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Home artículo Enfermedad renal crónica: la «epidemia silenciosa»

Enfermedad renal crónica: la «epidemia silenciosa»

por María José Merino

Para María Dolores del Pino, presidenta de la Sociedad Española de Nefrología (S.E.N.), aunque ciertamente “hemos mejorado en los últimos años en los protocolos de diagnóstico y tratamiento de la enfermedad para evitar llegar a estadíos avanzados y necesitar diálisis o trasplante, los esfuerzos realizados no son suficientes, los pacientes nos llegan con la función renal ya muy deteriorada en muchos casos”. “Es fundamental, y en ello estamos trabajando con las sociedades científicas de Atención Primaria, el papel del médico de AP en la detección precoz de la patología renal, sobre todo en grupos claramente de riesgo –diabetes, obesidad, enfermedad cardiovascular, fumadores, mayores de 60 años-.

“Se trata de hacer mucha más prevención y detección precoz en población con factores de riesgo –continúa Del Pino- , pero también de hacer ver a la población general que los riñones tienen que durarnos toda la vida y que igual que nos preocupamos por el nivel de colesterol, y tomamos medidas para su control, tenemos que medir también el nivel de salud de nuestros riñones y evitar aquellos hábitos más perjudiciales para la misma”, explica.

Para revertir esta situación, la S.E.N ha puesto en marcha recientemente “Código Riñón”, una iniciativa presentada recientemente a las Comisiones de Salud del Congreso y del Senado, para lograr una acción decidida de concienciación y prevención de decisores públicos y profesionales en torno a la salud renal.

El informe destaca la poca prioridad que se ha prestado a la salud renal en muchos entornos, a pesar de los evidentes vínculos negativos para la salud y el elevado coste de los tratamientos en los estadíos avanzados de la enfermedad, como la diálisis y el trasplante. Por ejemplo, aunque sólo de 1 a 2 personas de cada 1000 (0.1-0.2%) en países con rentas altas recibe diálisis o trasplante, estos tratamientos suponen del 2 al 3% del presupuesto total en salud de estos países. Es el caso de un país como España, por ejemplo, donde supone el 4% del coste de la Atención Especializada. En general, el coste medio por paciente del Tratamiento Renal Sustitutivo es 6 veces superior al del tratamiento VIH y 24 veces superior a la EPOC y el asma.

A nivel general mundial, por cada una de las personas que reciben diálisis o han recibido un trasplante de riñón, hay 100 en un estadio temprano de la ERC que, si se diagnostican y se tratan a tiempo, pueden disminuir el riesgo de sufrir insuficiencia renal grave o desarrollar problemas cardiovasculares. Además, por el mismo importe que se invierte en una persona con diálisis o trasplante, se podría tratar a unas 10 personas en fases iniciales de la ERC para impedir que esta progrese.

Aunque los países desarrollados son los que más gastan en diálisis y trasplantes, sólo 1 de cada 3 (29%) países de rentas altas considera la ERC como una prioridad, comparado con 2 de cada 3 (59%) países en vías de desarrollo. En Europa Occidental, por ejemplo, España está junto a Reino Unido y Francia, entre los únicos países que consideran la ERC como una prioridad sanitaria. “De hecho en nuestro país –señala María Dolores del Pino- se ha elaborado un Documento Marco sobre la Enfermedad Renal Crónica, elaborado conjuntamente con el Ministerio, que sin duda es un buena base para el trabajo que tenemos por delante para frenar esta epidemia, pero sobre el que necesitamos avanzar con urgencia en su puesta en marcha”.

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