visuales y auditivas. Las personas que tienen migrañas con frecuencia suelen describir este dolor como pulsante o vibrante en un área de la cabeza. Durante los episodios de migraña, las personas se vuelven muy sensibles a la luz y al sonido y también pueden padecer diarreas, nausea y vómitos; trastornos del sueño y la alimentación o del humor.” Todo ello en el entorno de la actividad divulgativa que lleva por nombre Encuentros con la Salud.
 
Se estima que  este trastorno neurológico afecta entre un 15 y un 20 por ciento de la población y puede llegar hasta un 50 por ciento de las mujeres. El doctor Zarranz habla de “una hipersensibilidad desatada en el caso de los pacientes con migrañas, tanto a factores externos como internos. La ansiedad, el estrés, cambios de temperatura, el viento sur, las comidas copiosas o el desajuste en los horarios de comida; la menstruación y otros cambios hormonales, el alcohol o los cambios de ritmo en el sueño (echar siestas cuando no se acostumbra, dormir más o menos de los habitual, etc.)  son algunos de los desencadenantes más comunes”.
 
Al hilo de esta reflexión se explica un concepto común entre las personas afectadas: la migraña del fin de semana. “Muchas personas dividen su ritmo vital entre la semana laboral y el fin de semana, donde se relajan, duermen más o de manera distinta, cambian los hábitos alimentarios, se pegan atracones de estudios o practican ejercicio físico de manera más intensa. Eso desordena su ritmo vital. Y si hay una palabra clave en el entorno de la migraña es la contraria: el orden. Llevar una vida ordenada es la mejor medida preventiva”.
 
Existe todo un catálogo de desencadenantes, pero Juan José Zarranz, recomienda, sobre todo, que la persona que se ve afectada “ajuste el suyo propio y observe cuáles son aquellas cosas que le afectan. Se habla del consumo del chocolate y el queso, pero eso es residual, aun siendo cierto que hay personas a las que les afecta. La mayoría de las personas con migraña son sensibles a estímulos más inespecíficos”.
 
¿Cuál es su origen? El neurólogo asevera que “en la actualidad la causa se relaciona con los genes que controlan la actividad de algunas células cerebrales. No en vano, ahora sabemos que entre un 60 o un 70 por ciento de las personas que padecen migraña  tienen antecedentes familiares, sobre todo por la rama femenina”.  El experto señala que, “contra el parecer de la sociedad, esta patología también está presente en los niños, lo que ahonda en la tesis de su origen genético”.
 
Según acredita la Federación Europea de Sociedades Neurológicas “los pacientes pierden en promedio un día de trabajo al mes, y el 83% de ellos se sienten perjudicados en sus relaciones familiares y la  cifra sube al 85% en el ámbito íntimo de su pareja”. Juan José Zarranz reconoce “el efecto discapacitante de las migrañas” aunque advierte que ése es “un problema oculto. Hay cantidad de personas que no reconocen su baja por esa causa –se inventan gripes u otras patologías”– al temer que quienes no lo sufren tampoco comprendan la gravedad del problema. Eso les genera una frustración añadida.” La incomprensión en el entorno del afectado retrasa en la práctica la consulta al médico y el adecuado diagnóstico del síndrome”.