Según los expertos, esta rutina contribuye, en gran medida, a la estigmatización del enfermo que, con frecuencia, queda relegado a la marginalidad, lo que supone un obstáculo añadido a su lucha por combatir la drogodependencia. Este aspecto social que tan poco beneficia al enfermo, puede cambiar con la comercialización en España de la primera metadona elaborada industrialmente por un laboratorio (Gebro Pharma) aprobado por la Agencia Española del Medicamento el pasado año.
Como afirma la doctora Francina Fonseca, Médico Adjunto Psiquiatra y una de las responsables de Programa de Adicciones del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del Parc de la Salut Mar de Barcelona, que participa estos días en la Escuela de Otoño de SOCIODROGALCOHOL (celebrada en Benidorm), “la principal ventaja del tratamiento con metadona elaborada industrialmente es que los pacientes se verán tratados socialmente como enfermos crónicos, sin diferencias, por ejemplo, con las personas que padecen diabetes o asma. Además, también contribuirá a hacer desaparecer el estigma de su dispensación, al ser administrada en farmacias”.
Dicha Escuela de Otoño, que este año celebra su décimo aniversario, reúne hasta el 6 de noviembre a profesionales de toda España y Portugal, desde psiquiatras y médicos a psicólogos y trabajadores sociales que quieren ponerse al día en el ámbito de las drogas legales e ilegales.
Necesidad de adaptar el tratamiento a cada persona
Los expertos, como la Dra. Fonseca, vienen alertando del considerable aumento del consumo de opiáceos ilegales: “en España, según datos del PNSD (Plan Nacional Sobre
Drogas), las personas que referían consumo alguna vez en la vida de opiáceos han pasado del 0,7 al 0,8% de 2005 a 2007, después de varios años de descenso. Será necesario observar la evolución de estas cifras. Sin embargo, el incremento del consumo de opiáceos se ha dado principalmente en Estados Unidos con el consumo de los llamados opiáceos “legales”, analgésicos (como, por ejemplo, la oxicodona)”.
Según declaraciones de la Dra. Fonseca, “las adicciones no tratadas suponen unos costes importantes para la sociedad, tanto a nivel económico como social y sanitario. En lo referente a la salud, se ha demostrado que el tratamiento de mantenimiento con metadona supone una importante reducción del riesgo de mortalidad por sobredosis: los pacientes dependientes de heroína que no reciben tratamiento con metadona tienen 7 veces más riesgo de fallecer”.
El tratamiento con metadona como programa en el que se proporciona a los individuos adictos dosis diarias de sustancia, fue puesto en práctica en los años sesenta como parte de un programa amplio que incorporaba muchos componentes y que hacía énfasis en la reinserción social. Sin embargo, casi 30 años después, los expertos reconocen que hay factores que frenan la efectividad de estos tratamientos. Como asegura la doctora Fonseca, “el porcentaje de mala respuesta al tratamiento, ya sea por su abandono o por la persistencia del consumo de opiáceos legales, es elevado (entre 30 y 80%, dependiendo de los diferentes estudios)”. Y es que la dependencia además de la heroína a otras sustancias, el hecho de que muchas de las personas tengan vidas poco estables… son factores que frenan la eficacia de estos tratamientos. Por ello, la metadona industrial y administrada en farmacia “supondrá una ventaja en pacientes estabilizados y abstinentes, ya que no requerirán acudir tantas veces a la dispensación en las unidades de adicciones”.
La necesidad de adaptar el tratamiento a cada persona resulta imprescindible. Algo a lo que sin duda puede ayudar la nueva metadona farmacéutica. Según apunta la Dra. Fonseca, “con la nueva metadona elaborada industrialmente, el paciente podrá desplazarse geográficamente teniendo siempre la opción de poder contar con una metadona estable en cuanto a calidad y cantidad. Por ello, facilitará su cumplimiento terapéutico, mejorando el estado general de su salud”.
Además, este nuevo tipo de tratamiento posee una mayor tiempo de caducidad (de tres años, mientras que en la actualidad es de uno a tres meses) y una estabilidad de doce meses una vez abierto (en lugar de una semana). No necesita conservación en nevera y su sabor es considerablemente más agradable.
