“Las enfermedades cardiovasculares son la epidemia dominante del siglo XXI”

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El informe ‘El corazón del asunto: nuevos enfoques para la prevención de las enfermedades cardiovasculares’, elaborado por The Economist Intelligence Unit, con el patrocinio de la compañía biofarmacéutica AstraZeneca, revela que las enfermedades cardiovasculares (ECV) representaron el 30% de las muertes que se produjeron en el mundo en 2010, por encima de las infecciones respiratorias, VIH o cáncer, con un coste económico total superior a 850.000 millones de dólares.

En España la situación es peor. Las ECV constituyen, en España, la primera causa de muerte, con un tercio del total de defunciones. De estos fallecimientos, el 31% es por cardiopatía isquémica y el 28% por enfermedad cerebrovascular. En España los costes de las ECV se estiman en torno a 2.000 millones de euros anuales. Por tanto, las ECV requieren cada vez más atención, mayores esfuerzos de prevención y mayor disponibilidad de medicamentos para reducir el riesgo a muchas personas que podrían beneficiarse de ellos.

A pesar del mayor reconocimiento del problema, todos los indicadores señalan que la situación empeorará antes de que podamos ver una mejoría. Los factores de riesgo relativos al estilo de vida están aumentando de forma importante en muchas partes del mundo, entre ellos la hipertensión arterial, la obesidad, el consumo de tabaco y la ingesta excesiva de sal. Además, el continuo envejecimiento de la población conlleva un riesgo añadido. De ahí que el Dr. Srinath Reddy, presidente de la World Heart Federation, se refiera a las ECV como “la epidemia dominante del siglo XXI”.

La prevención podría reducir en gran medida la incidencia de las ECV
Reducir los niveles de tabaquismo, mejorar las dietas y otros esfuerzos de prevención básicos han conseguido reducir la incidencia de las ECV en los países desarrollados durante las últimas décadas. Si añadimos el impacto de las medidas de prevención secundaria, esto supone que la gran mayoría de las ECV pueden evitarse. Aun así, la prevención necesaria está poco extendida, ya que por lo general los gobiernos destinan sólo una pequeña parte del gasto sanitario a la prevención de enfermedades de cualquier tipo, normalmente el 3% en los países desarrollados.

Los factores de riesgo cardiovascular favorecen el desarrollo de ECV, por eso es muy importante conocerlos, combatirlos y conseguir controlarlos. De hecho, más del 50% de la reducción de la mortalidad se relaciona con la modificación de los factores de riesgo. El paciente que ha sufrido un episodio de una ECV, por ejemplo, un infarto agudo de miocardio o angina de pecho (las cuales suelen denominarse de forma conjunta como síndrome coronario agudo), se enfrenta a un elevado riesgo de mortalidad cardiovascular en los doce meses siguientes a sufrir el primer episodio. Pero con un tratamiento farmacológico correcto, puede reincorporase a una vida normal, aunque debe cumplir estrictamente unas normas de vida y alimentación.

ECV en España
El término “enfermedad cardiovascular” incluye diferentes patologías que afectan al corazón y al sistema circulatorio. Siguiendo la terminología del estudio Carga Mundial de la Enfermedades (Global Burden of Disease) de la OMS las dos más comunes son: cardiopatía isquémica (CI) y enfermedad cerebrovascular. La primera también es conocida como enfermedad coronaria y suele estar provocada por la acumulación de materia grasa en el sistema circulatorio que obstruye el flujo sanguíneo. También la cardiopatía isquémica puede provocar una angina de pecho o un infarto, que suelen denominarse de forma conjunta como síndrome coronario agudo (SCA).

El SCA es una de las principales causas de mortalidad, morbilidad y coste sanitario en España. Se estima que durante el 2013 el número total de casos de SCA ha sido de 115.752, de los cuales alrededor de 30.400 murieron antes de llegar al hospital. De los pacientes hospitalizados por SCA en este último año, el 38,2% padecieron el síndrome con elevación del ST, el 55,8% la manifestaron sin elevación del ST y el 6% se consideran no clasificables. De todos ellos, un 18,7% padeció una angina inestable y un 81,3% sufrió un infarto de micardio4.

Las tasas de mortalidad ajustadas por edad para la ECV llevan disminuyendo desde 1975 al 3,1% anual. Un 50% de este descenso podría deberse a la reducción de algunos factores de riesgo, como el colesterol total y la presión arterial sistólica, pese a que su control sigue siendo muy bajo en España. Sin embargo, las tendencias negativas de otros factores de riesgo, como la obesidad y la diabetes mellitus, la inactividad física en varones y el tabaquismo en mujeres, junto con la mayor supervivencia de los pacientes y el envejecimiento de la población, hace que el impacto de las ECV siga aumentado. En España la prevalencia de individuos que presentan dos factores de riesgo es del 31% en atención primaria, y en torno al 6% presenta tres.

La tasa de mortalidad española sufre variaciones entre las diferentes regiones. Las regiones con mayores tasas de mortalidad cardiovascular, tanto por CI como por enfermedad cerebrovascular, son la Comunidad Valenciana, Extremadura, Andalucía y Murcia. Por otra parte, Madrid, Navarra, Castilla y León y Aragón son las comunidades que presentan menores tasas ajustadas de mortalidad cardiovascular, con menos de 190 casos por 100.000 habitantes. Las diferencias, presumiblemente, se deben a factores ambientales modificables, nivel socioeconómico, actividad física y factores dietéticos, lo que enfatiza el potencial de prevención alcanzable.

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