Quemaduras domésticas, manual de cura farmacéutico

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Las quemaduras son lesiones de los tejidos que resultan del contacto directo con llamas, líquidos, gases o superficies calientes, cáusticos químicos, electricidad o radiación. Según explica el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, ante un paciente con una quemadura se deben evaluar una serie de factores que determinarán la gravedad del cuadro y por tanto su tratamiento. La piel es la más frecuentemente dañada, lo cual compromete su función como barrera a las lesionesy las infecciones, así como órgano regulador de la temperatura corporal. Ante un paciente quemado se deben evaluar una serie de factores que determinarán la gravedad del cuadro y por tanto su tratamiento.

 Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentos

La quemadura supone la destrucción de las células de la zona afectada. La pérdida de queratina y lípidos, que actúan como barrera frente a la evaporación, favorece la pérdida de agua y con ello la pérdida de calor corporal. Por otra parte, al perderse la integridad de la piel, se facilita la posibilidad de infecciones.

La acción directa del calor favorece la liberación en los vasos de sustancias vasoactivas (histamina, prostaglandinas), que incrementan la permeabilidad vascular, dando lugar a calor local, rubefacción y edema. Esta situación puede provocar el desprendimiento de la epidermis y la formación de ampollas. El tejido muerto se desprenderá y será sustituido por tejido nuevo.

Cuando se trata de quemaduras muy superficiales, los elementos residuales de la dermis regeneran la piel rápidamente, no quedando secuelas ni cicatrices permanentes.

En los casos más graves, se produce el cese del flujo sanguíneo en el área quemada, debido a la formación de coágulos que bloquean los capilares. En este caso, puede suponer la pérdida de los mecanismos de defensa de la zona, por incapacidad para acceder los glóbulos blancos y los antibióticos administrados por una vía sistémica. También se dificulta significativamente la restauración de los tejidos dañados.

Importancia por grados

Primer grado: a fectación exclusiva de la epidermis. Hay eritema (enrojecimiento) y dolor, aunque no se llegan a formar ampollas. Curan completamente, sin dejar cicatrices, en tres o cuatro días.

Segundo grado: a demás de la epidermis, afectan a una parte de la dermis. Se presentan con eritema, ampollas, exudado, acompañados de dolor intenso. Según la profundidad de la lesión, la curación tarda en producirse hasta tres semanas, en unos casos sin dejar cicatrices pero en otros pueden dejar una cicatriz permanente.

Tercer grado: hay una afectación de todas las capas de la piel. Las lesiones presentan un aspecto coriáceo, de color blanquecino. No hay ampollas y, en muchos casos, ni siquiera hay dolor, como consecuencia de la destrucción de las terminaciones nerviosas de la piel en la zona. Frecuentemente se requieren varios meses para su curación.

Cuarto grado: afectan a todas las capas de la piel y además a una parte de los tejidos subcutáneos. Tienen un aspecto blanquecino y seco, y generalmente no son dolorosas. Tardan varios meses en curar y suelen requerir injertos de piel.

Los objetivos básicos del tratamiento de las quemaduras son los siguientes:

  • Reducir el dolor.
  • Proteger el área afectada del aire.
  • Prevenir la deshidratación de la piel.
  • Su ministrar un entorno adecuado para la regeneración de la piel.
  • Prevenir la infección.
  • En principio las quemaduras leves no requieren administración de antibacterianos, ya sea tópica o sistémicamente.

Si se trata de quemaduras superficiales de segundo grado, se debe lavar con agua y jabón suave la zona afectada. Limpiar con un antiséptico y aplicar un apósito estéril. El dolor puede tratarse analgésicos convencionales.

En términos generales, los únicos casos susceptibles de tratamiento en la oficina de farmacia serán los más leves, las quemaduras de primer grado o las de segundo grado superficial, en adultos sanos y siempre que no presenten un área extensa o se localicen en áreas críticas.

No lo olvides: pregunta siempre a tu farmacéutico. Él te informará sobre éstas y otras cuestiones relacionadas. Y recuerda que la intervención farmacéutica supone una elevada garantía en el proceso global de adecuación, efectividad y seguridad de los tratamientos con medicamentos.