El día 9 de septiembre, el 9 del 9 por los meses del embarazo, se convoca el Día Mundial del Síndrome Alcohólico Fetal, que es un conjunto de graves consecuencias para el bebé si la futura mamá bebe alcohol. La sociedad científica Socidrogalcohol fue una de las primeras entidades europeas en sumarse a la llamada de atención sobre el consumo de alcohol en el embarazo.
El objetivo en este día es recordar que la mujer debe abstenerse completamente de beber durante la gestación. En los casos de mayor gravedad se puede producir la muerte fetal. El Síndrome Alcohólico Fetal (SAF o FAS) que cursa con malformaciones tiene una gravedad moderada. Y los Trastornos del Espectro Alcohólico Fetal (FASD) pueden manifestarse como alteraciones más sutiles del aprendizaje y del comportamiento, sin presentar malformaciones.
El consumo de alcohol durante el embarazo es la principal causa conocida de defectos congénitos y trastornos del desarrollo en la UE. Según investigaciones recientes, una mujer embarazada que consuma cualquier cantidad de alcohol está en riesgo de tener un niño con Síndrome de Alcoholismo Fetal. En los casos más graves, el consumo de alcohol durante el embarazo puede llegar a causar abortos espontáneos, nacimientos de bebés muertos y graves malformaciones cardíacas o cerebrales.
La Guía Clínica de alcoholismo, presentada por Socidrogalcohol en las pasadas Jornadas Nacionales de Sevilla 2014, y de acceso libre en la web de este organismo hace constar que “el consumo de alcohol durante el embarazo ocasiona malformaciones, retraso en el crecimiento, peso y talla y retraso mental entre otros síntomas. Conocido y descrito desde hace más de 40 años, el síndrome alcohólico fetal se ha convertido en la segunda causa de retraso mental tras el síndrome de Down. Diagnosticado previo al nacimiento, los cuidados de la madre y del embrión deben extremarse; tras el nacimiento, los cuidados médicos y educacionales suponen una carga social y económica muy importante, lo cual debe sumarse a los costes producidos por el consumo de alcohol».
La incidencia en cada país varía; en España se calcula que el Síndrome Alcohólico Fetal puede afectar a 2 de cada 1.000 recién nacidos vivos, pero los Trastornos del Espectro Alcohólico Fetal, que cursa con síntomas de déficit de atención, del aprendizaje y alteraciones del comportamiento, que suele estar asociado a fracaso escolar e inicio precoz del consumo excesivo de alcohol, pueden afectar a una población 10 veces mayor.
Algunos estudios ya han llamado la atención sobre el alto volumen de niños afectados en Europa. Según algunos análisis, la prevalencia de SAF (FAS) llega del 3,7 al 7,4 de cada 1.000 niños en algunas zonas, lo cual eleva las cifras aceptadas hasta ahora para Europa Occidental. Las estimaciones de prevalencia actuales de FAS es de 0,5 a 7 casos por cada 1.000 nacidos vivos en Estados Unidos.
Los daños que produce en el bebé el hecho de que la madre tome alcohol son muy numerosos. Las evidencias indican que el alcohol afecta principalmente al desarrollo del cerebro y, por lo tanto, el consumo supone un riesgo. Los principales daños al bebé son: anomalías faciales características, anomalías del desarrollo del sistema nervioso central, trastorno del neurodesarrollo relacionado con el alcohol (ARND), defectos de nacimiento relacionados con el alcohol (ARBD). Otras anomalías son la microcefalia, deterioro intelectual (leve a moderado retraso mental), retraso en el desarrollo, hiperactividad en la infancia o trastorno de hiperactividad con déficit de atención (TDAH), malformaciones cardíacas y otros.
Según ha declarado el presidente de la Sociedad Científica Española de Estudios sobre el Alcohol, el Alcoholismo y las otras Toxicomanías (Socidrogalcohol), el doctor Julio Bobes, el alcoholismo fetal no solamente alcanza alteraciones psicológicas, «sino también morfológicas». El también catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, que confirma que «en algunos casos podrían darse circunstancias fatales», manifiesta que cuanto antes se desarrollen las intoxicaciones, «más daño aparece en el cerebro». Aquellos fetos que son sometidos desde el primer semestre «tienen más alteraciones del neurodesarrollo», lamenta.
Precisamente, Bobes expone que éstas consisten en las relativas a las neuronas, y se circunscriben a «su desubicación y a que no alcanzan la madurez que se tenía prevista de acuerdo a la dotación genética». Ante ello, insta a «una higiene total respecto al alcohol».
En la misma línea se encuentra el relativo al consumo de tabaco, que produce otro tipo de daños, ya que «es una sustancia que también es capaz de generar neurotoxicidad», explica. De cualquier forma, «la que más daño produce a efectos del desarrollo cerebral es el alcohol», sostiene.
Por otra parte, Bobes se refiere a la importancia de seguir los controles ginecológicos y hacer vida saludable, y es que todo lo que no sea así «es estar sometiendo a riesgo a una tercera persona, que va a ser su hijo». Sobre todo, insiste en ello debido a que los daños que se generan «son irreversibles».
Para evitar que éstos se produzcan, apuesta por «más sensibilidad social y de las autoridades que se encargan de la prevención de los consumos y del abuso del alcohol y otras drogas». «Todavía seguimos teniendo niños a los que les ocurre esta dificultad contraída como consecuencia del comportamiento de las madres frente a las drogas», lamenta.




