Nace la Fundación para la Salud Geoambiental

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La sobreexposición a ondas, campos electromagnéticos y radiaciones daña nuestra salud y cada día existe más preocupación social y científica sobre cómo nos afecta y qué límites son admisibles para nuestro bienestar. Para investigar este fenómeno y proponer soluciones que favorezcan un entorno más sano, nace la Fundación para la Salud Geoambiental, entidad sin ánimo de lucro cuya presentación oficial ha tenido lugar el 23 de abril en el Auditorio de CosmoCaixa, en el Museo de la Ciencia que la Fundación “la Caixa” tiene en Alcobendas (Madrid).


Durante el acto, el director general de la Fundación, Ezequiel Cabado, ha explicado la visión humanista de la Fundación: “Queremos que ningún ser vivo enferme debido a la influencia de los lugares donde desarrolla su vida. Nuestro deseo, y el objetivo por el que vamos a trabajar, es porque creemos que es posible construir un mundo donde millones de personas puedan disfrutar de su derecho fundamental a vivir y trabajar en un lugar sano, sin radiaciones que contaminen el ambiente”.

Cabado ha afirmado que “nuestro objetivo es corroborar y dar a conocer lo que muchos estudios están poniendo de manifiesto, y es que una sobreexposición a radiaciones naturales y campos electromagnéticos tienen efectos nocivos sobre la salud”. La misión de la Fundación es múltiple: “Queremos profundizar en los estudios que ya existen sobre los riesgos que implican las ondas y radiaciones de todo tipo; no sólo las artificiales, procedentes del entorno ultratecnológico en que vivimos, sino sobre todo las naturales, producidas por distintos factores geofísicos, que son las más desconocidas”, explica Cabado.

Según ha detallado en su intervención Fernando Pérez, vicepresidente de la Fundación, “Vivimos en un océano electromagnético. Nuestros órganos vitales funcionan mediante impulsos eléctricos, y eso es lo que mide un electrocardiograma o un electroencefalograma, por ejemplo. Por tanto, el estar sobreexpuesto a radiaciones naturales y artificiales interfiere con nuestros ritmos biológicos y tiene consecuencias para nuestra salud”. Los síntomas pueden variar desde un cansancio inexplicable, dolores de cabeza, etc. hasta manifestaciones más graves, como disfunciones en el sistema endocrino, reproductor o inmunológico, que pueden derivar en tumores. “Algunas son molestias relativamente llevaderas, como insomnio o dificultades de concentración. Pero cada día vemos a nuestro alrededor más casos de  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentoscánceres y leucemias, aunque no son contagiosas. La mayoría de las personas desconocen el origen del problema. Es necesario empezar a plantearse seriamente qué papel juegan las radiaciones en nuestra salud y definir soluciones a nivel social”, añadió Pérez.

Para potenciar la concienciación social sobre estos riesgos, la Fundación ha editado un libro para niños en el que introduce a los más pequeños en los conceptos básicos de salud geoambiental, y lo ha distribuido gratuitamente entre los asistentes al acto. Además ha puesto en marcha el I Premio de Periodismo Geoambiental 2010, dotado con 3.000 euros, al trabajo periodístico que mejor contribuya a la sensibilización social sobre la importancia de vivir en espacios sanos. La Fundación convoca asimismo el I Premio de Investigación Geoambiental, que galardonará el estudio científico que mejor contribuya al conocimiento de las radiaciones naturales y sus efectos en la salud de los seres vivos.

Recomendaciones
Según explica el vicepresidente, Fernando Pérez, las radiaciones pueden tener un origen natural, procedentes del subsuelo (alteraciones geofísicas, redes geomagnéticas naturales, radiactividad ambiental, gas radón…), o artificial (antenas de telefonía, wifi, teléfonos inalámbricos, instalaciones eléctricas mal realizadas, suelos y techos técnicos…)

La Fundación quiere poner el foco de atención sobre las radiaciones naturales, “porque lo que ocurre en el subsuelo tiene efectos en la superficie y en los campos magnéticos que nos rodean, y por tanto influye en nuestro propio funcionamiento electromagnético”, según el vicepresidente. “En los cientos de viviendas que he analizado durante mi vida profesional, en la mitad de los casos he encontrado un problema de radiaciones naturales en el lugar donde se situaba la cama, que es donde más horas al día permanecemos y, por tanto, donde estamos más expuestos. Y el 80% de las viviendas están construidas sobre una perturbación geofísica”, detalla Pérez.

