Esta probabilidad va reduciéndose un 10% sucesivamente cada minuto que pasa sin realizar compresiones torácicas, debido a la falta de oxígeno a la que se ve expuesto el cerebro durante el tiempo que dura la parada cardiaca. Por ello, el riesgo de lesión cerebral también aumenta un 10% cada minuto transcurrido tras este episodio, pudiendo padecer hemiplejia, déficit de memoria, de habla o de movilidad de manera temporal o incluso irreversible.
Tal y como recomienda la nueva versión de estas Guías, publicadas en 2010, tras la parada cardiaca de un individuo, resulta imprescindible confirmar la inconsciencia y la falta de respiración, aunque puede persistir una respiración suave e irregular durante el primer minuto. La causa mas frecuente de pérdida de conciencia es una lipotimia, que es benigna, transitoria y no precisa reanimación, así que conviene detectar bien los síntomas. La lipotimia y la parada
cardiaca se pueden distinguir fácilmente, ya que en la lipotimia persiste la respiración y se recupera la conciencia en menos de uno o dos minutos. En tal caso, se recomienda tumbar al individuo y levantarle las piernas.
Ante la sospecha de una parada cardiaca se deberá llamar al teléfono de emergencias 112, dando un mensaje claro y sin demoras, alertando del estado de inconsciencia y de la falta de respiración del individuo e informando de la presencia o ausencia de dolor torácico y de los antecedentes de enfermedad cardiaca, en caso de que los hubiera.
Lo antes posible, se procederá a la realización de 100 compresiones torácicas por minuto, obviando, en un principio, las ventilaciones (boca a boca), al menos hasta que llegue personal experto. Gracias a estas compresiones en la región central del pecho, realizadas con ambas manos entrelazadas, conseguiremos descender y ascender el esternón unos 5 centímetros cada vez, lo que moverá la sangre dentro del corazón y del tórax y en consecuencia activará la circulación en todo el organismo.
El 20% de las personas que sufren una parada cardiaca, no sólo pueden sobrevivir, sino que pueden quedar sin secuelas si el familiar, amigo o persona que visualiza el episodio, realiza una reanimación básica de forma precoz y sin esperar al personal especializado. En la actualidad, menos de un 5% lo logra. “Es por ello que resulta imprescindible la formación continuada tanto a los especialistas de la sanidad como al público general, en especial a los familiares de los cardiópatas o al personal que trabaja en lugares muy transitados como colegios, estadios deportivos o centros comerciales, donde, además, deberían haber desfibriladores”, comenta la Dra. Nekane Murga, secretaria de la Sección de Cardiología Clínica y Extrahospitalaria de la SEC.
