Piden más I+D en tratamientos para la cefalea tensional

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A pesar de que constituyen el tipo de dolor de cabeza más frecuente, las cefaleas de tipo tensional adolecen de una falta de interés investigador sobre la eficacia de tratamientos antiguos y el desarrollo de otros nuevos. Para estimular la investigación de calidad en este campo, la sociedad internacional para el dolor de cabeza (International Headache Society, IHS) ha publicado en el último número de Cephalalgia unas guías que pretenden también reducir los riesgos asociados a la utilización de fármacos, de los que el más destacado es la cronificación del dolor por abuso de medicamentos.

La anterior edición de las guías de la IHS para el diseño de ensayos clínicos controlados en este tipo de cefaleas data de 1995. Desde entonces, según sus autores, se ha avanzado muy poco en el tratamiento por falta de investigación.

NO TODO SON FÁRMACOS
En la búsqueda de nuevas opciones terapéuticas, para el profesor de Neurología del Hospital Universitario Puerta del Hierro, de Madrid, Hugo Liaño, juega en contra la propia indefinición del trastorno. “La cefalea tensional es un cajón de sastre de una gran variedad de cefaleas”. Arguye que en su etiología confluirían tanto causas musculares como psicosomáticas, pero antes se deben descartar otras causas. Dada la heterogeneidad del dolor, señala que es difícil hallar una solución común y que la clave es individualizar el tratamiento, que no obligatoriamente pasa por los fármacos.

“En la fisiopatología de esta cefalea participan varios factores en proporciones desiguales en cada paciente”, coincide Roberto Belvís, coordinador de la Unidad de Cefaleas de USP Instituto Universitario Dexeus y miembro del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología y de la IHS. “De este modo, es frecuente que el paciente requiera, además de fármacos, terapias no farmacológicas como psicoterapia, acupuntura o fisioterapia, que ya están aceptadas en las guías”.

Entre los medicamentos, los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) serían la terapia de elección en la cefalea tensional episódica. “El ibuprofeno (800 mg) representa actualmente la primera opción para la cefalea tensional aguda, seguida de naproxeno sódico (825 mg)”, afirma Pablo Irimia, consultor del  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, MedicamentosDepartamento de Neurología y Neurocirugía de la Clínica Universidad de Navarra. Apunta que en los ensayos, otros fármacos como los COX-2 también han demostrado ser eficaces en estos pacientes, mientras que, aunque el uso de relajantes musculares carece de base científica, “se prescriben con frecuencia”.

Los antidepresivos tricíclicos son los más utilizados en la cefalea tensional crónica, a pesar de que “se han realizado pocos estudios controlados y no todos ellos han encontrado una eficacia superior a placebo”, asegura Irimia. Belvís resalta que los ensayos en los que se fundamentan estas indicaciones de los antidepresivos “tal vez no serían considerados científicos aplicando rigurosamente el sistema de medicina basada en la evidencia”.

Los expertos denuncian la necesidad de mejorar la información sobre los tratamientos disponibles de un trastorno que afecta, con mayor o menor frecuencia, al 90 por ciento de la población. “Aunque el vademécum de analgésicos y otros fármacos que pueden utilizarse como tratamiento de una crisis de cefalea tensional es muy amplio, las Guías de Práctica Clínica sólo recomiendan los analgésicos que han demostrado eficacia frente a placebo”, explica Enrique Arrieta, del Grupo de Neurología de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen).

TERAPIA PREVENTIVA
Lo mismo puede decirse de la terapia preventiva. “Muchos fármacos se postulan como posibles alternativas cuando es necesario un tratamiento continuado para prevenir la aparición de crisis, pero sólo unos pocos han demostrado evidencia (los antidepresivos)”.

Sin embargo, la investigación no está parada. Belvís destaca que se encuentran en desarrollo nuevas moléculas como inhibidores de las vías del óxido nítrico y antagonistas del receptor NMDA y se estudia la aplicación de toxina botulínica, entre otros, aunque “en la actualidad no existe ningún ensayo clínico multinacional randomizado en fase III”. Irimia entiende que es lógico que la migraña acapare más investigación debido a su carácter más discapacitante.