En cuanto a las radiaciones artificiales, ya en el año 2002 la Convención de Salzburgo recomendaba limitar la radiación máxima en todas las altas frecuencias a 10 µW/cm² (microwatios por centímetro cuadrado), y a 0,1 µW/cm² específicamente en las frecuencias de telefonía móvil. En 2007, el Informe Bioinitiative, tras revisar 1.500 investigaciones científicas independientes, hizo un llamamiento a las autoridades públicas y sanitarias para reducir los niveles de exposición por debajo de esos 0,1 µW/cm² en los lugares donde “la gente vive, trabaja o estudia”. En 2009, el Parlamento Europeo emitió una resolución instando a los estados miembro a revisar y reducir los niveles máximos de exposición electromagnética para el público en general, subrayando la importancia del principio de precaución.

A pesar de ello, la legislación es dispar en función de los países. “Los más avanzados, como Francia, están eliminando las redes wifi en bibliotecas, colegios y lugares públicos”, recordó Pérez, “pero en España la legislación data del año 2001, y establece unos límites máximos que son 4.000 veces superiores a los recomendados por la Convención de Salzburgo. La tecnología avanza a pasos agigantados y cada vez estamos expuestos a más fuentes de radiación, pero las leyes no se están adaptando a esta realidad. Es urgente que los poderes públicos tomen conciencia de esta situación y modifiquen la legislación para que la salud de los ciudadanos quede garantizada”.

Hogares y oficinas, foco de radiaciones
En opinión de Cabado, la importancia de conocer el peligro de una sobreexposición a radiaciones naturales y artificiales es crucial, puesto que reducir sus emisiones es sencillo si comprendemos bien los riesgos. En la actualidad, en todos los hogares y oficinas hay focos de potentes radiaciones que casi todo el mundo considera inocuos. Es el caso de las redes inalámbricas para internet (wifi) o los teléfonos inalámbricos, cuyo impacto puede reducirse fácilmente con unas medidas básicas, que son especialmente importantes en los lugares donde se pasan más horas. Y en el caso de las radiaciones naturales, el riesgo es prácticamente desconocido para la mayoría de las personas.

En ese sentido, Fernando Pérez recomienda estudiar bien dónde se sitúan los lugares de alta permanencia, como cama y puesto de trabajo, para garantizar que no están expuestos a alteraciones electromagnéticas procedentes de accidentes geofísicos del subsuelo o de redes geomagnéticas naturales; retirar todos los dispositivos electrónicos de la cabecera de la cama, apagar el router wifi si no se está usando, no colocar una cama junto a un tabique en el que al otro lado estén conectados electrodomésticos, o utilizar el manos libres en el móvil, entre otras medidas de autoprotección.

“Igual que la sociedad está cada vez más sensibilizada sobre la importancia de la alimentación en su organismo, también debe tomar conciencia del papel que juega en su salud el vivir en espacios sanos. No se trata de ser alarmistas ni de dar la espalda al progreso, sino de conocer todos los riesgos y saber manejarlos. Ahí es donde la Fundación tiene un gran aporte social que realizar”, asegura Ezequiel Cabado.

Sobre la Fundación para la Salud Geoambiental:
La Fundación para la Salud Geoambiental (www.saludgeoambiental.org) es una organización sin ánimo de lucro, aconfesional, independiente y de inspiración tanto humanista como científica. Nace en 2010 por iniciativa privada con el objetivo de impulsar una mejora radical en la salud de las personas y de los lugares que habitan. Su misión es promover la investigación científica sobre las radiaciones naturales y artificiales; d
ivulgar por todas las vías posibles y a todos los públicos sus efectos en los seres vivos; concienciar a la sociedad y a los poderes públicos sobre la importancia de la salud geoambiental y sus consecuencias sanitarias, laborales y económicas; y formar profesionales con el fin de crear una nueva categoría de expertos en salud geoambiental.