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Varices pélvicas: síntomas, causas y tratamientos eficaces

por Paula Rivero

Tener varices pélvicas es algo muy frecuente en la mujer, sobre todo en aquellas que han tenido varios hijos: hasta un 30% del dolor en la zona se debe a su presencia. Pesadez, dolor en la pelvis o en la parte baja de la espalda, dispaurenia y molestias urinarias son sus principales síntomas no visibles.

Tal y como las define el Capítulo Español de Flebología y Linfología de la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular (SEACV), las varices pélvicas son “venas dilatadas de la red del útero que han perdido la capacidad de realizar el correcto retorno venoso de la sangre desde la zona pélvica hasta el corazón”. Cuando esto ocurre, los síntomas asociados son pesadez en la zona y de piernas, dolor de pelvis o en la parte baja de la espalda y piernas, dispaurenia o dolor durante o después de las relaciones sexuales, y/o molestias urinarias. El cuadro se completa a menudo con varices externas visibles en la vulva, en la región de los muslos y en los glúteos

Aunque también se asocian a determinados problemas ginecológicos o hereditarios (mala circulación), el embarazo es una de las principales causas de las varices pélvicas, ya que, tal y como explican los expertos, «durante el embarazo, se produce un aumento del volumen sanguíneo y una presión adicional en las venas pélvicas debido al crecimiento del útero y al peso del bebé”, de ahí que sean más frecuentes en mujeres que han tenido varios hijos. 

Los trabajos que las complican

Partiendo de la dificultad que tiene la sangre para retornar al corazón debido a la dilatación de las venas pélvicas, cualquier actividad o postura que aumente la presión en la zona pueden empeorar la situación y hacer “ver las estrellas”. Es el caso de aquellos trabajos que obligan a estar muchas horas de pie como el de dependiente o aquellos que obligan a coger peso, como el de repartidor. Según los expertos, al aumentar la presión venosa (hipertensión venosa), se produce un dolor sordo que puede ser intermitente o continuo; focalizado en un lado del abdomen bajo o difuso por todo el abdomen, con pesadez en el bajo vientre; a menudo empeora los días previo a la menstruación. 

Por el contrario, el dolor suele disminuir con el reposo, al estar tumbados y en las primeras horas de la mañana. En ocasiones puede haber exceso de sangrado menstrual (menorragia) y/o dolor exagerado durante la menstruación (dismenorrea). Muchas veces existe irritación de la vejiga urinaria con sensación de urgencia para orinar o ganas de orinar constantes (polaquiuria).

Relaciones nada placenteras

Uno de los momentos en los que se acentúa el dolor pélvico asociado a las varices en la zona es durante el coito. Esto se debe al aumento de la circulación en la pelvis que ocurre durante la práctica de relaciones sexuales. A veces puede quedar un dolor tras las mismas (postcoital) que puede durar horas o días y producir rechazo o miedo a las relaciones sexuales.

Dos posibles síndromes tras el dolor pélvico

  1. Síndrome de Congestión Pélvica: el dolor pélvico también puede deberse al llamado Síndrome de Congestión Venosa Pélvica, que suele provocar dolor abdominal y pesadez en la zona pélvica y que frecuentemente empeora unos días antes de la menstruación o coincidiendo con ella. También se relaciona con varices en la pelvis y se da sobre todo en mujeres jóvenes de 20-40 años y premenopáusicas. Según explican desde el Capítulo Español de Flebología, a este síntoma se le conoce como dismenorrea y está relacionado con los niveles de hormonas (estrógenos y progesterona, que participan en el fenómeno de vasodilatación de las venas y capilares de los órganos sexuales femeninos), que circulan por la sangre en esta fase del ciclo menstrual, sobre todo en los días previos a la menstruación. Este síndrome es frecuente en mujeres que han tenido varios embarazos, en aquellas que tienen una predisposición genética y en mujeres con alteraciones hormonales o con procesos ginecológicos como la endometriosis.
  2. Síndrome de May-Thurner: “este síndrome se produce por la compresión de una gran vena a nivel pélvico (llamada vena iliaca común izquierda) por otro vaso gran vaso pélvico que le cruza por encima (en concreto, la arteria iliaca común derecha)”, explican los expertos del Capítulo Español de Flebología. “La vena, al verse comprimida a lo largo de mucho tiempo, puede dañarse, dilatarse y provocar dolor, edema y varices en miembros inferiores, (fundamentalmente en la pierna izquierda), frecuentemente asociado a síndrome de congestión pélvica, y hasta en un 18-49 % de pacientes puede provocar una trombosis venosa profunda del miembro inferior izquierdo”, explican.

Las técnicas que funcionan

La prueba que confirma el diagnóstico de las varices pélvicas es la flebografía pélvica, técnica con la que se introduce un pequeño catéter con el que se consigue llegar a la zona de la pélvicas y mediante la inyección de contraste se examina directamente la zona afectada. Aunque otros estudios que pueden ayudar a identificar esta patología son la ecografía abdominal y transvaginal. Todas estas pruebas las realiza el especialista en Angiología y Cirugía Vascular.

En cuanto al tratamiento para el dolor se suelen administrar analgésicos habituales o tratamientos hormonales, pero si persisten los síntomas conviene tratar la causa mediante embolización de las varices pélvicas, que consiste en sellar o cerrar esas venas con espirales, tapones o esclerosantes con el objetivo de cerrar el flujo de sangre venosa que llega a estas varices dilatadas y redirigirlo a venas sanas.

Hábitos que alivian

  1. Camina todos los días de 30 a 45 minutos. Mejorará la circulación de la sangre y facilitará el retorno venoso. 
  2. No uses ropa ajustada, ya que las medias, mallas y los pantalones ceñidos agravan el cuadro, sobre todo si aprietan en la zona de las ingles.
  3. Existen prendas de soporte exclusivas para personas con varices vulvares, similares a las medias de compresión para las piernas. Pregunta a tu farmacéutico cuáles son más adecuadas para tu caso y abstente si tienes algún trastorno que afecten a la circulación arterial o alguna enfermedad que afecte a la sensibilidad de las piernas, como la diabetes y las neuropatías.
  4. Evita permanecer de pie mucho rato y en posición parada. Es bueno descansar con las piernas ligeramente elevadas ya que también facilita el retorno venoso.
  5. Descansa en la cama colocándote de costado. Ayuda a disminuir la presión del útero sobre la vena cava.
  6. Evita los baños calientes de inmersión y elige preferentemente la ducha, alternando el agua caliente con el agua fría para reactivar la circulación.
  7. Si estás embarazada, controla el peso siguiendo las pautas médicas y sigue una dieta rica en fibra.

Ejercicios para prevenir las varices pélvicas

  • Acostada en la cama, mueve las piernas como si estuvieras pedaleando, al menos 40 veces. Después sube y baja las piernas, en 3 series de 10.
  • De pie. Camina de puntillas haciendo series y repitiendo unas 15 veces.
  • Sentada. Levanta las puntas de los pies y los talones alternativamente y las piernas por turnos, estirándolas suavemente. Después, gira los pies de derecha a izquierda y de izquierda a derecha y el tobillo, realizando una flexo extensión.

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