El acceso vascular, una operación relativamente sencilla, es de gran importancia para realizar correctamente la hemodiálisis
Uno de los problemas más importantes que comparten tanto cirujanos vasculares como nefrólogos es el acceso vascular en pacientes con insuficiencia renal crónica que van a ser tratados con hemodiálisis, según explica la doctora Rosa Sánchez Hernández, coordinadora, junto al doctor Agustín Arroyo Bielsa, del primer encuentro vascular-nefrología que ha tenido lugar en el marco del 60 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular.
La doctora añade que para que uno de estos pacientes pueda dializarse bien, su sangre ha de salir y poder entrar de nuevo limpia: “Para ello se hace una operación que consiste en la unión de una arteria con una vena, generalmente en el brazo, con la arteria radial y la vena cefálica. Una operación pequeña, pero importante, indicada por el nefrólogo y realizada por el cirujano vascular, que si se hace bien, puede llegar a durar toda la vida”.
Según el Registro de la Sociedad Española de Nefrología, la incidencia de nuevos casos por millón de población es de 100-120 (400 en mayores de 75 años) al año, lo que equivale a pacientes que necesitan un primer acceso vascular, explica el doctor Arroyo Bielsa, que agrega que la prevalencia de los pacientes que ya están en diálisis y necesitan una necesitan una vigilancia exhaustiva del acceso para corregir o repararlo cuando sea necesario es de aproximadamente 1.000 por millón de población.
Los especialistas pueden ofrecer a estos pacientes tres tipos de vías de acceso: la fístula arteriovenosa nativa, “la mejor de todas en cuanto a mayor permeabilidad y duración y menos complicaciones”; la fístula arteriovenosa protésica; y el catéter tunelizado. Para el doctor Arroyo Bielsa, “está demostrado que en los centros hospitalarios donde existe un buen entendimiento entre todos los profesionales que intervienen, el porcentaje de fístulas nativas es mayor; reduciendo el número de fístulas protésicas y catéteres, que siempre acarrean más complicaciones para el paciente”.
El coordinador del curso agrega que “una correcta coordinación entre Nefrólogo, Cirujano Vascular, Radiólogo Vascular y Enfermería, permite ofrecer a los pacientes mejores y más rápidas soluciones. No sólo en la creación de un acceso vascular, sino en la reparación de los accesos disfuncionantes”.
Este tema preocupa y mucho a los especialistas en nefrología, argumenta la doctora Sánchez Hernández, ya que sin un buen acceso “el paciente no se dializa bien y eso limita mucho su vida”. De hecho, comenta que hay muchos equipos multidisciplinares en España que están abordando esta temática en sus hospitales para mejorar el rendimiento de estas fístulas, y, para conseguirlo “es importante que haya la mejor coordinación entre el cirujano vascular y el nefrólogo”.
Partiendo del precepto de que en medicina el trabajo coordinado da mejores frutos, la doctora Sánchez Hernández explica que así como hay equipos que funcionan bien en muchos hospitales, “hay otros en el que el binomio cirujano vascular-nefrólogo no lo hace tan bien, y eso va en detrimento del paciente. Por ejemplo, si el paciente no tiene posibilidad de que se le realice un acceso vascular de forma rápida, implica que tendrá que optar por un catéter, que se puede infectar. La situación se puede mejorar planificando, haciendo las cosas de forma ordenada y trabajando en equipo”.
El objetivo del curso, apunta la experta, ha sido analizar las experiencias de éxito de algunos hospitales donde se han desarrollado consultas específicas de accesos vasculares. Hospitales en los que la disfunción de la fístula tiene mucha importancia para ambas especialidades en beneficio del paciente. “El trabajo coordinado es muy importante. Los nefrólogos y enfermería hemos de cuidar esa fístula bien, para que dure más tiempo y detectar si puede fallar de forma precoz y enviarla rápidamente para que la repare el cirujano vascular”, apunta.
Curso pionero
El curso coordinado por los doctores Sánchez Hernández y Arroyo Bielsa es el primer curso que se hace en conjunto entre la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular y la Sociedad Española de Nefrología, en el que, además de la mesa redonda sobre accesos vasculares, se han analizado una serie de situaciones en las que ambas especialidades comparten actividad, con la finalidad de “intentar mejorar los conocimientos enfocados al tratamiento del paciente nefrológico con enfermedad vascular”.
El curso ha constado de otras dos mesas. La primera de ellas, ha abordado la arterosclerosis en el paciente renal crónico. “Estos pacientes generalmente son hipertensos, diabéticos o con insuficiencia renal. Cuentan con muchos factores de riesgo cardiovascular y tienen generalmente una arterosclerosis acelerada”, explica la coordinadora del curso.
En esta primera mesa ha intervenido el doctor Arroyo Bielsa que presentó una ponencia en la que demostraba que los pacientes en diálisis que desarrollan isquemia crítica de miembros inferiores (por úlcera o gangrena), tienen muy mal pronóstico. “Las técnicas de revascularización quirúrgica o endovascular de las arterias, en estos enfermos, fracasan con suma facilidad; y la amputación muchas veces es inevitable”, argumenta.
La segunda exposición se ha centrado en otras patologías comunes entre ambas especialidades, como la denervación renal en pacientes con hipertensión arterial persistente, una técnica que se utiliza en casos de hipertensión muy severa. Además, la doctora Sánchez Hernández ha abordado en esta mesa el deterioro en la función renal que se produce cuando el enfermo va a ser operado y cómo se puede prevenir y tratar.
Para la doctora Sánchez Hernández, que la función renal se deteriore en pacientes que van a ser intervenidos no es infrecuente. ¿Por qué? “Porque baja la tensión, se pierden líquidos, se utilizan contrastes radiológicos y, sobre todo, porque en cirugías mayores muy prolongadas a veces el riñón sufre”. Indica que las pautas de prevención no son difíciles de llevar a cabo, como que el paciente se mantenga con la presión y una bulimia adecuadas. “Sobre todo, que se esté atento a que este problema pueda surgir”, concluye la experta.




