“Europa pierde el tren de los transgénicos”

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“Europa pierde el tren de una tecnología muy potente”. Esta es la principal conclusión a la que llegaron los expertos invitados por Genoma España a un desayuno de trabajo cuyo principal objetivo fue discutir un tema tan controvertido en el siglo XXI como el de los transgénicos.

Entre los expertos invitados, destacar a Rafael Camacho, director general de Genoma España, reconocidos científicos como Fernando Ponz del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria (INIA), Daniel Ramón, Consejero Delegado de la empresa Biópolis y Juan Quintana director de la Fundación Antama, quienes explicaron la importancia que tiene para Europa no quedarse atrás en este avance tecnológico tan importante.

Como ejemplo, Daniel Ramón explicó que en Estados Unidos consumen alimentos transgénicos desde 1996 y que a día de hoy, no se conoce ningún efecto distinto al que puedan tener los alimentos tradicionales. Es decir, son tan seguros y nutritivos como pueden serlo sus equivalentes convencionales, ni mas ni menos. Por su parte, Fernando Ponz aseguró que “el punto importante en este complejo debate no es estar en contra o a favor de esta tecnología, sino saber, conocer y estar a favor de la evidencia”. ¿Qué dice la evidencia? “Que la transgénesis es una tecnología que nos ayuda a conocer más a fondo cada una de las propiedades de las plantas, así como su posterior aplicación en beneficio de la sociedad”, señaló.

En este sentido, Rafael Camacho, director general de la fundación Genoma España aseguró que “la biotecnología vegetal utiliza diversas técnicas, entre ellas la ingeniería genética, una herramienta fundamental, para conseguir cultivos mejorados, más resistentes, más productivos o adaptados, con el consiguiente beneficio”.

Las primeras plantas transgénicas fueron creadas en 1983 en Europa, continente que en su época fue líder indiscutible en esta tecnología. Veinticinco años después, el viejo continente ocupa el puesto de cola debido al constante rechazo que experimenta la población hacia este tipo de tecnología. Según Juan Quintana, este hecho se debe mayoritariamente a la falta de  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentosconocimiento por parte de la población. Es decir, a día de hoy, todos los alimentos que consumimos han sido de una u otra forma modificados genéticamente, por ejemplo, el maíz que consumimos actualmente tiene muy poco que ver con el que trajo Colón, de la misma forma que la patata al principio era tóxica y hubo que mejorarla para poder consumirla”.

Sobre este mismo punto el científico del INIA aclaró que “la sociedad ha sido ajena a este hecho, pero lo cierto es que los alimentos vienen modificándose y consumiéndose desde hace más de 100 siglos. La transgénesis es una manera nueva y más controlada de hacer lo que venimos haciendo a lo largo de muchísimos años”.

¿Cuál es el Problema?

En los últimos años diferentes organizaciones ecologistas han puesto sus ojos en los transgénicos y los supuestos perjuicios que éstos traen consigo en términos de salud para la población, en temas económicos para los agricultores y pequeños empresarios. Para Daniel Ramón el gran problema es la vulgarización del término y su asociación con temas de injusticia social y económica. Según explicó “no se puede decir que los transgénicos están sólo en manos de multinacionales, de hecho hay muchos grupos de investigación públicos trabajando en el desarrollo de transgénicos. Un buen ejemplo es el gobierno chino que ha desarrollado 130 variedades transgénicas de arroz, sin mediar ninguna multinacional”.

Sin embargo, existen hechos que difieren de esta afirmación. Por ejemplo, señaló el científico, “en Argentina la soja transgénica emplea al 10% de la población total, es decir 4 millones de personas, tienen trabajo gracia a los cultivos transgénicos”. Por su parte, el director de la unidad de transferencia tecnológica de Genoma España, Miguel Vega, explicó que el problema de los transgénicos es un problema fundamentalmente emocional. En Estados Unidos al igual que en Argentina, los transgénicos son una fuente que genera empleo y riqueza y, por tanto, tiene una carga emocional positiva muy elevada, “necesitamos ofrecer argumentos emocionales para causar esta misma sensación en Europa”, argumentó.