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Si ya lo tienes pensado, no le des más vueltas:
- Fija una fecha y no la retrases. Lo primero es la autodeterminación y la motivación.
- Pregunta a tu farmacéutico el método que mejor se adapte a tus necesidades en función del nivel de dependencia que tengas. En la farmacia encontrarás un arsenal de parches y chicles sustitutivos de la nicotina que harán la tarea más fácil.
- Tira todo aquello que te recuerde el tabaco: ceniceros, mecheros? Airea todas las habitaciones y ventila tu ropa para que el olor a tabaco vaya desapareciendo.
- Tira todos los cigarrillos que puedas haber dejado por los rincones de tu casa, en los bolsillos de tu ropa o en el interior de cualquier bolso.
- Evita en lo posible los ambientes que te inviten a fumar: reuniones con amigos que fumen, bares y discotecas. Y sobre todo, no bebas alcohol si esto es algo que hacías de forma simultánea a fumar.
- Busca un entretenimiento que sustituya al cigarrillo. Los chicles, el beber agua constantemente o tener algo en las manos que te distraiga te serán de ayuda.
- Evita el aburrimiento y mantente siempre ocupado.
- Busca apoyo y haz partícipe a tu familia de tu decisión.
- Si eres fumador empedernido, busca la ayuda de un profesional. Sólo entre un 5 y un 8% de los fumadores consigue abandonar su hábito confiando únicamente en su fuerza de voluntad. Teniendo en cuenta que la dependencia a la nicotina es 5 veces superior a la de la heroína, entenderemos por qué el tabaquismo precisa de atención especializada. Y por si esto fuera poco, el hábito gestual asociado al hábito de fumar es aún más resistente que la dependencia física. Los actuales tratamientos antitabaco combinan la terapia psicológica y sustancias sustitutivas de la nicotina.
- Perdona tus errores y premia tus éxitos: el conseguir dejar fumar, aunque sólo sea un día, se merece un premio, así que regálate algo al final de cada semana con el dinero que habrías destinado a tus cajetillas de tabaco. Y para no desesperar, no olvides que el síndrome de abstinencia empieza a superarse a partir de la novena semana, mientras que el mono psíquico no disminuye hasta pasados tres meses.

