ISABEL GEMIO: “Las mujeres vamos sin tiempo ni energía, somos las que más fármacos tomamos… y por algo será”

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Por Carla Nieto

No necesita presentación. A lo largo de sus más de 30 años de carrera, ha tocado todos los palos profesionales y su nombre es indisociable de grandes hitos de la televisión (Lo que necesitas es amor, Sorpresa, sorpresa…). Desde hace un tiempo ha recalado en la radio, a la que considera “su” medio. Pero hay otra Isabel Gemio detrás de las ondas o de la pantalla: la mujer solidaria y comprometida.

 Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, MedicamentosHablamos con Isabel Gemio en un entorno en el que es muy habitual encontrarla: durante la celebración de un acto solidario. Concretamente en este caso se trata de la presentación de la campaña  Alzheimer: mejor saberlo, puesta en marcha por Novartis en el marco del Año Internacional para la Investigación del Alzheimer y Enfermedades Neurodegenerativas. Se trata de una iniciativa de información y concienciación sobre la importancia de la detección de esta enfermedad en la que la periodista ha estado muy implicada, ya que a través de entrevistas a médicos y cuidadores ha hecho posible que se transmita una imagen real de esta dolencia y que se ofrezca la visión de todos los actores implicado en la lucha diaria contra una enfermedad que en España afecta a cerca de 650.000 personas.

-¿Qué es lo que te ha llevado a tomar parte en esta iniciativa?
Creo que aún carecemos de información suficiente sobre una enfermedad de la que se habla constantemente. Hasta hace poco se consideraba al Alzheimer como una patología de personas mayores, pero en realidad es mucho más compleja. Todos tenemos una responsabilidad en un problema que es tan mayoritario y que en cualquier momento puede afectarnos a todos.

-Es frecuente verte colaborar con campañas de este tipo, pero sin duda tu máxima implicación está volcada en la Fundación que lleva tu nombre (la Fundación Isabel Gemio está centrada en la investigación de las distrofias musculares y otras enfermedades raras).  ¿Qué se puede hacer para concienciar  a la población sobre este tipo de enfermedades y potenciar la investigación?
Primero, es necesario que la sociedad conozca las necesidades de estas enfermedades y que los medios de comunicación las hagan visibles. Y luego, pedir implicación, tanto pública como privada. El campo  de lo público tiene que ocuparse más de estas enfermedades; no sirve la excusa de que se trata de patologías minoritarias, ya que los afectados son personas con los mismos derechos que cualquier otra y que también votan, pagan sus impuestos, etc. Y por otro lado, el capital privado, las empresas, tienen que darse cuenta que tienen una responsabilidad social y que estos enfermos son los más abandonados. Se trata de miles de personas que padecen estas enfermedades y no puede ser que vivan sin esperanza, y que nadie investigue sobre ellas. Son siempre los “últimos de la cola” y eso me parece una cuestión de discriminación y de injusticia. Eso fue lo que nos llevó a poner en marcha la Fundación, porque todos los que estamos implicados en ella nos dimos cuenta de que la investigación era muy escasa, que había muy poca en España y que los enfermos españoles  se sentían realmente abandonados.

-Cambiando de tema: ¿qué haces para mantenerte en forma?, ¿eres especialmente aprensiva en cuestiones de salud?
No, pero me cuido mucho. Me parece fundamental estar sana. El tópico de que la salud es lo más importante lo tengo introducido en mi “disco duro”, y por eso me cuido para estar mejor y para prevenir que aparezcan problemas en el futuro. Estoy convencida que la mejor manera para conseguirlo es hacer ejercicio, no fumar, no abusar del alcohol…. Y me  parece fundamental vigilar lo que comemos; hay que intentar que se trate de alimentos lo más naturales posible. Soy muy ecológica en ese sentido y, de hecho, tengo mi pequeño huerto. Me parece que hoy en día consumimos demasiados colorantes, conservantes y aditivos en las comidas. Yo no sé si hay estudios al respecto, pero creo que los niveles de química que estamos introduciendo en el organismo son excesivos. Practico totalmente lo que decían los sabios griegos: para estar bien de mente hay que cuidar el cuerpo.

