La eficacia y la tolerabilidad de los tratamientos actuales para la hepatitis C crónica son las dos grandes barreras que existen para un buen manejo de los pacientes afectados por esta enfermedad, según han puesto de manifiesto expertos españoles durante el simposio Superando barreras en el tratamiento de las hepatitis víricas, organizado en Madrid contó con el apoyo de Bristol-Myers Squibb y coordinado por el doctor Xavier Forns, consultor de Hepatología en el Hospital Clínic de Barcelona.
“La terapia actual para la hepatitis C está basada en combinaciones de fármacos e interferón, que es un medicamento que tiene muchos efectos adversos y que una proporción importante de pacientes no tolera bien”, explicó el doctor Forns, en su intervención. En su opinión, la próxima llegada al mercado farmacéutico de los nuevos antivirales de acción directa (AAD), va a representar un cambio sustancial en el abordaje de la enfermedad.
Próximamente llegarán al mercado tres fármacos –daclatasvir, sofosbuvir y simeprevir– que actúan sobre dianas diferentes del genoma del virus de la hepatitis C (VHC). El doctor Forns considera que las combinación que contengan estos tres antivirales permitirán luchar contra el VHC, evitando además la aparición de cepas resistentes. Asimismo, al contrario de lo que sucede con los antivirales de primera generación, que sólo son eficaces contra el genotipo 1 del virus, algunas de las combinaciones de estos nuevos fármacos tienen actividad pangenotípica: es decir, actúan contra todos los genotipos del virus, como es el caso de la combinación daclatasvir y sofosbuvir.
“La combinación de fármacos como daclatasvir y sofosbuvir obtiene tasas de curación del 90% de los pacientes; e incluso, en algunos grupos de más del 95%”, expuso el doctor Forns, para quien estas cifras son espectaculares “e impensables hace un par de años”.
“Para nosotros es mucho más fácil pautar una combinación que afecta a todos los genotipos del virus que hacer regímenes complejos con diferentes combinaciones y duraciones de tratamiento”, aclara el doctor Forns. De hecho, este experto cree que “los días del interferón en el tratamiento de la hepatitis C crónica están contados” y que, salvo en poblaciones de pacientes muy específicas, la ribavirina tendrá un papel secundario. “En 2014 ya tendremos pacientes curados con combinaciones sin interferón”, asegura el doctor Forns.
Este cambio en el paradigma del tratamiento de la hepatitis C crónica traerá consigo, según el especialista, una disminución notable de la incidencia de la infección que, a largo plazo, tendrá efectos sobre su prevalencia. No obstante, Forns cree que será difícil hablar de una erradicación completa de la hepatitis C, porque siempre habrá poblaciones de pacientes para las que el acceso a los fármacos sea difícil y donde puedan producirse transmisiones del virus.
Hacia una mejor tolerabilidad
Los pacientes con hepatitis C crónica no sólo se beneficiarán de una mayor eficacia y de mejores tasas de curación de la infección, también de una mejor tolerabilidad a los nuevos antivirales. Entre los efectos adversos que produce el interferón, cabe destacar la irritabilidad, ansiedad, alteraciones de la glándula tiroides y anemias que pueden requerir transfusiones. “Además, hay pacientes que no pueden tomar interferón porque tienen contraindicaciones; como epilepsia, cardiopatía, neumopatía, depresión mayor o alteraciones de la sangre”, añade Forns.
“El perfil que estamos viendo con los nuevos antivirales de acción directa (AAD) , con miles de pacientes tratados en ensayos clínicos, es muy bueno y los efectos secundarios, generalmente gastrointestinales, reacciones cutáneas y cefaleas, son muy tolerables”, destaca el experto en hepatología. De hecho, el 95% de los pacientes tratados con los nuevos fármacos puede hacer vida normal, “algo que no ocurre con los tratamientos actuales”, subraya.
El futuro de la hepatitis B
Además de la hepatitis C, los hepatólogos participantes en el simposio satélite han abordado el tratamiento de la hepatitis B crónica, una enfermedad que se encuentra con un panorama muy distinto. “La hepatitis B es una enfermedad que se puede controlar muy bien con fármacos como el entecavir o el tenofovir”, explica el doctor Forns. Sin embargo, en la actualidad no existe tratamiento curativo para esta infección crónica y los pacientes deben tomar los antivirales indefinidamente.
“Lo que se está intentando ahora es desarrollar fármacos que puedan inhibir el material genético que el virus instala en las células hepáticas y, de esta forma, facilitar su erradicación del hígado y lograr la curación de los pacientes”, precisa el experto. No obstante, considera que aún se está lejos de alcanzar ese objetivo.
