Hiperactividad, también en la edad adulta

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El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es uno de los problemas psiquiátricos más comunes en los niños y adolescentes hasta el punto de que una de cada dos consultas se deben a este motivo.

Según Javier Royo, psiquiatra infanto-juvenil del Servicio Navarro de Salud, Osasusnbidea,  se estima que “en torno a   un 5% de los niños de entre 6 y 16 años padecen este trastorno”. Los síntomas de este trastorno pueden atenuarse con la edad, aunque casi un 50 % mantiene síntomas de TDAH en la edad adulta. De estos y otros asuntos hablará el psiquiatra quien ofrece, hoy miércoles, 17 de marzo de 2010, una conferencia, abierta al público, dentro del programa Encuentros con la Salud. El encuentro, bajo el título “Hiperactividad en la infancia y la adolescencia: ¿qué pasa después?”, tendrá lugar a partir de las 19:00 horas en la Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbao (c/Bidebarrieta, 4). 

Subraya el experto que “no es suficiente con que una persona mantenga estos síntomas en la edad adulta para que se diagnostique la patología. Además éstos han de afectar a su vida diaria. En este caso, el porcentaje de personas con hiperactividad que prolongan este diagnóstico a la edad adulta alcanza el cincuenta  por ciento de las personas afectadas”.  

Javier Royo recuerda cómo “se ha comprobado que el trastorno tiene una base biológica muy importante. El factor genético es muy importante y es frecuente que alguno de los padres también padezca el trastorno. Cada vez hay más diagnósticos en la edad adulta, hecho que antes no se producía. Es muy difícil que un adulto vaya a la consulta y diga  “doctor, soy hiperactivo”; probablemente acudirá por otros motivos (ansiedad, depresión, consumo de  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentostóxicos…). Un porcentaje importante de adultos con nuevos diagnósticos de TDAH son padres de niños a los que se les ha diagnosticado recientemente de TDAH, y ha sido en el curso de las entrevistas mantenidas para diagnosticar a su hijo cuando han sido conscientes de que ellos eran igual cuando eran niños.

El TDAH tiene un alto impacto porque afecta a diferentes esferas. “El niño puede tener problemas en casa, con los padres y hermanos, en el colegio, porque hay problemas de atención, se le envían mensajes negativos (pórtate bien, no seas vago, no puedo contigo…) etc. La repercusión es importante y eso genera problemas de autoestima que pueden acarrear incluso cuadros depresivos”, matiza el especialista.

A la hora de detectar los síntomas, Javier Royo argumenta que “éstos están divididos en dos grupos. Los primeros son síntomas de hiperactividad motora e impulsividad. El segundo son los síntomas relacionados con la falta de atención. Un 70% de los niños tienen síntomas de los dos grupos combinados, tienen el TDAH clásico, combinado. Pero hay un grupo, de más difícil diagnóstico, que sólo tienen síntomas de atención. No son nadas impulsivos, ni se mueven demasiado. Rondan un 20% y es más habitual en niñas. Su detección suele ser más tardía, ya que pasan totalmente desapercibidos. Si a una chica le cuesta concentrarse y recibe apoyo en casa suele ir, con la ayuda de sus padres , progresando escolarmente pero llega un momento en que no es suficiente, últimos cursos de escolarización primaria o ESO. En ese momento aparece el fracaso escolar, y la niña no puede más; así no es raro que la consulta llegue al especialista por problemas de ansiedad o ánimo bajo, pero realmente lo subyacente es el problema de atención., crisis de ansiedad o fobias escolares y consultan por estos motivos”.

No obstante, el especialista asegura que “niños movidos ha habido siempre. Pero un cuadro de hiperactividad es más. Es un niño inquieto, que no para y además es muy impulsivo, se precipita, no se frena. Tiene una naturaleza más desafiante y a esto se unen los problemas de atención. Son despistados, se concentran mal y se compromete el aprendizaje escolar.  Si el diagnóstico es a los 6-8 años es un buen momento,precoz.  El problema es que seguimos viendo pacientes nuevos con 14 ó 15 años, que no habían sido detectados antes.

Más allá del tratamiento farmacológico, que es fundamental,  hay otra serie de pautas. “Por ejemplo mirar al niño a los ojos al hablarle, darle órdenes cortas y sencillas. A la hora de estudiar estar cerca y durante periodos cortos. Hay que animarle, estimularle y no lanzar mensajes negativos así como potenciar los aspectos que se le dan bien, como el deporte, para realzar la autoestima. En el colegio es importante que entiendan que el niño tiene un trastorno. Hay que plantear, por ejemplo, exámenes cortos”.