La Organización Mundial
de
En España la prevalencia de obesidad en la población supera el 15% y alcanza cifras del 30% y más en el colectivo de edad avanzada. Este fenómeno es más importante en población femenina y afecta particularmente a los sectores menos favorecidos de la sociedad, siendo especialmente preocupante la evolución de la prevalencia de obesidad infantil en nuestro entorno.
El coste económico y social asociado es extraordinariamente importante, estimándose en la actualidad un coste directo por encima del 8% del gasto sanitario global.
Se trata de un proceso crónico de difícil solución terapéutica, por lo que existe un amplio consenso en dar prioridad a las acciones preventivas.
Tomando en consideración el reto que supone lo expuesto,
Las distintas sesiones de trabajo han generado una serie de ideas y propuestas que quedan sintetizadas en el presente decálogo:
1.- La obesidad es un proceso caracterizado por un exceso de grasa corporal condicionado por factores genéticos y adquiridos, incluyendo estilos de vida y otros determinantes ambientales.
2.- Existe una predisposición genética actualmente difícil de determinar que afecta a un tercio de la población en la cual favorece el acúmulo de grasa y la resistencia a su pérdida. Es necesario seguir profundizando en la investigación de este sustrato condicionante.
3.- La dieta es un factor crucial en la aparición de este fenómeno, interviniendo factores relacionados con la ingesta energética, la composición cualitativa, la frecuencia de consumo, el tamaño de las porciones y la distribución de las raciones a lo largo del día que genera un balance energético excesivo que se acumula en forma de grasa.
4.- La producción de alimentos por parte de la industria alimentaria y su posterior elección está condicionada por las necesidades, actitudes y preferencias (demandas espontáneas o inducidas) de los consumidores. Esta dinámica ha favorecido la disponibilidad de alimentos de alta densidad energética y fácil adquisición y consumo.
5.- La mecanización de la sociedad ha propiciado un menor gasto energético en las tareas diarias y un aumento considerable del tiempo dedicado a actividades sedentarias con una disminución del tiempo dedicado al ejercicio físico, inducido fundamentalmente por los cambios tecnológicos, sociales y del entorno.
6.- El índice de masa corporal es el indicador más adecuado para la tipificación de la obesidad en la población adulta desde el punto de vista clínico y epidemiológico. En población en fase de crecimiento resulta más apropiado por su variación con la edad, utilizar los percentiles del índice de masa corporal específicos por edad y sexo (el z-score o el índice de masa corporal relativo se utilizará en el seguimiento) como cribado, tanto para el sobrepeso como para la obesidad.
7.- El tratamiento de la obesidad requiere un planteamiento a largo plazo con un enfoque multidisciplinar que contemple intervención dietética, prescripción de actividad física y cambios de conducta mantenidos en el tiempo, con apoyo psicológico, sanitario y social.
8.- Teniendo en cuenta la dimensión del problema, sería necesario crear una dinámica asistencial que permita el tratamiento integral de la obesidad en todos los niveles asistenciales.
9.- La prevención primaria de la obesidad debe iniciarse desde la etapa preconcepcional y fundamentalmente en la edad pediátrica priorizándose en la población de riesgo (peso excesivo al nacimiento; padres obesos y especialmente los niños con sobrepeso). En los adultos debe prestarse especial atención a los siguientes periodos de riesgo: embarazo, menopausia, cese de hábito tabáquico, interrupción de actividad física regular e ingesta de algunos fármacos.
10.- La obesidad es una enfermedad y como tal debe ser percibida a nivel individual y colectivo. Deberían priorizarse las intervenciones comunitarias que favorezcan la elección y adopción de conductas alimentarias y de actividad física más saludables con implicación e interrelación de todos los agentes sociales relacionados con el problema.
