Cuidados after sun ¡lleva la calma a tu piel!

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El dolce far niente del verano lleva implícito un peaje que nuestro look debe pagar en forma de piel seca, cabello estropeado, piernas hinchadas y algún kilo de más. Por suerte, hay antídotos efectivos para paliar estos souvenirs estéticos de las vacaciones y emprender la “operación retorno” en perfectas condiciones.

Nadie lo duda: el bronceado resulta muy favorecedor y la mayoría nos vemos más atractivos, delgados y jóvenes cuando lucimos “piel morena”. Pero basta acercarse un poco más al espejo para ver que no es “guapura” todo lo que reluce: manchas, arrugas más marcadas y sequedad, entre otros, constituyen la “cara B” del look bronce a la que hay que poner remedio cuanto antes. Tal y como explica la doctora Natalia Ribé, especialista en Medicina Cosmética y Envejecimiento y directora Médica del Institut Dra. Natalia Ribé, de Barcelona, “Tras el periodo vacacional y después de la sobreexposición al sol, nuestra piel no luce luminosa e hidratada como desearíamos y, en muchos casos, se muestra envejecida, agrietada, con menor turgencia y con manchas. Por eso, resulta imprescindible renovarla no solo para mejorar su aspecto sino también para prepararla frente a los meses del frío”.

La piel “a talleres”

Y no hay que esperar a septiembre para activar este plan renove, sino que se debe poner en marcha todos los días, a la vuelta de la playa o piscina, empezando siempre con una limpieza profunda en el rostro y el cabello y una ducha refrescante y vivificante (si es con agua fría, mejor que mejor). De esta forma, se prepara a la piel y al cabello para los tratamientos post sol, imprescindibles en este momento.

Hidratación: en todas las formas y versiones

Frente al sol y al calor, lo primero que nos pide el organismo es agua, mucha agua, así que además de hidratarlo por dentro (mínimo, beber dos litros de agua al día) hay que redoblar los esfuerzos para reponer los niveles hídricos de la piel, que disminuyen en esta época debido al sudor y a la “evaporación” del agua que tiene la epidermis de forma natural. Los productos after sun son los mejores aliados, ya que además de hidratar, calman la piel quemada, la reparan, aportan frescor y ayudan a mantener el bronceado durante más tiempo. Lo ideal es utilizarlos como gesto básico y complementar después su acción con productos hidratantes ricos en ingredientes que ofrezcan un plus de regeneración cutánea.

El poder “multiefecto” de los aceites

Los expertos de la firma Germinal explican por qué la piel necesita en estos momentos que, además de la hidratación, apliquemos sobre ella aceites o serums reparadores y regeneradores: por un lado, le proporcionan lípidos (que dan a la piel un aspecto terso, suave y luminoso) pero con un acabado seco (se absorben rápidamente, dejando la piel hidratada pero no untosa). Además, algunos de estos aceites, como el de arroz, el de uva o el de grosella negra, tienen un alto poder antioxidante, neutralizando los radiales libres, responsables del envejecimiento cutáneo. También incorporan activos calmantes, que proporcionan sensación de suavidad y confort (muy de agradecer cuando la piel “arde”) y alivian especialmente a las pieles más sensibles. Y, finalmente, aseguran una buena dosis de ácidos grasos esenciales, nutrientes necesarios para mantener la estructura de la epidermis bien hidratada y con la máxima vitalidad.

La clave para conseguir que los aceites funcionen al 100% es aplicarlos en muy poca cantidad (con unas gotas basta, dosificándolas en la palma de la mano y después extendiéndolos por la zona a tratar) y utilizarlos siempre sobre la piel perfectamente limpia.

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