Las varices, venas agrandadas visibles a través de la piel de las piernas, la padecen aproximadamente una de cada diez personas y de forma dos veces más frecuente las mujeres, fundamentalmente a causa de los embarazos.
Su aparición a veces se encuentra acompañada de una coloración pardo-grisácea en los tobillos y pantorrillas, así como úlceras en la piel de los tobillos.
La causa es una malfunción de las válvulas de las venas de las piernas. En situación normal estas válvulas ayudan a que la sangre de retorno vuelva al corazón, pero por distintas razones como la obesidad, el embarazo, la tromboflebitis, o cierta predisposición congénita, estas válvulas pueden debilitarse y ensancharse. Esto hace que la sangre se estanque en las venas, sobre todo de las piernas, volviéndose gordas y tortuosas.
Con el tiempo las varices tienden a agrandarse, pudiendo llegar a causar edemas en las piernas y úlceras varicosas, precedidas a veces de una pigmentación parda de la piel.




