La OMS declara a Sierra Leona país libre de ébola

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Mañana, la epidemia de ébola quedará erradicada de Sierra Leona con la declaración oficial por parte de Organización Mundial de la Salud (OMS), que considera así controlado el brote al haber pasado 42 días después del último caso comprobado. Sierra Leona es el país que más casos de la enfermedad ha registrado, con 14.104 -entre probables y confirmados- y casi 4.000 muertes.

Sin embargo, José Félix Hoyo, cooperante de Médicos del Mundo y responsable de Operaciones Internacionales de la organización, considera que el 7 de noviembre no es el fin del ébola. “Es sólo la demostración de que el Gobierno de Sierra Leona y las organizaciones presentes en el país han conseguido frenar la expansión mortífera de este virus, pero teniendo en cuenta que se siguen registrando casos en Guinea, no se puede bajar la guardia“, afirma.

“Además, ahora nos enfrentamos a una crisis de salud pública de mayores dimensiones que las del propio ébola, con la estructura sanitaria del país muy debilitada”, remarca Hoyo. Una afirmación que queda confirmada con la contundencia de los datos: se calcula que sólo el 50% del personal sanitario del país está activo en este momento y el 74% de las y los habitantes considera que la situación de salud es peor que hace un año.

El virus no sólo mató a miles de personas, sino que alejó a la población de los centros sanitarios por el miedo a la infección. Esto ha supuesto una dramática reducción de la utilización de estos servicios en Sierra Leona -hasta un 70% comparado con la situación pre-ébola-, el descenso en un 60% de la tasa de vacunación infantil o el hecho de que solo la mitad de la población solicite asistencia sanitaria cuando se enfrenta a un problema de salud.

En total, se estima que más de 3,5 millones de personas están en riesgo debido a las necesidades insatisfechas de salud que aquejan al país. Comienza ahora un largo trabajo para crear las condiciones necesarias para que esto no vuelva a ocurrir.

¿Qué pasa con los supervivientes?
El equipo psicosocial de Médicos del Mundo  se embarcó en un estudio de necesidades, tanto de supervivientes del ébola como de las familias afectadas por el brote en el distrito de Koinadugu. Se trataba de comprobar cuáles eran sus condiciones de vida, de salud y su reintegración en la comunidad una vez que la epidemia ha quedado controlada. Las cifras son alarmantes: el 90% de los supervivientes de ébola perdieron a familiares durante el brote. De media, cada superviviente ha perdido a cinco de ellos. Un 74% de los hogares afectados por la enfermedad han perdido al cabeza de familia.

También son significativas las estrategias que, según las propias personas supervivientes, les ayudan a afrontar su situación. Entre ellas destacan el apoyo de su comunidad y de su familia, la música -en un 21% de las personas entrevistas-, la agricultura -que les permite tener la mente ocupada y sentirse útiles-, los aspectos espirituales y la apuesta por la educación de sus hijos e hijas, algo muy llamativo en una zona con un 85% de analfabetismo.

El estigma
Quienes han sobrevivido declaran haberse sentido estigmatizados en un 29% de los casos, lo que potenció su sentimiento de soledad. Afortunadamente, este rechazo fue disminuyendo con el paso del tiempo, de tal manera que sólo un 13% se sigue sintiendo discriminado en la actualidad. En esta disminución del rechazo ha sido clave el papel del personal sanitario, higienistas y trabajadores sociales locales, que se han encargado de concienciar a las poblaciones y derribar mitos sin base real.

En estos momentos, lo que ocurre es que algunas personas tratan de camuflar síntomas de cualquier otra enfermedad. Creen que mostrar debilidad física puede ser entendido como que el virus sigue presente en su cuerpo, por lo que tienen miedo de mostrarse enfermos por si eso desencadena de nuevo el rechazo.

 

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