Frente a la oleada de incendios «histórica» que sufre España, sabemos que desgraciadamente, algunos de ellos han sido intencionados. Detrás de esa intención a veces existe una enfermedad psiquiátrica: la piromanía, un trastorno del control de los impulsos que, aunque poco frecuente, tiene un gran impacto tanto en la vida de quien lo padece como en su entorno. Se caracteriza por una necesidad irresistible de provocar incendios de manera intencionada y repetitiva, sin que exista un beneficio económico o una motivación clara detrás.
A diferencia de la conducta incendiaria criminal, en la piromanía la persona experimenta tensión antes de prender fuego y siente alivio o placer al hacerlo. Por ello, se considera un trastorno mental reconocido por la comunidad médica, muy distinto a prender fuego por curiosidad o por venganza.
Síntomas de la piromanía
Quienes presentan este trastorno suelen mostrar:
- Impulso recurrente y persistente de iniciar incendios.
- Sensación de tensión o ansiedad antes del acto.
- Fascinación y atracción hacia el fuego y todo lo relacionado con él.
- Alivio, placer o gratificación tras provocar el incendio o presenciar sus consecuencias.
Es importante resaltar que estas conductas no están motivadas por intereses financieros, ideológicos o criminales, ni por efectos de sustancias o alteraciones cognitivas.
¿Qué causa la piromanía?
Las causas exactas aún no se conocen, pero los especialistas señalan que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales. Entre ellos se encuentran:
- Antecedentes familiares de trastornos de control de los impulsos.
- Experiencias traumáticas o situaciones de estrés intenso.
- Otros trastornos mentales asociados, como depresión o ansiedad.
- Posibles alteraciones neuroquímicas en el cerebro.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico debe realizarlo un profesional de la salud mental, basándose en la historia clínica del paciente y en los criterios establecidos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5).
El abordaje terapéutico suele ser integral y puede incluir:
- Terapia cognitivo-conductual (TCC): ayuda a modificar pensamientos y conductas relacionadas con el impulso de prender fuego.
- Tratamiento farmacológico: no existen fármacos específicos, pero algunos medicamentos utilizados en otros trastornos del control de los impulsos pueden resultar eficaces.
- Prevención y educación: programas de concienciación que enseñen alternativas de afrontamiento y los riesgos asociados al fuego.





