Llevar gafas de sol de mala calidad es peor que no llevarlas

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Las lentes no homologadas, lejos de proteger, pueden provocar afecciones de gravedad.

En verano los ojos pasan muchas horas expuestos a una intensa luz solar, con la amenaza de los nocivos rayos solares, infrarojos y ultravioletas, que pueden provocar daños o agravar dolencias ya existentes. Federópticos recuerda que para protegerse es necesario disponer de unas gafas de sol de calidad, que cumplan la función para las que se adquieren. No basta con usar gafas de sol, sino que deben estar homologadas, ya que los cristales no adecuados, lejos de proteger la vista, pueden provocar graves afecciones.

Cuando una persona se expone al sol, su pupila se cierra como reacción a la luz excesiva, protegiendo al ojo. Si se usa una gafa de sol, la pupila se abre de nuevo al bajar la luminosidad, “confiada” en la protección que aporta la lente. Si la gafa no es de calidad y no cumple con su labor de protección, el efecto es el contrario al deseado, pues al dilatarse, la pupila abre una puerta a los rayos solares nocivos, que llegan al fondo del ojo.

Federópticos recomienda que, para evitar riesgos, lo adecuado es acudir siempre en un establecimiento óptico especializado. Los cristales no testados por una autoridad sanitaria pueden provocar la aparición de lesiones maculares, al carecer de filtros para partículas luminosas -tanto iónicas como electrónicas- que tienen carácter tóxico. Para una persona no experta, es difícil distinguir entre un cristal “malo” de uno de óptica, ya que las gafas compradas fuera de un establecimiento especializado pueden llevar un sello falso de la Unión Europea.

Según la Federación Española de Asociaciones del Sector Óptico en una publicación de 2013, el 30 por ciento de las gafas de sol que se venden en España se realiza a través de lugares no especializados y mercadillos, un dato muy preocupante, ya que este tipo de productos no protegen en modo alguno contra los rayos ultravioletas.

No todas las gafas son iguales
Las gafas de sol son, por tanto, un elemento clave de protección y se deben elegir con cuidado, en función de los ojos de cada persona, para lo cual es necesario un adecuado conocimiento de la salud visual del usuario. Las lentes tienen diferentes categorías, intensidades o colores, pensados para tipos de usuario determinado, e incluso pueden ser polarizadas, con lo que se consigue evitar posibles deslumbramientos.

Elegir el color de los cristales de las gafas de sol es importante si se padecen determinadas enfermedades retinianas; en este caso debe ser un oftalmólogo quien determine qué tono debe usar el paciente. Las gafas de sol con cristales de color verde son adecuadas para hipermétropes y para personas que practican mucho deporte al aire libre; el color marrón, en cambio, da amplitud de campo, y es aconsejable en caso de miopía.

Igualmente, las personas que usan gafas graduadas también necesitan estar protegidas, ya sea utilizando un filtro que acoplar a sus lentes habituales o bien contar con unas gafas de sol graduadas o progresivas

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