Factores de riesgo de la oclusión venosa de la retina

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Hipertensión, diabetes o tener más de 50 años, predisponen a sufrir una oclusión venosa de la retina y, en consecuencia, una pérdida de agudeza visual entre leve, moderada o grave. De forma que, con el objetivo de establecer unas directrices que permitan un correcto diagnóstico y tratamiento de las diferentes variantes clínicas de las oclusiones venosas de la retina, para a su vez mejorar la calidad de vida de los pacientes, se ha editado por parte de la Sociedad Española de Retina y Vítreo la Guía de Práctica Clínica Manejo de las Oclusiones Venosas de la Retina.

“No hay que olvidar”, comenta el profesor Francisco Gómez-Ulla, presidente de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV) y coordinador de la Guía, “que la retina es la zona del ojo encargada de captar y transmitir las imágenes en forma de impulsos nerviosos hasta el cerebro, de forma que es muy importante detectar y tratar a tiempo las enfermedades de la misma par evitar, en última instancia, la ceguera”.

“Por este motivo”, añade este experto, “sin duda, la formación y actualización continua de conocimientos desde el punto de vista del oftalmólogo es imprescindible para favorecer la detección y tratamiento precoz. Para ello, los instrumentos básicos son el control de síntomas y la comunicación. En este sentido, desde nuestra Sociedad considerábamos necesario el disponer de una Guía que recogiese los nuevos conocimientos que se han registrado en este campo y que a su vez sirviese como un manual que profesionales sanitarios puedan utilizar de forma rutinaria en el desarrollo de su práctica clínica”.

Múltiples factores de riesgo
La edad avanzada, la hipertensión, la hiperviscosidad sanguínea, padecer trombofilia, la  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentosdiabetes, etc. son algunos de los factores de riesgo que de no ser controlados aumentan el riesgo de sufrir una oclusión venosa de la retina, la vasculopatía retiniana más

Frecuente, después de la retinopatía diabética. De hecho, como indica el profesor, “la mayoría de los pacientes son mayores de 50 años y tienen como enfermedades asociadas, diabetes, enfermedad cardiovascular o hipertensión arterial”. Tanto es así, que hasta el 64% de las personas mayores de 60 años con oclusión venosa de la retina padecen hipertensión. Un factor que si no se controla puede motivar nuevas oclusiones o a la afectación del otro ojo.

Sin embargo, en los menores de 50 años el principal factor de riesgo es la hiperlipidemia, es decir, el nivel elevado de grasas en la sangre. Aunque esta patología también está presente en la mitad de los pacientes de más edad. “En cualquier caso, el inicio del manejo médico de los factores de riesgo se debe realizar dentro de los dos primeros meses tras el diagnóstico de la oclusión”, indica el profesor Gómez-Ulla.

Además, las oclusiones vasculares retinianas se asocian a mayor riesgo de muerte por causa vascular cardíaca o cerebral. “Por tanto, los oftalmólogos debemos estudiar los principales factores de riesgo sistémicos, interpretar los resultados y remitir al paciente al especialista adecuado”, señala el profesor Gómez-Ulla.

Oclusión venosa de la retina
Entre las vasculopatías venosas se encuentra la oclusión de la rama venosa de la retina y la oclusión de la vena central de la retina (OVCR). A su vez, existen dos formas de OVCR, la OVCR isquémica y la OVCR no isquémica.

La OVCR no isquémica es más frecuente. Su presentación consiste en una pérdida de agudeza visual entre leve y moderada. Las hemorragias intrarretinianas son entre leves y moderadas (puntiformes, en mancha y en llama). “En estos casos, el pronóstico es razonablemente bueno en cerca del 50% de los casos, con recuperación de la agudeza visual”, explica el profesor Gómez-Ulla.

Por su parte, la OVCR isquémica produce una pérdida grave de la agudeza visual, que en general es inferior a 0,1 y, a menudo, sólo permite contar los dedos de la mano. De manera que el pronóstico es muy poco favorable y el tratamiento consiste en la rápida aplicación de fotocoagulación para prevenir la neovascularización, es decir, el desarrollo de nuevos vasos sanguíneos que pueden dar lugar a otras complicaciones.

“En cualquier caso, los objetivos del tratamiento son actuar sobre las complicaciones oftalmológicas que son causa de disminución visual y la disminución y actuación sobre factores sistémicos que pueden ser modificables, como la diabetes, la hipertensión o la trombofilia”, explica el profesor Gómez-Ulla.