Tal y como explicó este experto, la creencia de que el sobrepeso es un factor de riesgo cardiovascular (RCV) ha marcado una tendencia, bajo las recomendaciones de las guías americanas del año 1995, a partir de la correlación que se estableció entre el incremento del Índice de Masa Corporal (IMC) y la mortalidad. “Aunque a día de hoy esto sigue vigente, a partir del año 1997 y en base a diferentes estudios en población mayor, se empezaron a plantear serias dudas respecto a que reducir el peso en este grupo fuera realmente positivo”, comentó este experto.
Se considera sobrepeso cuando una persona tiene un IMC entre 25 y 30. Las investigaciones realizadas en Estados Unidos, en personas mayores de 70 años, y con un seguimiento de varios años, mostraron que no se cumplía esta relación entre IMC y mortalidad. De hecho, se observó que la menor tasa de mortalidad se daba en las personas con un IMC de alrededor de 30, límite entre el sobrepeso y la obesidad. “A partir de aquí”, explicó el profesor Foz, “se comenzó a investigar en esta línea, ya que se ha visto que el sobrepeso en las personas mayores no es nocivo para la salud y que, incluso, puede tener un efecto protector. Por lo que, salvo situaciones especiales, no es un problema que requiera intervención terapéutica”.
Sobrepeso y edad
Para el doctor Foz hay que tener en cuenta que las personas que llegan a estas edades en cierto modo son “supervivientes”. “Han superado la edad en la que existe un riesgo muy elevado de sufrir enfermedad cardiovascular, bien porque estaban protegidos desde el punto de vista genético, o bien porque realmente han cuidado mucho los diferentes factores de riesgo cardiovascular asociados a la acumulación de grasa (dislipemia, hipertensión arterial, y tabaquismo). Además, a estas edades si la disminución del IMC se produce por una reducción de la cantidad de masa magra puede ser muy perjudicial, ya que produce fragilidad”, comentó.
.A diferencia de las personas mayores, en adolescentes y niños el sobrepeso siempre es nocivo para la salud. Actualmente, España es el país de Europa con mayores tasas de obesidad infantil, siendo más frecuente entre los chicos. “El exceso de peso en la edad infanto-juvenil”, aclaró el profesor Foz, “constituye un importante factor de riesgo para la salud en la edad adulta, por lo que están plenamente justificados los esfuerzos dedicados a su prevención y tratamiento. En estos casos siempre se debe ser muy activo e intervenir sobre los hábitos de vida, a través de una alimentación saludable y ejercicio físico”.
Por otra parte, en el grupo de población de entre 25 y 45 años, los riesgos de este incremento de peso siempre deben ser valorados individualmente. “Cada caso es distinto, ya que un IMC de 26 ó 27 que se considera sobrepeso, en personas con una acumulación de grasa en la parte inferior y sin ninguna morbilidad importante, no requiere un tratamiento médico. Por el contrario, si la grasa está situada en la parte superior y tiene alguna otra morbilidad, es importante intervenir inmediatamente”, afirmó el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Los kilos y algo más
En su intervención el doctor Foz insistió en que uno de los problemas es que en este ámbito se ha dado excesiva importancia aI IMC, olvidando otros aspectos. “La realidad es que el peso a nivel individual es poco indicativo, ya que el mayor o menor RCV lo marca la cantidad de grasa y la distribución adiposa. De hecho, si está situada en la parte inferior del cuerpo, la que denominamos gluteofemoral y más característica de las mujeres, puede ser protectora. Por el contrario, si es abdominal o androide, más propia de los varones, es más peligrosa”.
El IMC es un indicador muy válido de la obesidad a nivel epidemiológico, en grandes masas de población, pero a nivel individual no es indicativo. “Hay que tener en cuenta de que también se dan casos –comentó- en los que con un peso casi normal, pero con una acumulación de grasa en la parte superior del cuerpo, se corre un mayor riesgo cardiovascular que otras con mayor IMC. Por lo que la valoración médica ante un IMC en la franja del sobrepeso siempre debe ser individual. La revisión de un paciente con un IMC por encima de 25 debe incluir un control del tabaquismo, de la glucemia, de la HTA y el colesterol elevados, y de otras alteraciones de los lípidos. Estos factores requieren una vigilancia continua”.
Necesidad de investigar
Para los expertos, es importante contar con nuevos datos, sobre todo, en relación a la situación concreta en nuestro país. Aunque en población mayor se ha llevado a cabo recientemente el estudio “Envejecer en Leganés” no se dispone de información en gente joven. Este estudio, en el que participaron más de 1.000 personas de 65 o más años, con un seguimiento de 16 años, mostró que la menor mortalidad se daba en personas con un IMC de 30.5. “Datos que confirman lo que ya se había demostrado en Estados Unidos. En cualquier caso, lo importante es controlar los factores de RCV asociados al sobrepeso. Y en España no existen datos de este tipo”, subrayó el profesor Foz.
Asimismo, este experto considera que es clave sensibilizar acerca de la importancia de medir la circunferencia de la cintura, así como contar con datos del coeficiente de grasa corporal. “En definitiva”, concluye el profesor Foz, “toda esta información acumulada hasta hora referente a la relación entre sobrepeso y mortalidad debería ser tenida en cuenta, por parte de las sociedades científicas, cuando se elaboren nuevas guías de salud y consensos sobre sobrepeso”.
