Desde que se registrara en nuestro país el primer caso de contagio de Ébola fuera del continente africano el pasado mes de octubre, España ha estado en el ojo del huracán de una Europa que nos mira con recelo.
Teresa Romero es una de las auxiliares de enfermería que cuidó de los dos misioneros españoles repatriados y cuyo nombre ha saltado a la fama por ser la primera europea en contraer el virus del Ébola causante de la fiebre hemorrágica viral del Ébola,Este virus carece actualmente de tratamiento o vacuna específicos, y está considerado de alta prioridad por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que lo ha clasificado como potencial agente de bioterrorismo de máximo riesgo. Sin embargo, aunque se trata de un tema serio, los expertos insisten en que el riesgo de epidemia es poco probable, por lo que hacen un llamamiento a mantener la calma, aclarando que sólo el personal sanitario al cuidado directo de la persona afectada es colectivo de riesgo en España, y que mientras el paciente permanezca asintomático no puede haber contagio. En todo caso, el portavoz de Sanidad del Comité de Seguridad Sanitaria de la UE, Frédéric Vincent, ha asegurado que es «altamente improbable» que se produzca una epidemia de ébola en la UE similar a la que viven algunos países africanos. «Cuando las medidas de seguridad se aplican, especialmente en los hospitales, el riesgo está controlado», ha resaltado el portavoz en numerosas ocasiones. Aunque en España el hospital de referencia para el virus del Ébola es el Carlos III de Madrid, donde se encuentran aislados los pacientes objeto de sospecha habidos hasta el momento, existen unos protocolos de actuación ante el virus en todos los hospitales españoles, cuyas modificaciones, en caso de que sea necesario, las realiza el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades, la agencia de salud pública de la UE con sede en Estocolmo.
Sin síntomas no hay contagio
La fiebre hemorrágica del Ébola es una enfermedad infecciosa con una tasa de mortalidad del 90 por ciento, y que afecta tanto a animales como a seres humanos, aunque al parecer afecta menos a niños que a personas mayores. La provoca un virus de la familia Filoviridae, del cual se han identificado hasta ahora cinco tipos, de los cuales, sólo cuatro producen la infección en las personas. El virus se contagia a través del contacto directo con carne de animales salvajes (monos, chimpancés, murciélagos y antílopes que provienen de la caza), de fluidos corporales (sangre, saliva, semen, sudor, orina o vómitos) de una persona enferma o mediante material contaminado, como agujas. A diferencia de la gripe, no se transmite por el aire y tampoco por el agua. Después de resultar infectada por el virus del Ébola, la persona pasa por un periodo de incubación que va de los 2 a los 21 días, y surgen los primeros indicios. Hasta que los síntomas no se presentan, los afectados no transmiten la infección. El riesgo de contagio es mayor a medida que evoluciona la enfermedad, siendo los pacientes en estado terminal los que mayor carga viral tienen. La infección tiene un inicio brusco con fiebre alta, escalofríos, dolor muscular generalizado, dolor abdominal, diarrea, fatiga extrema, cefalea y dolor de garganta. Este conjunto de síntomas guarda mucha similitud con el inicio de muchas enfermedades víricas. Cuando la infección avanza, el afectado sufre vómitos, diarrea y disfunción hepática y renal; algunos también sangrado por ojos, nariz y oídos, aparición de moratones sin causa aparente y hemorragia gastrointestinal, además de hinchazón genital, erupción cutánea hemorrágica, paladar con apariencia roja y sensación de dolor en la piel. Por último, fallo multiorgánico y shock.
Diagnóstico y tratamiento
La infección por el virus del Ébola se confirma con un análisis de sangre, en el que se realizan la prueba de inmunoadsorción enzimática (ELISA), detección de antígenos, de seroneutralización y la prueba de reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa (RT-PCR) y aislamiento del virus mediante cultivo celular. Otras determinaciones, como el hemograma, aportan información del estado del paciente.
En cuanto al tratamiento, esta enfermedad no tiene vacuna ni tratamiento específico. El tratamiento persigue controlar los síntomas que van surgiendo y mantener el equilibrio de fluidos y electrolitos con suero hiperinmune de personas que hayan tenido la enfermedad, la oxigenación y la presión arterial. En España, la Dirección General de Salud Pública, Calidad e Innovación del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad mantiene el contacto con instituciones internacionales para acceder a los fármacos experimentales reconocidos por la OMS, pero una vacuna no estaría disponible al menos hasta 2015.
¿Se puede prevenir?
Según comenta el doctor y director del Centro de Formación en Emergencia de la Universidad de Sevilla, Carlos Álvarez Leiva, las medidas de protección de un paciente con ébola, como en cualquier otro paciente biológico, se circunscriben al “establecimiento de barreras entre el paciente y los cuidadores: barreras del personal, barreras en el vehículo de transporte y barreras en el centro asistencial en que se atienda al paciente. Ello implica equipos de protección individual, que cubra debidamente el acceso por vías respiratorias, mucosas y vía intradermica, es decir, guantes, mascarillas, pantallas de protección facial y del resto del cuerpo”, afirma.
Por su parte, las recomendaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EEUU son:
1. Lavarse las manos con frecuencia.
1. Evitar el contacto con cualquier fluido corporal de cualquier persona pero, sobre todo, de los afectados.
2. No tocar el material que haya podido entrar en contacto con sangre u otros fluidos de una persona o de un cadáver infectado.
3. No tocar el cuerpo de una persona que haya fallecido por la infección.
4. No acudir a los hospitales donde están las personas infectadas.
5. No mantener relaciones sexuales con una persona enferma o con quien haga menos de siete semanas que se haya recuperado de la enfermedad.
6. Además, se insiste en no tocar murciélagos ni primates, ni sus fluidos corporales, ni vivos ni muertos, ni consumir su carne cruda o poco cocinada.
Buscando la solución en Granada
En España, científicos de la Universidad de Granada (UGR) y la Fundación Medina trabajan en la actualidad de manera conjunta para identificar productos naturales eficaces contra el virus del Ébola. Los investigadores granadinos llevan varios años estudiando la interacción entre las proteínas celulares Tsg101 y Nedd4 y la proteína VP40 de la cápside del virus del Ébola, que juega un papel esencial en su propagación. La identificación de inhibidores de alta afinidad podría suponer un paso previo para el desarrollo de nuevos fármacos contra esta enfermedad y otras como el VIH. En la actualidad, su trabajo se centra en identificar compuestos que inhiban esta interacción y permitan “bloquear” la salida del virus del Ébola de las células infectadas, lo que evitaría su propagación. Según la profesora Irene Luque Fernández, miembro del grupo de Biofísica y Biotecnología Molecular de la Universidad de Granada y líder de este proyecto, «si logramos confirmar que esta molécula bloquea la infección de las células sanas, habríamos dado un paso importante en el tratamiento no sólo del Ébola, sino también de otros virus como el VIH, el herpes simple tipo I o la rabia. Además, este tipo de fármacos, dirigidos hacia proteínas humanas, tendrían menos tendencia al desarrollo de resistencia, que es uno de los principales problemas de los actuales tratamientos antivirales», afirma.