-Al hilo de esto, ¿qué opinas del excesivo culto al cuerpo que impera en la sociedad actual?, ¿no crees que también habría que cultivar un poco la mente?
Un poco no, ¡mucho! Estamos de espaldas al cuidado de la mente y del espíritu. Vivimos en un mundo hedonista y absolutamente materialista. Somos más consumidores que seres humanos y creemos que es más importante tener que ser. La realidad es que si no somos, no podemos estar bien. La sociedad actual entera es responsable de estos mensajes. Se le ha dicho a la gente que se cuide físicamente, pero no proliferan los mensajes acerca de la necesidad de que cultivemos también la mente y el espíritu. Creo que ésta es la razón por la que cada vez hay más gente deprimida y más personas que se tienen que poner en manos de especialistas porque no saben gestionar sus vidas. La realidad supera a mucha gente porque el mundo en el que vivimos es muy competitivo, muy poco humano y muy poco dado a la reflexión, al silencio, a la tranquilidad, a disfrutar de los amigos, a escucharse por dentro… Todo es demasiado ruido y eso, a la larga, enferma. Por eso la sociedad está cada vez más enferma en muchos aspectos: espiritual,  física y moralmente. Estamos bajo mínimos en muchas cosas. De ahí que esta crisis que estamos viviendo actualmente vaya mucho más allá de lo económico. Lo que pasa es que el ser humano, en esta locura en la que se ha sumergido, cree que la economía es lo más importante, pero no es así. Efectivamente, hay que tener un bienestar pero el problema es que hemos querido tener muchísimo más y la avaricia nos ha perdido. Estamos en un punto de reflexión global y tras muchos excesos parece que hemos echado todos un poco el freno para preguntarnos qué nos está pasando y cómo hemos llegado hasta aquí. Me parece muy importante todo este movimiento que estamos viviendo actualmente de movilización popular y de despertar conciencias; ya es hora de que la gente se cuestione qué tipo de vida lleva. Espero que esta catarsis en la que parece que estamos inmersos actualmente nos lleve a un estilo de vida más positivo y, sobre todo, que haga que nos humanicemos.

-Mujer, trabajadora infatigable y madre: ¿crees que es posible la conciliación?
No, en absoluto, mientras no haya igualdad y mientras hombres y mujeres no compartamos de verdad todo lo que se refiere a la educación y la organización doméstica. Hasta que esto no ocurra, no podremos conciliar. Hoy en día, las mujeres vamos sin tiempo, sin energía, somos las que más fármacos tomamos y las que más nos automedicamos, y por algo será. Cómo hemos visto en el caso del Alzheimer, cuando hay un problema de salud en casa la que se convierte en enfermera es la mujer, renunciando por lo tanto a su trabajo, a su realización personal. Yo he conocido a muchas mujeres que lo han hecho y eso crea una desazón y un sufrimiento que es difícil de sobrellevar. Las mujeres tenemos que cuidarnos mucho porque no podemos con tanto. La mochila que llevamos encima está demasiado cargada de tareas y de responsabilidades. Y, por otro lado, es muy importante que las políticas sociales favorezcan esta conciliación. Por ejemplo, es insoportable e inadmisible el horario que llevamos. Eso tiene que cambiar ya. No entiendo cómo las políticas laborales y las organizaciones no se imponen este tema como una necesidad de primer orden. Y tampoco comprendo cómo vamos con tanta lentitud ni cómo los movimientos feministas y las propias mujeres no somos más activas en ese sentido.

-Es obvio que hablas alto y claro. ¿Has tenido que pagar algún precio por ser auténtica y fiel a ti misma?
Antes creía que sí que tenía que pagar algún precio y que éste era caro, pero pienso que sería mucho más caro ser incoherente conmigo misma porque dormiría muy mal y tendría problemas de salud e incluso mentales. Por lo tanto, no tiene mayor mérito porque soy así, soy incapaz de comportarme de otra manera. Quiero reconocerme en el espejo, quiero ser coherente con mis principios, defender aquello en lo que creo, y eso a veces puede ser incomp

rendido. Una tiene que recorrer el camino y no puede estar pensando en si lo que hace o dice gustará o no gustará. Eso es lo que creo que valora en mí la gente.

-Y, por último ¿cuál es el secreto para llevar tantos años en la brecha?
Pues verás, para este proyecto del Alzheimer me han dicho que me han elegido porque me ven cercana y creíble, algo que me halaga porque para mí la credibilidad es fundamental en la vida en general y en los medios de comunicación en particular.  Mi único patrimonio es la credibilidad, no tengo nada más que eso, unido a 30 años de trabajo y de hacer las cosas como creía que debía hacerlas, sin pensar si era oportuno o no, porque no soy estratega. Funciono con el corazón y con mi  mente, pero tratando siempre de no hacer daño a nadie y procurando ponerme en el lugar del otro, menos de aquellos que son malas personas. A estos hay que tratar de ignorarlos porque  te pueden chupar mucha energía, y lo mejor es dejarlos al margen de tu vida. Es muy importante rodearse de gente positiva, que te quiera bien, que sea constructiva.